TEXTOS PREPARATORIOS DEL ENCUENTRO INTERNACIONALISTA LATINOAMERICANO (marzo 2009)

TEXTOS PREPARATORIOS DEL ENCUENTRO INTERNACIONALISTA LATINOAMERICANO (marzo 2009)

Índice

TEXTOS PREPARATORIOS DEL ENCUENTRO INTERNACIONALISTA LATINOAMERICANO (marzo 2009) 1

Índice 1

Introducción 1

Situación internacional de la lucha de clases 2

¿CUAL ES LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA LUCHA DE CLASES INTERNACIONAL? Corriente Comunista Internacional 2

Ver en Revista Internacional nº 134 Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria (2a parte) - Fin de la contrarrevolución, reanudación histórica del proletariado. http://es.internationalism.org/rint134-mayo 7

O QUE FAZER? Oposiçao Operaria - Brasil 8

SITUACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES Grupo ANARRES - Brasil 16

Catástrofe capitalista y luchas proletarias grupo ANARRES - Brasil 18

Crisis y decadencia del capitalismo 28

DECADENCIA DEL CAPITALISMO Corriente Comunista Internacional 28

O SISTEMA DO CAPITAL EM CRISE Oposiçao Operaria Brasil 31

SITUACIÓN ACTUAL DEL CAPITALISMO grupo ANARRES Brasil 33

EL DISCURSO CINICO, CARACTERISTICA DE LA DECADENCIA Contribución personal de un compañero del Núcleo de Discusión Internacionalista de Ecuador 36

¿TEORÍA DE LA DECADENCIA O DECADENCIA DE LA TEORÍA? Grupo ANARRES Brasil 39

LA CATÁSTROFE CAPITALISTA ALCANZA NUEVAS CUMBRES grupo ANARRES Brasil 62

La destrucción medioambiental 84

EL CAPITALISMO LLEVA A LA HUMANIDAD HACIA UN DESASTRE AMBIENTAL Corriente Comunista Internacional 84

 

Introducción

Presentamos a continuación el conjunto de textos preparatorios del Encuentro Internacionalista Latinoamericano celebrado el pasado marzo de 2009. En él encontramos documentos de organizaciones y colectivos de Brasil, Ecuador y de la CCI que es una organización internacional con presencia en una serie de países de lengua española y portuguesa (los dos idiomas del Encuentro).

Los textos se refieren a los 3 sujetos que los organizadores propusieron abordar en el Encuentro:

  • Situación internacional de la lucha de clases

  • Crisis y decadencia del capitalismo

  • La destrucción medioambiental1

Los textos que se presentan tienen dos ángulos:

  • por una parte reflexiones y análisis más generales e históricos sobre los sujetos tratados

  • por otro lado evaluaciones y perspectivas sobre la situación actual

Estas contribuciones no son necesariamente homogéneas lo cual tampoco se pretendía en el Encuentro. Presentan diferentes enfoques de los problemas, análisis o respuestas. Sin embargo, forman parte del proceso actual de clarificación dentro del campo político proletario cuyos principios más básicos se recogen en la Toma de Posición Común que hizo el Encuentro2.

No es objeto de esta introducción hacer una apreciación de las múltiples cuestiones planteadas en los textos preparatorios. En primer lugar, porque el propio Encuentro hizo una primera aproximación a esas cuestiones y los resultados de sus debates serán recogidos en textos de apreciación general de los puntos de acuerdo y desacuerdo que el propio Encuentro encargó. En segundo lugar, porque las contribuciones posteriores de balance o comentarios realizadas por los participantes (y que publicaremos ulteriormente) recogen ya algunas apreciaciones.

En todo caso la publicación de los textos preparatorios podrá servir de elemento de reflexión para los compañeros tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo que han mostrado un notable interés por los trabajos del Encuentro.

Situación internacional de la lucha de clases

¿CUAL ES LA SITUACIÓN ACTUAL DE LA LUCHA DE CLASES INTERNACIONAL? Corriente Comunista Internacional

Durante los años 90 el proletariado mundial atravesó un largo periodo de dificultades. Aprovechando la caída de la URSS y sus regímenes aliados que se presentaban como “comunistas” y “patrias del proletariado”, la burguesía mundial –incluidos muchos antiguos estalinistas reconvertidos en “social liberales”- lanzó una enorme campaña anti-comunista. Según sus prédicas había fracasado el “comunismo” y había triunfado para siempre jamás el capitalismo, la lucha de clases se había convertido en cosa de museo, el marxismo había fracasado y la misma clase obrera habría desaparecido pues ahora solo habrían “clases medias”. En su triunfalismo, algún ideólogo burgués de cortas miras llegó a proclamar el “fin de la historia”.

Desde 2003 esa situación ha empezado a cambiar. Las luchas obreras en Francia y en Austria sobre el problema de las pensiones donde se ven juntos obreros de diferentes generaciones, viejos y jóvenes, a punto de jubilarse o en plena vida laboral, marca el comienzo de una lenta y difícil recuperación de la lucha y la conciencia de las masas proletarias.

En 2006, la lucha de los estudiantes en Francia contra el CPE3 fue una confirmación con creces de estas tendencias ; a pesar de que, fuera de la difusión que le han dado los grupos y los elementos revolucionarios, la burguesía ha tratado de aislar y desvirtuar su repercusión, presentándola al fin y al cabo como una cosa de « estudiantes franceses ». Sin embargo la lucha expresaba un cuestionamiento de la perspectiva que el capitalismo ofrece a las nuevas generaciones obreras, y sobre todo, en el curso de su desarrollo, organizó y defendió un debate en asambleas soberanas, abiertas a otros sectores y generaciones de la clase obrera, como los profesores y otro personal de las facultades (bedeles, limpieza, etc), y buscó la extensión al conjunto de la clase obrera, a través de manifestaciones y de la difusión de hojas…, adoptando en fin, el método de las luchas obreras de masas. Este mismo año, la lucha de las pequeñas empresas del metal de la ciudad de Vigo en España, tomaba medidas similares, organizando asambleas abiertas a la intervención de obreros de otros sectores. Más aún si cabe que la lucha en Francia, esta huelga pasó prácticamente desapercibida fuera de España4.

Una panorámica de las luchas obreras en 2007-2008

Un repaso de las luchas significativas los dos últimos años muestra que, a pesar de las tentativas de la burguesía por ocultar y falsear el contenido de las diferentes expresiones de lucha obrera, éstas tienden a continuar la senda marcada por las luchas de 2006.

a) Luchas obreras en las metrópolis capitalistas

Gran Bretaña

En Correos, en Liverpool y en el sector sur de Londres especialmente, los empleados iniciaron espontáneamente, por vez primera desde hace más de diez años, una serie de huelgas contra la baja de los salarios reales y las nuevas amenazas de reducción de plantilla, y, a la vez, el sindicato de obreros de la comunicación (CWU) aislaba a los obreros, mediante unos piquetes de huelga que los encerraba, en realidad, en cada sector.

Francia

La huelga de ferroviarios y chóferes de transporte público, en octubre-noviembre, ha revelado las nuevas potencialidades para el porvenir, un año y medio después de la lucha de la primavera de 2006 que obligó al gobierno a retirar el CPE. Los ferroviarios no se quedaron agarrados a su "régimen especial de jubilación", exigiendo el retorno a los 37,5 años de cuotas para todos. Entre los jóvenes obreros de la Compañía nacional de ferrocarriles (SNCF), en especial, se fue consolidando la voluntad de extensión de la lucha en ruptura con el peso del corporativismo de los ferroviarios y de los "rodantes" que había predominado en las huelgas de 1986/87 y de 1995, mostrando así un elevado sentimiento de solidaridad.

El movimiento estudiantil, por su parte, contra la Ley de Reforma de las Universidades (o ley Pécresse), cuyo objetivo es crear universidades de élite de la burguesía, echando a la mayoría de los estudiantes hacia "facultades basurero" y el trabajo precario, ha seguido situándose en continuidad con el movimiento antiCPE de la primavera de 2006. Su plataforma reivindicativa mencionaba no sólo la retirada de la Ley Pécresse sino de todos los ataques del gobierno. Se tejieron lazos de solidaridad entre estudiantes y ferroviarios, que se plasmaron en que hubo encuentros mutuos en asambleas y acciones comunes o comidas compartidas.

Por todas partes las luchas topan y se enfrentan a la labor de sabotaje y de división de los sindicatos, los cuales, obligados a ponerse en la primera fila de los ataques antiobreros, dejan cada día más al descubierto su papel y su verdadera función al servicio del Estado burgués. En la lucha de los ferroviarios y conductores de Francia en octubre-noviembre de 2007, las componendas entre sindicato y gobierno para hacer tragar los ataques ha sido algo patente5

Italia

El 23 de noviembre, los sindicatos de base (Confederación unitaria de base-CUB, Cobas, y otros "sindicatos de lucha" intercategorías) lanzaron una jornada de huelga general seguida por 2 millones de asalariados contra el acuerdo firmado el 23 de julio último entre el gobierno de centro izquierda y las 3 grandes centrales sindicales (CGIL/CISL/UIL) que legaliza la creciente precariedad del trabajo, la reducción drástica de las pensiones y de la protección social en gastos de salud. 25 manifestaciones organizadas en todo el país ese día reunieron a 400 000 personas, en Roma y Milán sobre todo. Todos los sectores estuvieron afectados, especialmente los transportes (ferrocarriles, aeropuertos bloqueados), la metalurgia (90 % de huelguistas de Fiat en Pomigliano), y los hospitales. La huelga fue especialmente seguida por jóvenes con empleos precarios (son más de 6 millones) y por no sindicados. La cólera debida a la baja del poder adquisitivo fue también un factor importante en la amplitud de la movilización.

Grecia

La huelga general del 12 de diciembre de 2007, contra un proyecto de reforma de los "planes especiales" de pensiones (la edad de jubilación ya se ha pospuesto a los 65 años para los hombres y 60 para las mujeres en el plan general) que conciernen a 700 000 trabajadores (32 % de la población activa) reunió a empleados del sector privado y de los funcionarios: banca, tribunales, administraciones, correos, electricidad, teléfono, hospitales así como transportes públicos (metros, tranvías, puertos, aeropuertos). Hubo más de 100 000 manifestantes en Atenas, Salónica y otras grandes ciudades del país.

Finlandia

En este país, donde la burguesía ha llevado muy lejos el desmantelamiento de la protección social, más de 70 000 asalariados de la salud (la mayoría enfermeras) se pusieron en huelga en octubre reclamando subidas de sueldos (que varían entre 400 y 600 euros mensuales) de al menos 24 %, pues el bajo nivel de salarios obliga a muchos trabajadores a irse a Suecia. Doce mil ochocientas enfermeras amenazaron con dimitir colectivamente si las negociaciones entre el gobierno, que no propone más que una revalorización del 12 % en dos años y medio, y el sindicato Tehy no concluyen. Hay servicios hospitalarios enteros amenazados de cierre.

Estados Unidos

El sindicato UAW saboteó la huelga de General Motors en septiembre, después la de Chrysler en octubre, negociando con la dirección de esas empresas la transferencia de la gestión de la "protección medico-social" al sindicato a cambio del "mantenimiento" de los empleos en la empresa y de la congelación salarial durante 4 años. Ha sido una estafa total, pues el mantenimiento de la cantidad de empleos prevé la sustitución por eventuales sometidos a contratos más precarios, con salarios más bajos y obligados, además, a afiliarse al sindicato. Y así, la acción sindical ha permitido un resultado inverso al obtenido por la lucha ejemplar de los obreros de los transportes de Nueva York que, en diciembre de 2005, habían rechazado que se instaurara, para sus hijos y las generaciones futuras, un sistema diferente de contrato y de salarios.

Alemania

De todas estas luchas en el corazón del capitalismo, las más significativas sin duda son las del proletariado alemán. Por el peso específico de sus concentraciones industriales, por el papel histórico que juega el proletariado alemán, el desarrollo y la maduración de su lucha es un termómetro de la profundidad de las tendencias en el seno del proletariado mundial. El proletariado alemán, a pesar de que desarrolló luchas durante los años 70, tuvo entonces un papel muy secundario. Desde 2004 sin embargo sus luchas son muy significativas especialmente por el desarrollo de la solidaridad de clase. Ya en 2004, los obreros de la factoría Daimler-Benz de Bremen se pusieron espontáneamente en huelga, en solidaridad con los obreros de Stuttgart de la misma empresa amenazados por los despidos, rechazando así el chantaje de la dirección consistente en hacer competir entre sí a diferentes lugares de producción. Y a su vez, unos meses más tarde, otros obreros del automóvil, ya entonces precisamente los de Opel de Bochum, lanzaron una huelga espontánea ante una presión semejante de la dirección.

El 15 de enero de 2008, el constructor finlandés de teléfonos móviles Nokia anunció el cierre, a finales de 2008, de su factoría de Bochum que emplea a 2300 obreros. Esto implicará, debido a las repercusiones en las empresas subcontratadas, la pérdida de 4000 empleos en esa ciudad. Al día siguiente, 16 de enero, los obreros se negaron a acudir a sus puestos de trabajo y hubo obreros de la factoría vecina de Opel, otros de Mercedes, siderúrgicos de la empresa Hoechst de Dortmund, metalúrgicos de Herne, mineros de la región que afluyeron a las puertas de la fábrica Nokia para dar su pleno apoyo solidario a sus compañeros.

Pero a la lucha contra los despidos y las reducciones de plantilla se le van añadiendo otras reivindicaciones por subidas de salario y contra la pérdida de poder adquisitivo, además ahora que toda la clase obrera del país está cada vez más expuesta a los ataques incesantes de la burguesía (edad de jubilación pospuesta a los 67 años, planes de despidos, recortes en todas las prestaciones sociales de la Agenda 2010...). En 2007, Alemania tuvo, además, la mayor cantidad de jornadas de huelga acumuladas (el 70 % por las huelgas de primavera contra la "externalización" de 50 000 empleos en las telecomunicaciones) desde 1993, al poco de la reunificación de Alemania.

b) Luchas obreras en los países del antiguo bloque soviético

Este desarrollo internacional de las luchas no ha esquivado tampoco a los países del ex-bloque soviético :

Bulgaria

Tras una huelga simbólica el día de la vuelta a clase, los profesores se pusieron en huelga ilimitada, a finales de septiembre, exigiendo aumentos de sueldo: 100 % para los profesores de la secundaria (cobran una media de 174 euros por mes...) y un aumento del 5 % del presupuesto de la educación nacional. La promesa del gobierno de revisar los salarios en 2008 puso un fin provisional a la huelga.

Hungría

Tras una huelga en protesta contra el cierre de líneas ferroviarias declaradas no rentables y contra la reforma de las jubilaciones y del sistema de salud impuesta por el gobierno, los ferroviarios lograron arrastrar tras ellos, el 17 de diciembre, a 32 000 asalariados descontentos de diferentes sectores (profesores, personal sanitario, chóferes de autobús, empleados del aeropuerto de Budapest...). Pero en esta movilización interprofesional, los sindicatos ahogaron la lucha de los ferroviarios en cuanto el Parlamento acabó de votar la reforma, llamándolos a la vuelta al trabajo para el día siguiente.

Rusia

Plantando cara a la represión (toda huelga de más de 24 horas es ilegal), a pesar de la condena sistemática de los huelguistas por los tribunales, del recurso sistemático a la violencia policíaca y el uso de bandas de matones contra los obreros combativos, por primera vez en diez años, una oleada de huelgas inundó el país en la última primavera, desde Siberia oriental hasta el Cáucaso. La huelga afectó a muchos sectores: obras de la construcción en Chechenia, una fábrica del sector maderero en Nóvgorod, un hospital en la región de Chitá, el servicio de mantenimiento de las viviendas en Saratov, restaurantes "fast-food" en Irkutsk, la fábrica de la General Motors en Togliattigrad y una importante fábrica metalúrgica en Carelia. Y el movimiento culminó en noviembre con la huelga de tres días de los de los estibadores de Tuapse en el mar Negro, después los de 3 empresas del puerto de San Petersburgo del 13 al 17, mientras los empleados de correos cesaban el trabajo el 26 de octubre, así como los del sector de la energía. Los maquinistas de ferrocarriles amenazaron con entrar en huelga por primera vez desde 1988. Pero fue la huelga de los obreros de la factoría Ford de Vsevoloshsk, en la región de San Peters­burgo, a partir del 20 noviembre lo que contribuyó a romper el silencio total sobre esta oleada de huelgas, provocada sobre todo por la subida imparable de la inflación y el alza entre 50 y 70% de los productos alimenticios de base. Ante esa situación, la Federación de Sindicatos independientes de Rusia, abiertamente sometida al gobierno y hostil a todo tipo de huelga, resulta incapaz de encuadrar las luchas obreras. En cambio, con la ayuda de la burguesía occidental, las direcciones de las grandes multinacionales procuran explotar al máximo las ilusiones sobre un sindicalismo "libre" y "de lucha" favoreciendo la emergencia y el desarrollo de nuevas estructuras sindicales como el Sindicato interregional de los Trabajadores del automóvil, fundado a instigación del Comité sindical de Ford y que agrupa a sindicatos independientes de varias grandes empresas como AvtoVAZ-General Motors en Togliattigrad y Renault-Autoframos en Moscú. Han sido esos nuevos "sindicatos independientes" los que, encerrando y aislando totalmente a los obreros en "su" fábrica, limitando las expresiones de solidaridad de otros sectores al envío de mensajes de simpatía y apoyo financiero, precipitaron a los obreros en la más amarga derrota. Al cabo de un mes de huelga, agotados, tuvieron que reanudar el trabajo sin haber obtenido nada, doblegándose a las condiciones de la dirección: una vaga promesa de negociación tras el cese de la huelga.

c) Luchas obreras en la llamada “periferia”:

Sin embargo, donde esta oleada de luchas cobra una dimensión verdaderamente internacional es en la incorporación del proletariado de los países de la « periferia » del capitalismo, en muchos lugares colocándose a la vanguardia en cuanto a la búsqueda de la solidaridad y la unidad de las luchas. Es cierto que en muchos de estos lugares, el proletariado no acumula una gran experiencia histórica de lucha, y en parte por eso, la burguesía no se ha visto obligada a desplegar un sofisticado aparato sindical de sabotaje de las luchas como en la mayor parte de los países occidentales. Esto facilita sin duda la explosividad de las luchas y su espontaneidad ; pero precisamente esas características son un elemento que anima y da coraje a la lucha de los obreros de otros países, que a su vez tiene mucho que aportar en el terreno de la desconfianza y el enfrentamiento con el aparato sindical y « de izquierdas » de la burguesía.

Por otra parte, estas luchas contrarrestan el peso ideológico del « islamismo » y del « socialismo del siglo XXI » en sus diferentes versiones, que nos quieren vender como lo determinante en estas sociedades.

Egipto

Una vez más, en medio de una fuerte oleada de huelgas, los 27 000 obreras y obreros de una fábrica de Al Mahallah, a unos 100 kilómetros de El Cairo, que ya había sido el corazón de la oleada de luchas de diciembre de 2006 y de la primavera de 2007, volvieron al combate a partir del 23 septiembre. Las promesas del gobierno de entregar a cada uno lo equivalente de 150 días de salario, que puso fin a la huelga, no se cumplieron. Un huelguista, detenido durante algún tiempo por la policía, declaraba: "Nos prometieron 150 días de prima, lo único que queremos es que se respeten nuestros derechos; estamos decididos a ir hasta el final". Los obreros de la empresa redactaron entonces una lista de reivindicaciones: 150 libras egipcias de prima (menos de 20 euros, cuando los salarios mensuales varían entre 200 y 250 libras); desconfianza hacia el comité sindical y el director de la empresa; inclusión de las primas en el sueldo base, o sea, un ingreso no vinculado a la producción; aumento de los subsidios para alimentos; subsidio suplementario de alojamiento; salario mínimo ajustado al alza de precios; medios de transporte para los obreros que viven lejos de la factoría; mejora de los servicios médicos.

Los obreros de otras fábricas textiles, los de Kafr al Dawar, por ejemplo, que ya en diciembre de 2006 habían declarado: "Estamos en el mismo barco que vosotros y nos embarcamos para el mismo viaje", volvieron a manifestar su solidaridad desde finales de septiembre, entrando ellos también en huelga. En otros sectores, como el de los harineros de El Cairo, los obreros decidieron hacer una sentada, transmitiendo un mensaje de solidaridad en apoyo a las reivindicaciones de los obreros textiles. En otros lugares, como en las fábricas de Tanta Linseed and Oil, los obreros siguieron el ejemplo de Al Mahallah exponiendo públicamente unas serie de reivindicaciones similares. Esas luchas han expresado un rechazo firme a los sindicatos oficiales, considerados como fieles perros guardianes del gobierno y la patronal: "El representante del sindicato oficial, controlado por el Estado, que fue a pedir a los obreros que cesaran la huelga, acabó en el hospital, apedreado por los obreros soliviantados. ‘El sindicato está a las órdenes del poder, queremos elegir a nuestros verdaderos representantes' explican los obreros" (citado por el diario francés Libération, 1/10/07).

El gobierno se ha visto obligado a proponer a los obreros el pago de 120 días de primas y a prometer sanciones contra la dirección. Pero los proletarios mostraron que ya no se fiaban de promesas y, cobrando poco a poco confianza en su fuerza colectiva, manifestaron una determinación intacta para luchar hasta que sus reivindicaciones fueran realmente satisfechas.

Dubai

Con mayor fuerza que en la primavera de 2006, en octubre de 2007, 4000 obreros, casi todos inmigrados de origen indio, pakistaní, bengalí o chino, trabajadores en la construcción de rascacielos gigantescos y de palacios superlujosos, tratados peor que el ganado, con sueldos de unos cien euros por mes, viviendo amontonados en chabolas, se lanzaron a la calle para expresar su revuelta contra unas condiciones de sobreexplotación inhumanas, desafiando la "legalidad", la represión, la pérdida del sueldo, del empleo y la expulsión vitalicia. Cuatrocientos mil obreros de la construcción se lanzaron durante dos días a la movilización.

Argelia

Para hacer frente al descontento creciente, los sindicatos autónomos de la función pública han convocado una huelga nacional de funcionarios, especialmente de los profesores, para el 12 y 15 enero de 2008, contra el desgaste del poder adquisitivo y el nuevo estatuto en la enseñanza que cuestiona la escala de salarios. Pero esa huelga también ha implicado y movilizado a los demás funcionarios y del sector de la salud. La ciudad de Tizi Uzu quedó totalmente paralizada y la huelga del personal docente ha sido muy seguida en Orán, Constantina, Annaba, Bechar, Adrar y Saida.

Venezuela

Los obreros petroleros, tras haberse opuesto a finales de mayo de 2007 a los despidos de una empresa estatal, se volvieron a movilizar en septiembre para exigir alzas salariales cuando se renovaron los convenios colectivos del sector. En diciembre 2007 hubo una huelga de los trabajadores de la siderurgia duramente reprimidos por la policía del señor Chávez6.

Perú

En abril, una huelga ilimitada, surgida de una empresa china, se propagó después por todo el país en las minas de carbón, por primera vez desde hace 20 años. En Chimbote, la empresa SiderPerú quedó totalmente paralizada, a pesar de las maniobras de sabotaje de la huelga y de los intentos de aislamiento por parte de los sindicatos. Las mujeres de los mineros se manifestaron con ellos, así como una gran parte de la población de la ciudad, incluidos campesinos y desempleados. Cerca de Lima, los mineros de Casapalca secuestraron a los ingenieros de la mina que los amenazaban con despedirlos si abandonaban su puesto de trabajo. Estudiantes de Lima y parte de la población acudieron a aportar alimentos y apoyo a los huelguistas. En junio, se movilizó una gran parte de los 325 000 docentes ampliamente movilizados con, también, el apoyo de una buena parte de la población, a pesar de un reparto de trabajo, también aquí, entre los sindicatos para que la lucha se apagara. El gobierno reaccionó cada vez con detenciones, amenazas de despidos, poniendo "precarios" para sustituir a los mineros huelguistas, organizando amplias campañas mediáticas de denigración contra los profesores7.

Turquía

Veintiséis mil obreros de Türk Telekom se lanzaron a una huelga masiva de 44 días a finales del año pasado contra la pérdida de garantía de salario y empleo, tras la privatización y la transferencia de 10 000 de entre ellos a empresas subcontratadas. Ha sido la huelga más importante de la historia turca después de la huelga de los mineros de 1991. En plena campaña de movilización bélica antikurda, algunos "agitadores" fueron detenidos y acusados de sabotaje, y hasta de alta traición al interés nacional, amenazados con despidos y sanciones. Acabaron siendo readmitidos, negociándose aumentos de sueldo de 10 %. 8

Se trata de un resumen. Hay muchas más luchas. Para movimientos obreros recientes ver en República Dominicana en CCI ON LINE http://es.internationalism.org/node/2329 , en Argentina http://es.internationalism.org/node/2330

Las luchas actuales y las luchas de 1968

Las luchas obreras no pueden ser vistas cada una por separado. No se pueden ver país por país o empresa por empresa como pretenden los sindicatos. Pero tampoco pueden verse como si empezaran con una determinada generación sin tener en cuenta las luchas de anteriores generaciones. La lucha obrera participa de una continuidad histórica y mundial . La única manera seria y fructífera de comprender una lucha obrera, sacar balance de su experiencia y trazar perspectivas, es concebirla como un eslabón de una larga cadena de luchas a escala internacional e histórica.

Aunque sería un tema de debate que podríamos abordar más adelante, no podemos aquí comparar las luchas de las generaciones actuales con las de las generaciones que protagonizaron la oleada revolucionaria mundial de 1917-23 con los obreros rusos a la cabeza. Nos vamos a limitar a ver las luchas actuales en relación a las de 1968. 1968 marcó el resurgimiento histórico del proletariado tras la larga noche de la contra-revolución que lo arrolló en los años 20.

Las luchas de 1968-76 fueron muy masivas. En el Mayo 68 francés participaron 9 millones de obreros9. En cambio, vemos que hasta la fecha no se ha producido un movimiento de la misma repercusión. Por regla general las luchas no van más allá de una empresa, un sector o una ciudad y aunque suscitan expresiones de solidaridad no han tenido todavía la fuerza necesaria como para ocupar todo el escenario social y convertirse en una referencia para grandes masas de población.

¿Quiere eso decir que el estado actual de las luchas obreras es muy inferior al que tuvieron en 1968? Vistas las cosas a nivel inmediato, sacando una fotografía de lo que son ahora las luchas y lo que fueron entonces, la respuesta sería que estamos muy por debajo, que estaríamos peor.

Sin embargo, el método del marxismo es ver la realidad en su evolución, en su dinámica, en su perspectiva. Hoy estamos todavía en los gérmenes, en los primeros pasos, del desarrollo de la lucha de clase a escala internacional. Las explosiones obreras de entonces fueron grandes y rápidas porque sorprendieron a la burguesía, acostumbrada a la docilidad y desorientación que caracterizó a la mayoría de la clase obrera mundial durante la contra-revolución. Hoy, en cambio, la burguesía está muy preparada y tiene dispuestos todos sus aparatos sindicales, políticos e ideológicos para responder y lograr acallar las chispas que saltan.

En 1968, el desempleo era muy bajo, la crisis económica estaba en sus inicios, los obreros tenían una relativa confianza en que sus reivindicaciones iban a ser obtenidas. Hoy en cambio, la crisis económica es muy virulenta, la espada de Damocles de los despidos pende sobre los trabajadores, la precariedad es tremenda. Hoy la lucha es más difícil, surge más por exasperación, por acumulación de motivos de hartazgo y descontento combinada con una fuerte preocupación por el futuro, qué será de nuestros hijos, qué porvenir vamos a tener.

Mientras en 1968 las luchas se situaban al principio del desarrollo de la crisis hoy tienen lugar tras 40 años de crisis. Mientras entonces había ilusiones sobre que las cosas se arreglarían hoy con el desempleo, la precariedad, la miseria en ascenso, las ilusiones se han perdido y prima una reflexión sobre el porvenir, una fuerte preocupación por el futuro. Hoy las condiciones son mayores que en 1968 para una radicalización y politización revolucionaria de las luchas obreras aunque en contrapartida su surgimiento y desarrollo es mucho más lento y penoso.

Y es que, si en los años 70 la revolución aparecía como una posibilidad, hoy es ante todo una necesidad, frente al futuro de barbarie y miseria que depara el capitalismo. "más de cuatro décadas de crisis abierta y de ataques a las condiciones de vida de la clase obrera, y sobre todo el aumento del desempleo y de la precariedad, han barrido las ilusiones de que "las cosas ya se arreglarán mañana". Tanto los trabajadores más veteranos como las nuevas generaciones obreras, son cada vez más conscientes de que ‘en el futuro las cosas solo pueden ir a peor' (...). (Resolución sobre la situación Internacional del 17º Congreso de la CCI, en la Revista Internacional nº 130)

Hoy, como entonces, asistimos a la incorporación a la lucha de una nueva generación, que no tiene ninguna experiencia de lucha, ni ha podido desarrollar aún una crítica política ; pero que precisamente por eso mismo, no ha sufrido el grueso de las campañas sobre el « fin del comunismo y de la lucha de clases » que tanto impactaron durante los años 90. La búsqueda de la confianza en sus propias fuerzas y de su identidad de clase como proletariado de esta nueva generación se expresa en las luchas actuales en la búsqueda de la solidaridad como una cuestión central, y se confronta a la modificación, no de la naturaleza ni de la « composición » de la clase obrera, pero sí de sus condiciones de existencia (reducción de muchas de las grandes concentraciones industriales del pasado, aumento del desempleo y del trabajo precario, etc.), lo que le obliga a ir al fondo de las cuestiones, particularmente respecto a la pregunta : ¿Qué es la clase obrera ? ¿Es la clase obrera el sujeto revolucionario ?

Además, el desarrollo de las luchas actuales presenta igualmente características diferentes a las de los años 70:

  • Un carácter mucho más internacional de las luchas, que afecta a los países del llamado “tercer Mundo” y a los del ex bloque de la URSS, conjuntamente con los países desarrollados, y que significa la entrada en lucha de nuevos batallones de la clase obrera, o de fracciones que no se habían manifestado desde los años 20 del siglo XX (como el proletariado en China); esto muestra que la clase obrera no está dispuesta en ningún lugar del mundo a aceptar los sacrificios impuestos por la crisis del capitalismo;

  • Una búsqueda de la solidaridad entre generaciones, que facilita la transmisión de experiencias:

El desarrollo de un medio internacionalista

La perspectiva de lucha contra el capitalismo que abrió Mayo 68 hizo surgir minorías que, en general, se orientaron hacia las posiciones de la Izquierda Comunista; sin embargo, a excepción del reagrupamiento que dio lugar a la CCI, una gran parte de los grupos de la Izquierda comunista (particularmente la Izquierda italiana) que habían sobrevivido a la contrarrevolución y que constituían las fuerzas más numerosas del medio revolucionario, nunca han reconocido la apertura de un curso al desarrollo de las luchas y la perspectiva revolucionaria que significó Mayo del 68. Esta es una de las razones por las que el Medio revolucionario tuvo una presencia limitada en el desarrollo de estas luchas y no llegó a ser una referencia reconocida10.

Actualmente hay una proliferación de grupos, núcleos, elementos revolucionarios, de una dimensión mucho más grande que en los años 70. En América del Sur vamos a trabajar juntos compañeros de Brasil, República Dominicana, Perú, Ecuador… Existe la posibilidad de sumarse compañeros de Argentina y Chile11. El Encuentro puede abrir una dinámica a la que puedan sumarse compañeros de otros países.

Pero esta animación no se limita a América del Sur, la vemos en Estados Unidos donde, por limitarse a la experiencia de la sección de la CCI allí, los contactos, los colectivos, que pretenden discutir, actuar, incluso integrarse en nuestra organización, son muy numerosos y procedentes de diferentes estados. Estas tendencias a la aparición de nuevos grupos la vemos en México y Canadá.

Las mismas tendencias las vemos en Asia (Turquía, Corea, Filipinas, Japón, Indonesia…), en África (África del Sur), Europa del Este (Rusia, Eslovaquia, Hungría, Ucrania, Moldavia), en Europa etc.

Podemos hablar de un medio internacionalista que tiene una dimensión planetaria. Pero este aspecto cuantitativo se liga con un elemento cualitativo: lo que caracteriza a este medio es la búsqueda de la claridad a través de un debate internacional e internacionalista.

Este medio está sin embargo en sus inicios, existen confusiones, heterogeneidad, dudas, pero al mismo tiempo hay una voluntad de clarificación teórica – programática desde la práctica de un debate internacionalista y que trata de realizarse a escala internacional.

La fuerza de este medio no está todavía en el número. En cada país hay pequeñas minorías, sin embargo, lo que le da cohesión, le anima a seguir y desarrollarse, son la búsqueda de la clarificación teórica a través del debate y la búsqueda de la unidad y la cohesión a escala internacional. Pero esas son precisamente la expresión de lo que son las dos principales armas del proletariado: la conciencia y la solidaridad internacional, el internacionalismo.

O QUE FAZER? Oposiçao Operaria - Brasil

Uma proposta de luta para um sistema em crise

I - Caráter e papel da forma Oposição Operária

Entre as diversas formas de luta hoje existentes situa-se a Oposição Operária. A forma oposição, que se opõe às formas controladas organizativa, política e ideologicamente pelo Estado e o capital, tem um outro papel. O caráter diferenciado da oposição operária está colocado já no fato de que a sua constituição social dá-se por adesão incondicionada e ela se propõe, com seus instrumentos (jornal, boletins, cursos, seminários, promoção de eventos culturais), a interagir com as demais formas autônomas de luta das massas populares. Trata-se, portanto, de uma forma autônoma, com corpo próprio, regras próprias, estilo próprio, autocomposição eletiva e autofinanciamento na qual prevalece o princípio operário universal da mobilidade dos cargos e a negação de todo e qualquer vício burocrático. O que acontece de novo na Oposição Operária é que cada luta específica é também uma luta geral e deve buscar a solidariedade do conjunto do povo oprimido.

Formas como esta são aceitas porque respondem às necessidades colocadas pela luta quando as demais formas tornaram-se vazias e nocivas. A OPOP é norteada por uma CARTA DE PRINCÍPIOS, na verdade um manifesto na sua essência, que contém o seu corpo de princípios de existência e de funcionamento.

II - A forma Oposição e a forma Conselho

São muitos os descontentes com os partidos, sindicatos e as centrais sindicais aí existentes, e o número deles se multiplica dia a dia. São muitos os trabalhadores que, desfiliados dos sindicatos, recorrem à luta direta. São grandes as parcelas da população que, desesperadas, encampam “lutas” e propostas espontaneamente. Todos esses trabalhadores devem ser atraídos para as novas formas de luta — a Oposição incluída —, formas estas que, integrando-se, no futuro, à forma conselho, devem semear, pela luta, os germes de um Estado verdadeiramente socialista. A forma OPOP se coloca, pois, junto às demais formas autônomas criadas pelos trabalhadores, à forma operária mais universal e fundamental, a forma-conselho (do tipo soviet). A forma-conselho é a base da luta contra o capital e é também a base do Estado socialista ou Estado-conselho. Por isso a forma-conselho deve ser a base do Pré-Estado.

Por que pré-Estado? O que é pré-Estado? O pré-Estado é algo que existiu e tende a existir, mesmo que apenas sob a forma de esboço, nos agudos momentos de tensão política. Ele foi e continua sendo criado pelas massas trabalhadoras em movimento. Constitui-se de um conjunto de órgãos de luta, com base na forma conselho, que, antes da tomada do poder pelos trabalhadores é ainda um instrumento de luta — portanto, também, escola para a classe futuramente comandante da sociedade —, mas que, após a tomada do poder, torna-se o arcabouço do próprio Estado Socialista, ou Estado dos Conselhos. O melhor exemplo disso foi o soviet. Antes de Outubro de 1917, o soviet era a principal forma de luta, entre muitas outras, do proletariado e do campesinato russo. Depois da Revolução de Outubro, o sistema de conselhos do tipo soviet deveria ter assumido a estrutura política e organizativa do Estado socialista na URSS.1 

O sistema de conselhos não existiu só na Rússia. Em maior ou em menor medida ele existiu ou foi esboçado em outras regiões e países — como em Turim, na Itália, além da Hungria, Alemanha, Espanha (durante a Guerra Civil), etc. — e, mais recentemente, em realidades atuais e próximas, como na última crise no Equador e Argentina, ainda que de forma sumamente empírica e com conotações de frente ampla. O segredo da reiteração da forma conselho pelas massas em ocasiões de aguda mobilização para a luta consiste em que segue sendo a mais universal e autônoma forma de exercício de democracia direta por parte dos trabalhadores. Com efeito, quando as massas despertam e recorrem à luta direta elas percebem, com maior transparência, que as formas tradicionais e institucionalizadas de organização não só não servem mais às exigências de suas aspirações como se colocam como travas à objetivação dessas aspirações — e aí, em estágios mais avançados de luta, elas procuram meios de organização e de luta direta que permitam um espaço autônomo no contraponto das formas que as mantêm presas às cadeias da opressão de classe.

III - Constituição do Pré-Estado12

O pré-Estado é formado, grosso modo, por um sistema de órgãos articuláveis entre si. De baixo para cima, o primeiro e mais simples desses órgãos é o círculo, forma simples na qual os trabalhadores se reúnem para os primeiros aprendizados teóricos, políticos e organizativos. Na antiga Rússia, esses círculos chegavam a reunir dezenas de trabalhadores. Em certos casos o círculo deve editar, para circulação em todo o seu local (de trabalho, estudo ou moradia) um boletim. Em geral, o raio de ação da propaganda de um órgão de imprensa é maior do que o raio de ação da intervenção física de um círculo mas, em qualquer caso, os dois raios de ação se fortalecem mutuamente. É possível a existência de círculos-mistos quando um círculo reúne pessoas de várias unidades e categorias (por exemplo, trabalhadores, professores, desempregados, vendedores ambulantes, estudantes, etc.).

De um conjunto de círculos de uma fábrica, uma empresa agrícola ou agropecuária, uma mina, uma empresa de transporte ou de produção de serviços, um bairro ou uma unidade escolar saem, por delegação, os militantes (decerto os mais experientes e habilitados) que irão formar o núcleo de uma comissão. Este núcleo, uma vez ampliado em cada manifestação pública, tornar-se-á a própria comissão — de fábrica, etc. A comissão — ou comitê — terá a seu encargo promover publicações (boletins, conclamas, etc.) e discussões mais amplas e mais profundas e definir medidas de intervenção de maior alcance, como uma greve numa unidade de produção ou de ensino, uma manifestação ou passeata no caso de um bairro, e assim por diante.

Das diversas comissões de fábrica, empresas, locais de moradia, de estudo, etc., deverão sair, também por delegação, militantes que irão formar conselhos — de zonas industriais, agrícolas ou agropecuários, urbanos ou rurais, universitários, etc. Neste nível, tanto o conteúdo das discussões como a envergadura da imprensa (jornais e boletins, etc.) das intervenções deve ser muito mais elevado. Nos conselhos a abordagem transborda das instâncias específicas para questões que dizem respeito ao Estado, à economia, à cultura, etc., a partir dos interesses de seus componentes sociais.

A partir daí serão constituídos, pelo mesmo método, conselhos por regiões do país e, finalmente, um conselho nacional. Todas as instâncias de linha inferior devem ampliar-se para crescerem suas forças e, ao mesmo tempo, estarem sempre aptas a manter a reposição das instâncias superiores. Pois bem, é a este conjunto todo, aqui apresentado na forma de uma sistematização das diversas formas históricas como os conselhos, os círculos, as comissões e os comitês que existiram e tendem a reproduzir-se, que chamamos de pré-Estado.

Assim definido, o pré-Estado contém formas de luta — e formas embrionárias do poder socialista — que podem e devem articular-se com as formas mais variadas de luta que já são ou que poderão vir a ser criadas pelos trabalhadores e o povo em geral. O que distingue a forma conselho é que ele possui, como peça central sua, a essência da essência, ou seja, o operariado e seus círculos, comissões e conselhos operários e de trabalhadores.

IV - A crise da forma sindicato e da forma central sindical

A forma-conselho ganha mais condições de existência na medida em que as tradicionais formas, sobretudo a forma-sindicato (e central sindical), perdem legitimidade — fato que já está acontecendo em muitas regiões e países.

Nem sempre a casta de dirigentes sindicais constituiu-se em burguesia sindical. Até algum tempo atrás, ela era apenas uma burocracia sindical. A mudança não é de caráter semântico, mas social, e é esta mudança, que é definitiva, que traz uma qualidade nova à referida casta. Como burocracia, ela estava apenas parcialmente comprometida com o Estado e a classe capitalista, ao passo que, como burguesia sindical, a casta de dirigentes passa a estar completamente comprometida com o Estado e a burguesia como um todo, porque agora a casta é, também, ela própria, burguesia, ou seja, parte da classe diretamente interessada na apropriação de parcela da mais-valia produzida pela classe dos trabalhadores, que vinha sendo “clientela” sua. A burguesia sindical não pode lutar contra as premissas de sua própria reprodução social como segmento de classe, portanto, como classe. É este, em definitivo, o traço novo que, tendo aparecido nestas duas últimas décadas, virou de vez os sindicatos, tornando-os instituições opostas aos interesses dos trabalhadores e favoráveis aos seus próprios interesses, interesses de burguesia e de toda a burguesia.

Como os dirigentes das centrais sindicais são também, por extensão, os mesmos dirigentes ou ex-dirigentes dos grandes sindicatos-empresas e, ainda mais, como também são, as centrais sindicais, mantidas pelos mesmos meios pelos quais são mantidos os sindicatos, segue que também os dirigentes das centrais sindicais constituem-se como componentes da mesma burguesia sindical. Isso apenas facilita o movimento de ida e vinda de um dirigente de sindicato ou de central para o Parlamento ou para o Executivo e, embora raramente, no sentido inverso. Trata-se de um trânsito normal entre instituições burguesas. E, quanto mais se desfiliam trabalhadores dos sindicatos e escasseiam os meios tradicionais de manutenção financeira de tais instituições da ordem burguesa, mais elas se tornam instituições que recorrem aos normais meios capitalistas de reprodução, de si, como instituições, e de sua casta, como burocracia ou burguesia sindical.

Resumindo: como empresas capitalistas, os grandes sindicatos, que constituem as bases das centrais sindicais e lideram os demais sindicatos do país — mesmo aqueles que ainda não se tornaram empresas (e que por isso mesmo passam por dificuldades crescentes, devido à desfiliação ) —, aplicavam e seguem aplicando capital nos ramos da indústria, da produção de serviços e no sistema financeiro. Isso quer dizer que apanham, na sociedade, uma parcela da mais-valia produzida pelos trabalhadores que dizem representar, e fazem esta coleta de forma direta e indireta. Diretamente, quando contratam força de trabalho para trabalhar nas suas empresas — gráficas, restaurantes, hotéis, clubes, etc.—ou quando se tornam acionistas de outras empresas. Indiretamente, quando recolhem esta mais-valia pela via das aplicações financeiras no mercado de capitais ou quando se encastelam nos fundos de pensão, de onde retiram seus proventos, e que constituem uma das molas mestras da acumulação financeira.

De modo que a luta dos trabalhadores contra a cúpula sindical é a mesma luta dos trabalhadores contra toda a burguesia, da mesma forma que a luta dos trabalhadores contra as formas e relações capitalistas de produção inclui mais esta forma capitalista, o sindicato enquanto instituição.

V - A crise sistêmica do capital

a) A crise geral

A crise de 1973-75 pôs por terra todos os fatores antes favoráveis à expansão mundializada do capital. O ouro que fazia luzir os dias do capital seria substituído por um metal pesado e sem luz, o chumbo, que trazia maus presságios. A partir desta crise, o mundo do capital experimentará um longo ciclo de tendência geral de queda em todos os seus indicadores econômicos e sociais: PIB mundial e de nações (da periferia e do centro), taxas de investimento e de lucro, níveis de utilização da capacidade produtiva instalada, produtividade, salários e rendas, emprego e assim por diante.

Como a crise se propaga por todo o sistema capitalista mundial, ela se fez sistêmica e universal. Por outro lado, a crise, incorporando como norma de organização da produção e do trabalho a reestruturação produtiva e seu braço político, o neoliberalismo, sucateou milhões de empregos, de economias, de regiões, de nações e até de um continente inteiro (a África) e fez com que o potencial produtivo construído permanecesse sem poder ser mobilizado para a produção: a superprodução, agora também potencializada por um brutal desemprego e por uma nunca vista concentração de renda, ultrapassou sua própria escala de mercado. Uma vez esgotadas as possibilidades de novos ciclos duradouros da acumulação produtiva, o capital voltou-se para a esfera da acumulação financeira.

Na esteira de uma acumulação produtiva nas mãos de um pequeno grupo de empresas imperialistas e de uma acumulação totalmente fictícia, esses segmentos do capital imperialista criaram novos produtos, quase todos “imateriais”, à venda: pensões, aposentadorias, seguros e outros mais; criaram ou mobilizaram inúmeras novas ou não tão novas instituições financeiras capazes de dar espaço ao giro frenético da modalidade de acumulação especulativa que vicejava; quebraram todas as normas e regras até então existentes e de controle dessa modalidade de capital depredador. No rastro da crise, passaram a especular com ações, cada vez mais valorizadas artificialmente, e com títulos, lançados com sofreguidão por bancos centrais de países que se endividavam às expensas da própria crise de superprodução, num vórtice de verdadeiro furacão que só fez e só faz crescer essas dívidas sem qualquer horizonte de resolução. Entupiram o mercado mundial com eurodólares, pouco mais tarde, também, com petrodólares, uns como meio de pagamento da dívida crescente da economia norte-americana, outros resultantes da alta dos preços do petróleo, dólares que, não podendo mais entrar no processo de produção e reprodução do capital industrial, foram maciçamente encaminhados para a brutal ciranda do capital fictício. Numa palavra, fizeram todos os demais segmentos de capitais se colocarem de joelhos diante de si e obrigaram ao mundo todo a girar em torno desta provável derradeira orgia do capital. E até criaram um nome para toda esta euforia esquizofrênica: globalização.

b) As duas ordens de desregulamentação

A partir daí, duas ordens de desregulamentação passaram a ser postas em prática: a produtiva e a financeira. A primeira, bancada pelo capital produtivo, com vistas a extrair, em grau máximo, a mais-valia, apoiada inclusive na extensão da jornada de trabalho e na intensificação do processo de trabalho. E isto se deu numa escala jamais ousada pelo próprio capital, contra todas as leis, normas e regras que, produtos das lutas dos trabalhadores, ainda tentavam garantir um mínimo de condições de existência e trabalho, como direito a férias, carteira assinada e outras mais. A isso os apologistas do grande capital chamam de flexibilização do trabalho, que, segundo dizem, tem o desiderato de facilitar investimentos que hão de recuperar “emprego e renda” para milhões de desempregados no mundo todo. A segunda modalidade de desregulamentação, já descrita mais atrás, bancada pelo capital financeiro hoje de longe hegemônico no bloco do capital mundial, veio facilitar a vida do capital parasitário.

c) Depressão e crack à vista

E aí se criou um circuito curioso: a crise de superprodução em marcha alimenta a acumulação financeira e esta, numa via de retorno, alimenta a crise de superprodução. E as duas, de mãos dadas, reforçando-se mutuamente, caminham para um beco sem saída: uma depressão e um rosário de cracks financeiros, todos na mais perfeita ordem do dia, dos mais fortes aos mais fracos países capitalistas.

Assim, por exemplo, as ações que são negociadas na Bolsa ou diretamente pelos bancos e pelas demais instituições financeiras deveriam deter o valor nelas indicado (valor de face). Da mesma forma, os títulos da dívida pública e os títulos da dívida privada, que os governos afiançam ou põem à venda nas diversas bolsas e nos diversos mercados financeiros nacionais e internacionais, também devem ter como base, para a remuneração desses papéis (durante o resgate, quando se dá a devolução do principal e dos juros que remuneram os empréstimos), valores reais garantidos pelas dotações orçamentárias e cambiais, pois, como convém lembrar, essas dotações orçamentárias governamentais têm origem na carga tributária que representa valor transferido do produtor assalariado e do consumidor aos cofres dos tesouros nacionais. Se não fosse assim, não faria sentido a política de ajuste fiscal, de contenção de gastos, de manutenção de elevados níveis dos chamados superávits primários e extremo arrocho, imposta pelo FMI aos governos de países endividados.

O quadro do imperialismo neste início de milênio é, então, este: a acumulação produtiva encontra-se em encolhimento nas quatro últimas décadas; a acumulação financeira, ao contrário, encontra-se numa expansão tão acelerada como irracional. A autonomização da esfera financeira tende, num limite lógico, para um absoluto que não pode se permitir alcançar. Temos aí um dos maiores diabos que se põem a tecer os fios de uma crise comparada à qualquer crise anterior. Mesmo a depressão dos anos 30, parece pilhéria.

A análise e a perspectiva constituem um todo claro porque respaldado pela evidência dos fatos e pela lógica que neles está implícita. O edifício da acumulação produtiva já começou a rachar desde a crise dos anos 1973-75 e já faz mais de 30 anos que as fendas não fazem nada além de estalar. Já a outra torre (a torre gêmea), a da acumulação financeira, arredia a uma ligação umbilical que perigosamente recua e que só pode recuar, continua seu movimento, mas, como pode ser perfeitamente percebido, sob um cenário de erosão mais do que certo. As economias centrais, a dos EUA antes e acima de todas, podem não estar, agora, no centro do cenário temporal do grande processo que se avizinha, mas nem por isso deixam de estar no centro do processo econômico, político e social que de igual maneira se avizinha. Os mecanismos de propagação da crise da esfera da produção já estão em curso desde muito tempo, enquanto que os da acumulação financeira começaram a explicitar-se nos cracks do México, dos “Tigres”, da Argentina e do quase-crack do Brasil. Tais indícios tendem inexoravelmente a multiplicar-se num crescendo que cercará, com aperto cada vez maior, as economias centrais, inclusive o maior bastião delas, a dos EUA.

Dessa crise tendencial também faz parte a economia dos EUA, pois, como aconteceu outras vezes, circunstanciais retomadas de pouco fôlego, como a de agora, não têm força capaz de reverter o processo de crise em marcha, que ainda não atingiu o estágio de uma depressão, entendida como o ápice agudo de uma crise de superprodução. De outro lado, a acumulação financeira também se encontra em marcha e, como também já foi salientado mais atrás, já exibiu fortes sinais de fendas em alguns países do mundo. Mas também ainda não atingiu um conjunto de cracks sintonizados, como promete ser numa crise sistêmica e mundial, que envolve grandes nações do mundo capitalista. Segue, do exposto, que as duas culminâncias, a depressão e o crack, já estão em processo de gestação assaz adiantado.

d) Situações e crises revolucionárias também à vista

Entre as certezas, esta salta à evidência: o sistema capitalista se encontra num processo de crise que ganha corpo e marcha para um estágio no qual as suas mais fortes fortalezas e seus mais bem guarnecidos bunkers deverão ser atingidos por uma depressão e um crack, ambos em proporções antes nunca vistas.

Neste caminho, todo pontilhado de depressões e cracks nacionais, regionais, continentais, etc., muitas situações e crises revolucionárias — que, aliás, já começaram a acontecer — ocorrerão necessariamente, não só porque as condições e contradições atrás descritas colocarão na ordem do dia como também porque os povos trabalhadores deverão colocar-se à altura desses acontecimentos.

e) Um projeto para a luta anti-capitalista

Se é certo que as iniciativas e lutas das massas populares não acontecem sem que estejam dadas as condições objetivas para que elas possam eclodir, é certo também que nenhum problema social — e muito menos o socialismo — poderá ser resolvido ou alcançado pela ação espontânea ou automática da maturação do fator objetivo e sem que haja a interferência decidida, decisiva, deliberada, organizada, planejada e de posse de um projeto e de uma direção de vanguarda, do proletariado. Se é assim — e a experiência das lutas dos proletários de todos os países do mundo não ensinam outra coisa —, lideranças de vanguarda não podem nem desprezar a teoria e nem muito menos deixar de intervir nos fatos, delineando caminhos, através dos quais todos os momentos de situações e crises revolucionárias devem ser potencializados e racionalizados segundo desenhos estratégicos e táticos direcionados para a revolução e a conseqüente construção socialistas. Porque, de colapso, o sistema capitalista, mesmo roto, não cai sozinho. Porque, se em cada momento, não for oferecida às massas a perspectiva de uma luta por elas desejada, a burguesia e seus assistentes darão uma outra direção, imporão um outro projeto.

VI - A falácia da social-democracia

Tomando por base a perspectiva atrás delineada e a radicalidade necessária das lutas, diretas e indiretas, encetadas pelos trabalhadores (empregados ou não) no plano mundial, a questão passa a ser a seguinte: quais as frentes de luta e as formas de organização que se colocam ou que podem se colocar em compasso de unidade com esta perspectiva? E, no contraponto, quais as que se tornarão apêndices da ação contra-revolucionária do Estado capitalista?

A social-democracia, que, como corpo e concepção política de Estado, nasceu no pós-guerra e se fez prática de Estado na Alemanha e, a partir daí, nos demais países da Europa e da América, inaugurou uma perigosa ilusão que se tornou moda e que consiste em cooptar lideranças das aristocracias operárias, recrutadas nos grandes sindicatos e nas centrais sindicais, para que essas lideranças, tornando-se castas em parceria com a burguesia financeira, venham contribuir, ao lado dos velhos políticos dessa mesma burguesia, com a administração da crise e do próprio Estado.Tudo começou com a ascensão de um ex-dirigente sindicalista que se tornou primeiro-ministro da poderosa Alemanha nos idos da década de 1950. Esse ex-operário, depois chefe de Estado da poderosa Alemanha capitalista já recuperada das mazelas da Segunda Guerra Mundial, chamava-se Willy Brandt. Como a ousada investida da Alemanha deu certo, outras nações, seguindo o exemplo vitorioso daquele país, também montaram governos social-democratas, com ex-sindicalistas e/ou ex-militantes de “esquerda” à testa dos Estados capitalistas. O exemplo foi tão eficaz e proveitoso que este “modelo” foi reproduzido em países como a Suécia, Inglaterra, França, Turquia e muitos outros e, algumas décadas depois, também na Espanha, na Polônia (com o ex-sindicalista Lech Wallessa, ex-dirigente do poderoso sindicato Solidariedade) e, finalmente, no Brasil com a CUT, o PT e todos os grupamentos que atuam ou se propõem atuar pendurados nos cargos dos diversos escalões do Estado.

Foi exatamente com o emprego e a fiança política das castas de ex-dirigentes sindicalistas e de ex-militantes de “esquerda”, que ainda contavam com um amplo respaldo das massas de trabalhadores organizados em poderosos sindicatos e centrais sindicais, que esses países imperialistas puderam retomar um vigoroso processo de acumulação entre o pós-Guerra e a crise iniciada nos anos 70.

A iniciativa da burguesia alemã e dos demais paises imperialistas foi tão acertada que, a partir de então, as centrais sindicais e os sindicatos, definitivamente atrelados, política, ideológica, orgânica e administrativamente aos Estados, passaram a ser órgãos fornecedores de quadros dirigentes do Estado e, por conseguinte, órgãos fornecedores de novos instrumentos de colaboração de classe e de repressão qualificada do conjunto dos trabalhadores desses países. Nada como um ex-dirigente sindicalista ou um ex-dirigente de “esquerda” de peso e de forte influência no movimento sindical para engabelar as massas e retardar a construção de sua identidade de classe — de classe para si. É de gente deste tipo que é formado o assim chamado “Governo Lula”.

A social-democracia, como política geral de Estado, morreu evidentemente depois da crise dos anos 70, mas deixou pelo menos esta herança para o neoliberalismo que o sucedeu: a cooptação de destacados lideres da aristocracia operária para comporem o Estado imperialista nas instâncias do próprio Executivo, do Legislativo e das empresas estatais (enquanto não são privatizadas). A partir daí, o sindicalismo passou a ser fonte inesgotável de uma crescente casta de mercenários, com ida sem retorno para o Estado na condição de diretores de empresas estatais, administradores de fundos de pensão — uma das molas mais propulsoras da acumulação financeira —, deputados, senadores, ministros, primeiros-ministros e, até, presidentes de república.

VII - Voltando à nossa conversa inicial...

a) Pertencimento na luta lado a lado com os trabalhadores

É por todas essas razões de perda temporária de um projeto próprio de luta, que uma certa quantidade de trabalhadores remanescentes ainda vai ao sindicato — e é por este único motivo que a ação de uma esquerda realmente comprometida com a luta deve estar lá, lado a lado com esses trabalhadores, não para ocupar cargos numa corrompida máquina atrelada à exploração capitalista e à contra-revolução, mas pura e simplesmente para ajudar os trabalhadores a verem o que o sindicato e a central significam para os propósitos do capitalismo financeiro atual. Ajudar a ver significa também a perceber o seu oposto: as verdadeiras formas de organização que alguns movimentos de massa começam a vislumbrar, para marchar numa perspectiva de luta com autonomia e identidade de classe.

De tudo isso se deduz, claramente, o grau de oportunismo de algumas forças de “esquerda”, que, malgrado um discurso feito de disfarces, adotam e defendem a intervenção por dentro das instituições estatais e sindicais como forma de “acumulação de forças”, quando se sabe, pelos exemplos desde as experiências alemãs com Willy Brandt e muitos outros, que a única classe que acumula forças com esta política de cooptação é a classe capitalista. Não se conhece um só caso e exemplo de casta sindical que, depois de assumir cargos no Estado burguês, não tenha recorrido à repressão aberta aos movimentos populares — que é, por definição, um dos poucos papéis relevantes que a burguesia, proprietária das instituições estatais desde que se tornou classe dominante com as grandes revoluções burguesas, durante os séculos XVI a XIX, permite a seus novos colaboradores, os ex-sindicalistas e ex-quadros de “esquerda”.

b) Reiteração da forma-conselho

A forma conselho — quer na modalidade de território (bairro ou região fabril), quer na modalidade fabril (onde começa por círculos e comissões de fábrica), quer na modalidade diretamente revolucionária (comitês de combate) — apareceu na Comuna de Paris, reapareceu com os soviets na Rússia, de novo nas fábricas em Turim na Itália, também na Guerra Civil Espanhola e, entre outras, nas lutas do operariado francês nas jornadas dos anos 1960. Toda vez que as massas trabalhadoras, exigentes e conscientes, põem-se de pé na luta, necessitando avançar com suas próprias pernas, normalmente recorrem a esta forma de organização, passando por cima das limitações (atrás assinaladas) do sindicato e da central.

É por isso que estas formas reapareceram mais recentemente nas jornadas insurrecionais do Equador e da Bolívia. É por isso também que até mesmo estudantes oriundos das camadas proletárias e sem qualquer experiência político-organizativa prévia, ensaiaram embriões de auto-gestão em vários espaços da cidade de Salvador, acompanhadas do repúdio sistemático de velhas e viciadas lideranças e instituições oportunistas que tentaram apropriar-se daquela luta para aparelhá-las, para dobrar as iniciativas das lideranças nascidas do movimento, para situar um movimento, tão rico de conteúdo e de formas em embrião, por dentro das instituições e, pior que tudo, para tirar evidentes dividendos eleitorais.

Mas os estudantes baianos deixaram uma lição: tentativas embrionárias da forma conselho, independentemente do nome e da forma variante que assumam, mas que, de qualquer forma, sejam constituídas de baixo para cima e com busca de identidade própria de classe. Essas formas, ainda que nos seus primeiros ensaios, deverão estar de volta entre os mais diversos movimentos de trabalhadores, inclusive fabris, à medida que o atual sentimento de desconfiança crescente em relação às direções de sindicatos, à forma sindicato e a parlamentares e representantes de partidos da ordem, passar de mero sentimento para necessidade concreta de uma luta avançada e de acordo com o pulso da crise.

Qual a estrutura essencial da forma conselho, qual o seu segredo, que faz com que as massas a ela recorram quase universalmente nos momentos de luta mais avançada? Trata-se, de fato, de uma organização muito simples, que pode ser caracterizada por um punhado muito reduzido de componentes: 1) esta forma pressupõe uma iniciativa autônoma em relação ao Estado e às instituições burguesas, desde as diretas até as que agem, de maneira dissimulada, nos parâmetros impostos pelo Estado; 2) por conseguinte, seus órgãos e escalões dirigentes são escolhidos, eleitos e rotados (em forma de rodízio segundo o ritmo e as necessidades da luta), diretamente pelas bases e provenientes delas; 3) a discussão dos propósitos e caminhos da luta é feita em assembléias dos próprios manifestantes, bem como as retificações que se tornem necessárias. Nestas disposições muito simples, que pressupõem a democracia direta, baseia-se o sucesso da forma conselho e a sua recorrente aparição todas as vezes que as massas se põem a caminho.

De mais a mais, a forma conselho é, como foi colocado no início de nossa conversa, a única forma de organização de massa que contém, na sua essência, os componentes de poder, de delegação, de constituição e de funcionamento do Estado socialista na base da mais ampla participação e da mais ampla democracia que tal Estado pressupõe, inclusive como barreira à reprodução de castas burocráticas que se apoderem do Poder de Estado, agindo em “seu nome” contra e apesar do proletariado. Por isso é que uma ampla rede que deve ligar todas as formas de círculos, comissões e conselhos, nas mais variadas instâncias sociais e territoriais onde as massas se representam, não só constituem a “escola de massa” onde o proletariado, dirigido por uma vanguarda que reconheça como sua, vai aprender a ser “chefe de (seu próprio) Estado” e todos os caminhos científicos e políticos sem os quais nenhum socialismo pode nascer e florescer. Por isso é que o sistema de conselhos é, antes, um pré-Estado e, depois, o próprio Estado socialista.

c) As demais formas de luta

Mas o movimento de massas não é composto só de organizações do tipo conselho. Os conselhos são as formas de massa mais avançadas, mas é óbvio que as formas de luta das massas populares são muito mais numerosas e variadas: as associações e os clubes, as oposições não institucionalizadas e assim por diante. O que a história das lutas dos trabalhadores mostra é que nos momentos de luta mais decisivos o sistema de conselhos sempre galvaniza o conjunto das demais formas de organização de massa — e isso por um motivo muito simples: é nos conselhos que os trabalhadores mais avançados se reúnem e se organizam, dando a ele, com prioridade, a sua própria fisionomia de classe. É por isso que nas lutas abertamente anticapitalistas e, portanto, socialistas, passam necessariamente pelo conselho, do qual o maior exemplo é a forma soviet.

As lutas que supõem a forma conselho e que exigem autonomia são contra uma vanguarda? Não, a história tem dado evidentes mostras disto. O que as massas repelem é uma “vanguarda” que prioriza o espaço institucional, que utiliza o movimento para atrelá-lo aos interesses do capital e do Estado do capital, que usa o movimento para fortalecer propósitos eleitorais, que não mergulha no próprio movimento de massas para com ele propor caminhos estratégicos e táticos avançados, que não discute como potencializar as formas espontâneas para elevá-las a um patamar (teórico e político) superior, numa palavra, que se limita a aparelhar o movimento para mantê-lo como massa de manobra deseducada e, por isso mesmo, mantendo as lutas dos trabalhadores num movimento rebaixado que gira em círculos sem jamais darem um salto de qualidade.

Por tudo o que foi visto até aqui, o único sistema de organização de massas proletárias que é capaz de enfrentar o grande desafio anticapitalista e antiimperialista, como negação e alternativa à barbárie já em andamento e aprofundando a crise sistêmica e estrutural do imperialismo, é o conjunto que combina uma vanguarda, um sistema de conselhos e uma grande variedade de formas de organização de massas que não abra mão de sua autonomia e do seu objetivo socialista.

VIII - Voltando à Oposição Operária

Podemos agora concluir a nossa conversa voltando à forma-Oposição Operária. Existem formas de luta — ou ex-formas de luta, como é o caso da forma-sindical — que, não obstante o estágio em que se encontram hoje, são formas históricas. O sindicato é uma dessas formas, mas em evidente processo de decadência e que se converte em forma de exercício de controle da luta de classes. Do lado oposto, está a forma-conselho, que, quando surge e ressurge, é sempre colocado como forma autônoma da luta anticapitalista direta.

Mas existem também muitas outras formas que, não sendo propriamente históricas, no sentido mais acima dado ao termo, colocam-se como formas intermediárias que cavam e criam as condições necessárias para a aparição das formas superiores, as formas tipo conselho. São formas conjunturais, de transição, portanto de grande importância para a luta anticapitalista. A forma-oposição operária é exatamente uma destas formas. E é por isso que sua constituição e seu funcionamento já incorporam elementos e expedientes próprios dos conselhos — como a democracia direta e a autoconstituição. A duração de sua existência é, como a de todas as formas de transição existentes, uma questão que só a prática social poderá resolver. De todos modos trata-se de uma forma que, ao se definir deliberadamente como oposição operária, já deixa registrado o seu caráter anticapitalista e a sua condição de ponte entre o estágio atual e o futuro desta mesma luta anticapitalista.

Por último, e por tudo quanto foi visto, a Oposição Operária se coloca numa perspectiva internacionalista, vez que o sistema do capital, nomeadamente um sistema em crise, foi universalizado e unificado mundialmente, em suas relações de produção, em seu impulso, na sua crise e feição destrutiva, em suas instituições e em sua cultura, de que resulta que a exploração de classe foi e segue sendo mundializada, determinando a impossibilidade da vitória do proletariado num só país. Segue que o sucesso das lutas anticapitalistas passa pela unificação internacional das forças dos trabalhadores avançados numa plataforma de organização unificada internacionalmente.

SITUACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES Grupo ANARRES - Brasil

Sincrónica a la crisis y concomitante a ella en la interacción desigual y recíproca de los factores de la historia capitalista, la lucha de clases actual tiene factores elementares que han se esbozado desde la derrota de la vaga de 1968-74. Si tras el aplastamiento de la Comuna el cretinismo parlamentar, el sindicalismo, en sus formas anarco-sindicalistas y de los sindicatos amarillos han sido desarrolladas por las fuerzas de la “izquierda” del capital en la época – incluso la famigerada II Internacional – la contrarrevolución que sucedió el período 1917-23 intentó la destrucción (y desarticulación) de las minorías revolucionarias, el antifascismo y preparación para la guerra, y el encauzamiento de la lucha proletaria – sin embargo multitudinaria y hasta radical en algunas oportunidades – para la defensa del Estado (“obrero” o no) y mantenimiento de la dictadura burguesa en proyectos putschistas, electorales, frentepopulistas, de “reconstrucción de la economía”, política de sacrificios en todos los continentes.

Después de 1945 los valores antifascistas y democráticos de la facción burguesa vencedora resultaron – y la precaria “resolución” del contexto económico posterior a 1929 por la guerra - en una ola de promesas a los proletarios de una sociedad de paz y prosperidad, de “eternización” del capitalismo y hasta de gobiernos “izquierdistas” en diversos países europeos - en América el fenómeno del populismo. En otras regiones, las luchas de “liberación nacional” como forma de aplastamiento y manipulación del proletariado. Desde la corrosión (provisional) de tales promesas13, la movilización proletaria contra la guerra (incluso Vietnam) y la lucha proletaria de 1968-74 ha impuesto grandes dificultades para los grupos proletarios: el inmediatismo de la lucha, sin una mayor recuperación de la memoria revolucionaria, de constitución del partido, de orientación revolucionaria más consecuente (no desconsiderando la denuncia del stalinismo y de las orientaciones políticas burguesas del período), han resultado en un refuerzo de la contrarrevolución que determinaran las luchas actuales, cuyas características matriciales son:

  • el proletariado no reconocerse como clase y participar de las luchas encuadrado por una o otra fración burguesa, en general isolado en luchas “parciales” a partir de las cuales la ideología burguesa habla de “nuevos” actores sociales (feminismo, ambientalismo, anti-racismo, etc.);

  • la desilusión con diversas alternativas del período y la propaganda burguesa posterior a tales luchas –generalizada después de 1989 – resultaron en competencia, individualismo, indiferentismo entre los propios proletarios;

  • casi siempre el recurso burgués tiene sido la “democratización” – efectuada en todo el mundo a partir de los 80 para renovar el estado y preservar la explotación: fín de las dictaduras militares en América, África y Ásia, hundimiento del bloque capitalista del Este, fin del Apartheid, etc14.;

  • y frecuentemente, un factor de grande relieve en el contexto actual ha sido el bloque informativo, la desinformación organizada tanto por los media como por los sectores de la izquierda del capital de modo que luchas en distintos países - o regiones distintas de un único país – son silenciadas. Eso cuando el contenido de las luchas obreras no es vaciado y asociado a las posturas de sus autoproclamados “líderes”, punto de vista desde el cual ninguna lucha es proletaria (aquí el proletariado es solamente identificado con un conjunto de categorías laborales, geográficas, etc.).

En los últimos años, contra la reanudación de luchas proletarias a fines de los 90 la burguesía ha recurrido a la ideología “antiglobalización”, al altermundialismo a la reciclaje de antigas ideologías populistas, tercer-mundistas y frentepopulistas – que garantizaron la transición de las dictaduras al parlamento en Latinoamérica p.ej - organizándola mundialmente contra el proletariado15. Después del 2001, a eso debe ser incluyedo el terror mundial generalizado, compartido por todas las fracciones burguesas (sea la “guerra contra el terror” o “contra el crimen”) de modo preventivo y emergencial contra los sectores proletarios en lucha y contra las minorías proletarias. Bajo un determinado punto de vista es la organización de la violencia burguesa contra el proletariado que intenta reorganizarse.

Por más que exista una reanudación de determinadas luchas en los últimos años que han amenazado intereses burgueses y denunciado la izquierda del capital y su papel, las limitaciones, el legalismo, las utopías burguesas, la canalización burguesa de la lucha previniendo su extensión, continuidad y el aprendizaje de la clase se han mantenido. De modo sorprendente, pese el borrado de cerebro de la burguesía, la ideología ciudadana y democrática, el proletariado se organiza y contraataca los síntomas de la crisis (p.ej: Grecia, Madagascar, Antillas, Francia, Alemania, etc.), planteando perspectivas prometedoras y hasta empezando la tentativa de quiebra de los limites que han caracterizado las luchas de los últimos años, pero no los sobrepasan.

La última cuestión tange a las minorías y a la propia clase. El pacifismo y el legalismo han impuesto al proletariado y sus minorías el total desarmamiento (militar y ideologico), resultante de perspectivas ingenuas sobre la represión del estado y del capital. La ofensiva “anti-terror” impone como factor de gran relieve para la clase la evaluación y necesidad de la resistencia, de la autopreservación, de considerar las cuestiones militares de las luchas y de la clandestinidad. Si es cuestionable que una clase atomizada pueda ser reunida de uno golpe en el “día de la insurrección” es aún más cuestionable que una clase desarmada pueda se rearmar de inmediato contra un enemigo organizado y con la perspectiva del combate.

El desarmamiento ideológico también influencia la infiltración de la ideología democrática en el proletariado (asembleísmo, reducción de la revolución a formas de organización, etc.) que la extrema “izquierda” del capital aporta para desviar la lucha en pro de los objetivos burgueses. En Latinoamérica como doquier, esa ruptura ideológica es fundamental contra la socialdemocracia de reserva que trata de la resurrección de alternativas burguesas de “izquierda” fallidas por la eternización de la dictadura capitalista.

Catástrofe capitalista y luchas proletarias grupo ANARRES - Brasil

El artículo anterior, publicado por primera vez en francés en Communisme 59, hace algo más de un año suscitó muchas reacciones y discusiones. El principal problema criticado es, con toda razón, la falta de distancia de nuestro texto con respecto al libro de Mike Davis El peor de los mundos posibles (1), del cual extrajimos una cantidad importante de datos y reproducimos amplios extractos. Por esa vía se colaron algunos aspectos importantes de la ideología del autor que no compartimos y frente a los cuales no explicitamos, como hubiéramos debido hacerlo, nuestras divergencias (2). Por esa misma influencia se focalizó la atención en los casos de miseria absoluta, marginalizando en los hechos la importancia de la degradación relativa de las condiciones de supervivencia del proletariado y en particular en los ataques que, contra esas condiciones, vive el proletariado en su totalidad independientemente del nivel inicial. Así, a pesar de que ese articulo haya subrayado las similitudes entre las diferentes situaciones vividas por la masa de proletarios, no insiste lo suficiente en la inevitable exacerbación de la miseria relativa generalizada como límite general de la sociedad burguesa.

En todo caso, dicho texto hubiera debido, al menos, emprender una reflexión crítica acerca de los límites de la principal fuente utilizada, marcando la distancia e incluso el antagonismo entre algunas posiciones del autor y nuestro propio cuadro programático tal como lo hicimos, con respecto a ese mismo autor –Mike Davis– cuando nos referimos ampliamente a su libro City of quartz al escribir el texto sobre las cárceles en Estados Unidos aparecido en Comunismo No.47 (julio 2001).

La mayoría de las informaciones que damos aquí con respecto a Los Ángeles vienen del libro City of Quartz (Los Ángeles, capital del futuro), de Mike Davis, Ediciones La découverte (1997) y particularmente del capítulo cuarto, Los Ángeles fortaleza. El autor da gran número de datos que permiten delimitar la realidad de las clases sociales y el capitalismo en Estados Unidos, pero recae en el más puro reformismo cuando se trata de plantear una acción concreta. Ello evidencia los límites de la comprensión que se encuentra en dicha descripción de la realidad social. Mike Davis lleva adelante una campaña por una propuesta de ley que preconiza la organización de una fuerza de paz urbana destinada a ayudar y supervisar un proceso de tregua entre las bandas en Los Ángeles: es decir quiere más milicos. Esto muestra, una vez más, que el reformismo conduce, incluso cuando se pretende original, a la reivindicación de nuevas fuerzas represivas.”

Además de los problemas mencionados, es evidente que la relación entre la degradación de las condiciones de supervivencia de los proletarios y lo que nos interesa prioritariamente, es decir la revolución, no está bien explicado en dicho artículo. El proletariado, como sujeto de la revolución solo surge a través de la cita final de Pannekoek. A pesar de que ella expresa el ABC de nuestro programa, la relación entre profundización de la crisis, el desarrollo de la lucha del proletariado y el hundimiento final del capitalismo es presentada de una manera demasiado general, válida para todas las épocas y no puede expresar lo que la situación actual tiene de particular.

Retomemos las conclusiones que preceden a esta cita en ese artículo:

«A lo largo de toda esta excursión bajo el sol negro del capital, hemos intentado abordar, dando toda una serie de ejemplos concretos, la catástrofe capitalista desde el ángulo de la vida cotidiana del proletariado a través de todo el planeta. Nos parece importante poner una realidad en las palabras y no contentarse con enunciar simplemente lo que es. Hoy en día esta catástrofe es tan profunda que ya se ha transformado en inmediatamente palpable, visible y se condensa en todos los aspectos de la vida de los proletarios. Primero el trabajo, nunca fue tan penoso, destructor y poco remunerador. Lo sigue la alimentación, cada vez más degradada y contaminada, así como el agua potable o el aire que se respira. Sin lugar a dudas, también las condiciones de vivienda han alcanzado niveles de defecación desconocidas hasta hoy en día, como hemos visto. Las enfermedades provocadas por todas estas causas tan “naturales” como la bomba atómica, son cada vez más virulentas y masivas, destruyen y pulverizan a millones de seres humanos. Las guerras también son cada vez más generalizadas y destructivas. En fin, el biotopo, en el que nuestra especie vive, se degrada cada vez más peligrosamente, envenenándonos,... y anunciando la posibilidad misma de la desaparición, en los próximos decenios, de todo lo que vive en la superficie terrestre. En pocas palabras, el capitalismo se presenta, de manera visible y palpable, a una masa creciente de proletarios a lo largo del mundo, como lo que es: un verdadero Apocalipsis, un infierno. Podríamos alargar hasta el infinito su descripción para llegar a las mismas conclusiones: el capital ha llegado a exacerbar, a un nivel increíble, sus propias contradicciones y sobre todo la más esencial, es decir la producción de una clase social pletórica, con la que no sabe que hacer, con respecto a sus necesidades actuales de su propia valorización-desvalorización. Hoy en día hay demasiados capitales que no llegan a valorizarse, la desvalorización golpea por todos lados, inclusive al capital variable, a los proletarios. Como Marx observaba en el Manifiesto del Partido Comunista: “¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De que modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas”.

Pauperización generalizada, condiciones de explotación cada vez más duras, generalización de la guerra... actualmente es por estos medios que se produce la destrucción masiva del proletariado. Por el momento, la burguesía llega a controlar, disciplinar, adiestrar, a hacerlo trabajar, a sindicarlo, a que se conforme con su suerte... a hacerlo reventar en los campos, en las guerras... Pero, como podemos constarlo día tras día, el proceso de valorización-desvalorización se embala y requiere nuevas guerras, cada vez más grandes, poderosas; el ogro capitalista vocifera, a las orejas de sus administradores, tengo sed, necesito cada vez más sangre, mi apetito se hace cada día más desmesurado, preciso más cadáveres. La muerte de proletarios sobreabundantes y la destrucción masiva de capitales incapaces de valorizarse están a la orden del día en la agenda capitalista para relanzar un nuevo ciclo de crecimiento. Para el capital las guerras locales ya no le son suficientes, ¡hay que generalizarlas! De ello depende la propia supervivencia del capital.»

Como vemos la conclusión insistía en la ineluctable exacerbación de la contradicción entre las necesidades humanas y las del capital –entre las cuales la guerra constituye el elemento superior– pero no trataba en absoluto la cuestión de saber cómo el desarrollo de esta contradicción se concreta en el terreno del enfrentamiento abierto entre las clases.

Evidentemente que nosotros, así como todos los grupos revolucionarios, discutimos desde siempre, del desarrollo de esa contradicción, pero pensamos que nuestras publicaciones no reflejan todavía lo suficiente el análisis de la misma. Sin hacer explícito y público este análisis, la cita de Pannekoek no surge como resultado de todo un desarrollo, sino que puede aparecer como una especie de esquema o deseo. En efecto, en ausencia de una explicación pertinente, la afirmación según la cual «La autoliberación del proletariado es el derrumbe del capitalismo» aparece como una fórmula abstracta y queda sujeta a múltiples interpretaciones. Por ejemplo, el lector podría tener la sensación de una concepción mecanicista del proceso revolucionario que se expresa corrientemente con este esquema: «la entrada en una fase de descomposición del capital determinaría el surgimiento de una clase para sí, de un verdadero proletariado revolucionario puro, desembarazado de las contradicciones que minan al proletariado como clase en sí.»

Claro que este tipo de visión esquemática no se encuentra en nuestro texto pero debemos admitir que dada la ausencia de clarificación sobre el hundimiento del capitalismo, así como sobre la relación entre condiciones objetivas y la acción subjetiva del proletariado, el equívoco era posible.

DESTRUCTURACIÓN DEL PROLETARIADO E IDEOLOGÍA

En realidad esa famosa discusión acerca de la relación entre la catástrofe del capital y su destrucción positiva por el proletariado se encuentra presente en toda la historia de nuestro movimiento, toda la historia del proletariado revolucionario, toda la historia de nuestro partido. Nosotros la hemos abordado de diferentes formas desde que nuestro grupo existe. Y es evidente que el tipo de esquema que practicamos en el texto anterior, entre la constatación de la catástrofe y la revolución, refleja la debilidad de nuestro propio movimiento y de sus expresiones de vanguardia, que a la vez constatan lo profunda que es la catástrofe a todos los niveles de la vida del capital y el lamentable nivel de asociacionismo proletario, de estructuración y de centralización revolucionaria a nivel internacional. Lejos de disminuir, la contradicción no deja de profundizarse entre la total incapacidad del modo de producción capitalista para satisfacer las necesidades de las grandes masas de seres humanos y la no organización del proletariado mundial en fuerza para destruir esta sociedad. Toda expresión revolucionaria encuentra hoy esta dificultad real para expresar la relación entre catástrofe y revolución, entre empeoramiento generalizado de todas las condiciones de supervivencia y la destrucción revolucionaria de la sociedad actual.

A nivel global, ello se explica por una serie de triunfos ideológicos del capital que desanima toda asociación y lucha proletaria que afirme su propia perspectiva, entre los cuales podemos subrayar algunas decisivas:

  • El hundimiento del modelo marxista leninista de desarrollo del capital no es vivido por las grandes masas como muerte del estalinismo y de todas las fuerzas que apoyaban la histórica contrarrevolución leninista, sino, al contrario, como el fin mismo de las posibilidades de hacer la revolución comunista. Generaciones de proletarios y militantes comunistas han sido de esa manera desmoralizados profundamente y aceptan como horizonte ideológico que el único mundo posible es el capitalismo.

  • La evidente debilidad de perspectiva de la sociedad burguesa (que es tan necesaria para asegurar la dominación de clase) no se transformó en fuerza revolucionaria para afirmar el comunismo como única perspectiva, porque el comunismo mismo es totalmente desconocido y/o identificado a una monstruosa sociedad basada en los campos de concentración, que lejos de haber abolido los males de la sociedad burguesa los había llevado a su paroxismo.

  • La propaganda a favor del mundo capitalista como único posible perdió así su carácter ridículo y propio de una secta de extrema derecha para transformarse en verdadero pan cotidiano implícito de todo discurso político y verdadero horizonte de toda discusión de café (¡al menos en lugares donde las mismas existen todavía!). Más todavía, por primera vez en la historia de la sociedad burguesa, pasa a ser no sólo creíble sino indiscutible que toda propuesta «razonable» sólo puede ser reformista.

  • Todo el espectro político se alinea así en ese reformismo omnipresente; sí, «otro mundo es posible», pero es el mismo de siempre maquillado de otra forma, con tal o cual camio de personas, con tal o cual reforma u otra «tasa Tobin».

  • La libertad de elegir, la vida ciudadana, la democracia, la participación popular... todo lo que consuela y consolida al individuo y sus falsas comunidades no sólo se ha vuelto el único discurso admitido sino que se afirma como totalitarismo democrático excluyendo y reprimiendo toda expresión de clase proletaria.

  • El propio asociacionismo proletario se encuentra aislado y condenado como secta por ese totalitarismo democrático omnipotente. En vez de reivindicar la organización, la asociación y/o la solidaridad entre los proletarios, todos se proclaman «libres», todos se sienten «sin trabas, sin obligaciones», reproduciendo así el discurso fundamental de su propia esclavitud, la ideología crucial de la mercancía y el Estado (3).

Pero la dificultad general para expresar la relación contradictoria actual entre catástrofe y revolución se explica también por los mecanismos propios a la reproducción del capital, mecanismos que podríamos considerar como pre-ideológicos o, mejor dicho, que constituyen la materia prima de las ideologías.

  • Pensamos en general en los mecanismos de la sociedad mercantil que reproducen al individuo atomizado, es decir en la producción y reproducción del individuo como vendedor aislado de su fuerza de trabajo, en la generalización a nivel mundial y a todos los seres humanos de los intereses antagónicos entre vendedores y compradores, es decir la producción y reproducción de los mecanismos democráticos llevados a su máxima expresión (4).

  • No sólo esos mecanismos se encuentran en la base del aislamiento y la mitología acerca de la libertad de elegir en la sociedad burguesa, sino que se encuentra en la base misma de la naturalización social del individuo, de la identificación de éste con el ser humano, cómo si el hombre de la sociedad burguesa fuese el hombre natural y como si el mismo hubiese existido siempre y debiera existir para siempre. Esta naturalización ideológica del individuo ha ido consolidando la creencia en todas las otras naturalizaciones de la sociedad burguesa (el dinero, el Estado, la propiedad privada... como realidades a-históricas) y permite excluir, en tanto que oposición natural, toda manifestación de la tendencia histórica del proletariado a constituirse en partido revolucionario: que también en forma «totalmente natural» será calificada como sectaria, terrorista, autoritaria, dogmática...

El que «cada uno se arregle como pueda» es a la vez el producto de la sociedad mercantil generalizada y a la vez produce un conjunto de mercancías adecuadas para el desarrollo y reproducción ampliada de ese aislamiento de todos con todos. Si la televisión (y sus complementos como el vídeo, los juegos pantalla...) había sido un paso decisivo contra toda vida asociativa de los proletarios, que fueron, por esa vía, encerrados cada uno en su casa y alejados de centros de discusión y de la misma calle; la persistente y siempre creciente tendencia a la subordinación de toda la vida a la imagen y el espectáculo continúa profundizándose. Actualmente la tendencia generalizada a la sustitución de las relaciones (todavía en algo) reales por virtuales constituye otro salto de calidad remarcable en la producción del individuo burgués: el hombre como lobo del hombre.

No sólo el capitalismo había separado los seres humanos, haciendo de ellos miserables individuos mediatizados por la propiedad privada y la mercancía, no sólo toda relación entre humanos había sido subordinada a las representaciones y mediatizadas por imágenes, no sólo los mismos aparecían disueltos en el espectáculo de un mundo desembarazado de su contradicción fundamental, sino que ahora resulta indispensable, para ser admitido en el reino de esas relaciones «reales» y enajenadas entre individuos aislados, el ser el feliz propietario de un conjunto de artefactos efímeros y reemplazables, chucherías cuya función es la de asegurar, en todo momento e instantáneamente, la comunicación «de lo separado en tanto que separado» (y al mismo tiempo asegurar al capital la total sobredisponibilidad del asalariado a su servicio), confiriendo así, a la multitud de egos enfermos y angustiados, un «lugar activo» en el mundo en función de «sus propios gustos» (¡también fabricados por las mismas empresas!) y que tienen por función el producir la ilusión de que esas relaciones son realmente humanas: teléfonos móviles, mp3, internet (a su vez el simple email tiende a ser superado por la inflación creciente de blogs, chats, y otros espejitos de colores).

  • Esta «virtualización» de todas las relaciones es producto de la evolución actual del capitalismo, pero simultáneamente esta «virtualización» exige la producción y perfeccionamiento permanente de las mercancías aptas para realizar a la vez la separación acabada del ser humano y la ligazón entre esos individuos reproducidos, precisamente como individuos separados. La misma constituye así una verdadera cereza sobre la torta de la democracia (5), la cima a la que ha conducido la obra histórica de la sociedad mercantil.

  • Son esas las condiciones ideales para que florezcan y se reproduzcan con vigor todas las falsas comunidades en las cuales los individuos atomizados ven/viven su realización a través del triunfo de cualquier banderita: club deportivo, nación, etnia, religión, raza...

  • El asociacionismo, basado en los intereses materiales y universales del proletariado, deviene entonces algo no sólo cada vez más difícil, sino sobretodo «ilógico». En un mundo en donde se ha vuelto «natural» matarse por cualquier banderita particularista, es lógicamente «antinatural» que los seres humanos se organicen en función de sus intereses vitales y universales de clase y con más razón todavía que luchen por una revolución mundial «imposible».

  • La inconsciencia de clase se verifica cotidianamente. Toda expresión proletaria encuentra la misma incomprensión internacional cuando ella no es simplemente liquidada por la represión llevada adelante por otros proletarios puestos al servicio de cualquier policía internacional.

  • Aunque todo ese desarrollo de la sociedad burguesa no solucione ningún problema en cuanto a la vida de los seres humanos «bajo el sol negro del capital», aunque la catástrofe capitalista no deje ni dejará de profundizarse, cada asociación de proletarios, que a través del mundo busca reforzarse, desarrollar la centralización, la internacionalización... busca en fin la constitución del proletariado en partido, se ve bombardeada por todos los mecanismos de liquidación y de reciudadanización.

Nuestros compañeros, contactos, grupos hermanos... es decir todas las expresiones de nuestra comunidad de lucha viven cotidianamente esta realidad. Sufrimos todos en nuestra propia carne esta contradicción brutal entre la agravación de todas nuestras condiciones de existencia y la falta brutal del asociacionismo proletario, de consciencia y centralización de nuestras fuerzas. Ésa es la razón fundamental por la cual resulta tan difícil expresar en la actualidad la perspectiva revolucionaria.

Así nuestras discusiones para afirmar nuestra perspectiva muestran nuestras propias debilidades, es decir las de nuestra clase y de todas las minorías revolucionarias en la fase actual. Las mismas ponen en evidencia que la cuestión de la perspectiva revolucionaria no es más hoy que ayer solucionable por un supuesto partido u organización, ni por un Rambo de la revolución, de la misma manera que ellas ponen en evidencia que los problemas que nosotros sufrimos en nuestra propia carne no son problemas particulares de nuestro grupo, ni solucionables por la voluntad. Esas discusiones nos enviaban y reenviaban no a buscar las soluciones en tal o cual receta sobre la actividad o las consignas a defender, como lo hacen siempre los oportunistas que terminan invariantemente haciéndose absorber por todo tipo de programa reformista, por cualquier tipo de programa «transitorio», y en última instancia por la ciudadanización y el culto de la libertad individual, sino por el contrario en las contradicciones propias del capital, en su incapacidad para satisfacer los intereses más elementales del ser humano.

Si en el texto anterior habíamos puesto el acento sobre todo en los máximos –en términos absolutos– a los que llega la degradación de las condiciones de supervivencia del proletariado en el mundo en ciertas regiones (favelización, intoxicación, envenenamiento del agua potable, supervivencia en la mierda, drogas...), hoy queremos insistir más específicamente, a la luz del desarrollo de la lucha de clases en este último año, sobre la brutal degradación –en términos relativos– de las condiciones de supervivencia de los proletarios en todo el mundo y las reacciones proletarias que contra esa degradación se comienzan a reproducir en todo el mundo. Así, el aumento de los precios del petróleo y de los productos alimenticios se tradujo directamente en un ataque del nivel de vida del conjunto de los proletarios del mundo, a diferentes niveles, al cual no escapa ni siquiera las franjas consideradas más favorecidas del proletariado. Dicho ataque masivo y general provocó, por primera vez desde hace mucho tiempo, una reacción directamente mundial del proletariado, si no en la homogeneidad de sus expresiones (y todavía menos en el reconocimiento de esta unicidad por el propio proletariado), al menos en la simultaneidad en las luchas proletarias. La simplificación de las contradicciones, de la cual siempre hablamos los revolucionarios, operó así un gigantesco paso. Nos parece importante pararnos un poco en estos elementos, como también en las fuerzas desplegadas por la clase dominante para parar y esconder este proceso.

Algunos elementos de las luchas actuales de nuestra clase y sobre la forma en que nuestros enemigos esconden su unidad esencial

Siendo imposible ocultar pura y simplemente las diversas reacciones de nuestra clase en el mundo, la prensa burguesa cumplió con su papel de guardián del orden capitalista (la prensa marxista leninista desempeñó esta inmunda tarea con concienzudo empeño) presentando ese movimiento como si las diferentes expresiones fuesen ajenas las unas a las otras y tuviesen naturaleza y orígenes diferentes. Ahí adonde nosotros vemos expresiones de una misma reacción fundamental del proletariado, frente a un amplio ataque de todas sus condiciones de existencia (condiciones de explotación, salarios, precios de artículos de base, guerras, deportaciones, represión, contaminaciones...) por parte del capital mundial, los medias de todo tipo se empeñaron en distinguir y llamar en forma diferente a las reacciones proletarias:

  1. «Las revueltas provocadas por el hambre» que tocaron violentamente a una treintena de países del «tercer mundo», constituyendo así, lo que denominaron, un «cinturón explosivo que rodea a todo el planeta desde la latitud 30 en el Norte hasta el Ecuador». En esta categoría fueron clasificadas las reacciones del proletariado frente a la crisis en México, en Haití, en una docena de países de África (Guinea, Costa de Marfil, Nigeria, Senegal, Camerún, Somalía, Sudán, Egipto...), en la península india (Pakistán, India, Bangladesh) y otras partes de Asia (China, Vietnam, Tailandia, Indonesia...). Dichas «revueltas de hambre» son presentadas como producto no del capitalismo como globalidad, sino bien al contrario como el producto específico del «neoliberalismo», de los intercambios desiguales entre Norte y Sur heredados del colonialismo, de la especulación en las bolsas sobre los productos de los países del «tercer mundo» y de la imposición del monocultivo. Incluso la denuncia de las políticas neocoloniales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que en los hechos financian los monocultivos, de productos destinados a la exportación, en función de los intereses de las grandes multinacionales, es presentado como un mal en sí, que se podría arreglar sin atacar al capitalismo como sistema mundial.

  2. Las manifestaciones y huelgas «contra la carestía de la vida» y la consecuente pérdida del «poder de compra» (6) (Estados Unidos, Europa occidental y oriental, algunos países de América Latina).

  3. Las revueltas de las favelas y otros suburbios proletarios (Europa y América, principalmente Latina) que son presentadas como una expresión del malestar de la juventud excluida del mundo del trabajo y en algunos casos fruto de la inmigración.

  4. Los «atentados terroristas», revueltas y otras expresiones de lucha contra los militares y otras instituciones estatales y paraestatales en los países en que la centralización mundial del terror de Estado se impone en base a la ocupación militar y/o las operaciones humanitarias (Irak, Afganistán, Pakistán, Palestina, y otros territorios ocupados por Israel, Haití, Costa de Marfil...), así como en aquéllos en donde la represión burguesa tiene como estrategia central la sistemática amalgama entre el movimiento del proletariado y las organización nacionalistas y/o marxistas leninistas (País Vasco en España, Colombia, Chechenia, Nepal...) (7).

En base a esa separación, la socialdemocracia nos vende, para cada uno de esos problemas definidos como «de naturaleza y origen particular», una solución evidentemente particular:

  1. La regulación internacional de la política económica mundial en lo que concierne las «revueltas provocadas por el hambre».

  2. La revalorización de los salarios (llamando la atención sobre las negociaciones y manipulaciones basadas en el índice del costo de la vida) y los controles gubernamentales de precios sobre artículos de primera necesidad.

  3. La reinserción socio profesional de los jóvenes excluidos.

  4. La pacificación de las regiones consideradas ingobernables en base a un esquema de dominación político, militar y humanitario. Ver al respecto el recuadro en la página siguiente: «Dice el enemigo».

Dichas soluciones reformistas y humanitarias, que pretenden mejorar para cada caso específico las condiciones de la vida de los pobres manteniendo al sistema capitalista, constituyen en realidad verdaderos cordones sanitarios que buscan impedir el desarrollo unificado de las luchas de nuestra clase a nivel mundial. Más aún, el establecimiento mismo de esas distinciones estrictas entre las «revueltas» (para designar las reacciones del proletariado en los países del «tercer mundo» y en los barrios periférico de los «otros mundos»), las «manifestaciones» y «huelgas», y/o de los «atentados terroristas» (para designar las reacciones proletarias en las zonas consideradas «ingobernables» de este mundo), constituye el primer cordón sanitario contra la unificación de la lucha del proletariado en el mundo.

PAÍSES AFECTADOS POR LA OLA DE REVUELTAS PROLETARIAS

Reproducimos a continuación, la lista de países aparecida en el artículo “La ceinture explosive” (La cintura explosiva), disponible en www.mondialisme.org y difundido en la revista Echanges No. 124 (primavera 2008). Esta lista recoge una treintena de países afectados por la ola de luchas provocada por el alza brutal del precio de los productos de primera necesidad.

Marruecos, Egipto, Burkina-Faso, Camerún, Costa de Marfi l, Guinea, Kenia, Nigeria, Senegal, Somalia, Sudán, Chad, Zimbabwe, Haití, México, Bangladesh, Birmania, Corea del Sur, Emiratos Árabes Unidos, India, Indonesia, Irán, Malasia, Uzbekistan, Filipinas, Pakistán, Tailandia, Timor, Vietnam, Yemen.

Podemos completar esta lista con una docena de países relevados en 2007 y 2008 principalmente a partir de las hojas de información mensuales de Echanges et Mouvement intituladas “Dans le monde d’une classe en lutte” (En el mundo una clase en lucha) igualmente publicadas en www.mondialisme.org.

Argelia, Túnez, Gabón, África del Sur, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Canadá, República Dominicana, China, Mongolia.

En estos países podemos considerar que el proletariado se ha manifestado desbordando los encuadramientos socialdemócratas, sea a través de manifestaciones, de revueltas, de sublevaciones, de ataques selectivos o de expropiaciones. Evidentemente estas dos listas no son exhaustivas, visto la ausencia de fuentes en esta materia. Permanecemos tributarios de la cruel ausencia de prensa proletaria y por ella de la difi cultad de obtener información consistente sobre las luchas de nuestra clase a través del mundo. Por otro lado, de más está decir que las olas de lucha no tienen fronteras, por ello se pide al lector tener en cuenta que la referencia a países sólo es utilizada en tanto que signifi cación geográfica.

Algunos países, o grupo de países, son el objeto de pequeños cuadros repartidos, en el presente texto, en función de la fuerza del movimiento y de las informaciones que parecen destacables.

En efecto, al término revuelta se lo trata de connotar peyorativamente, lo que gracias a la propaganda socialdemócrata se ha impuesto bastante en la opinión pública, lográndose que dicho termino se identifique en general «al desencadenamiento de pasiones e instintos más viles del ser humano», a la reacción «arcaica y primaria de las masas populares» que evidentemente no pueden tener ninguna perspectiva. Dicha imposición ideológica va a la par, evidentemente, con la oposición entre ese «movimiento irracional» y el «desarrollo del movimiento obrero moderno» (es decir encuadrado-neutralizado por la socialdemocracia). En el cuadro ciudadano, la revuelta toma así el significado de luchas incivilizadas o predemocráticas. Es sistemáticamente utilizado para designar las luchas proletarias de los países que ellos llaman «subdesarrollados», de los suburbios occidentales o también las acciones obreras consideradas demasiado «salvajes». Estas distinciones terminológicas contribuyen así a mantener la división entre, por un lado, los métodos pacifistas y las seudo huelgas impuestas por la socialdemocracia en los llamados «países capitalistas avanzados» (de los cuales los marxistas leninistas radicales de esos mismos países quisieran hacer «la verdadera –y única– forma de lucha» que llevaría a la «revolución») y los otros movimientos de bronca «espontáneos, desorganizados y con objetivos ambiguos» de la «escoria social» de las favelas o de los «subproletarios vagos» de los países del «tercer mundo», o incluso aquellos «que hacen huelgas salvajes y actos de violencia» y/o «ataques terroristas» contra las estructuras militares, políticas o económicas del Estado dirigidas por «grupúsculos extremistas».

De la misma manera, clasificando una serie de reacciones de nuestra clase como «revueltas del hambre» y pegándoles la etiqueta «tercer mundo» se logra hacer creer que quienes no tienen hambre no tienen porqué preocuparse, que quienes no viven en el «tercer mundo» tampoco. Se esconde así que es la misma sociedad capitalista, la mismísima que produce los más potentes computadores, las más fantásticas ciudades y las más criminales armas de destrucción masiva, la que produce, al mismo tiempo, el hambre en el mundo; que es exactamente la misma que provoca ahora mismo la disminución del salario real de todos los proletarios del mundo.

Clasificando a los proletarios entre los que tienen hambre y los que no tienen se está ocultando que en terminos reales de verdadera satisfacción de necesidades humanas, es el conjunto de los proletarios que tiene «hambre» de verdadera comida sana y saludable. Efectivamente, con la generalización de la comida basura –desprovista de oligoelementos esenciales, desvitaminizada, cancerígena...– el capital «hambrea» sustancialmente al conjunto de los proletarios que son cada vez más víctimas de carencias alimentarias graves en todas partes del mundo, sin que haya ningún país que pueda ser excepción, y sobre todo en los llamados «países desarrollados» adonde es reino y señor el fast food, es decir «la comida sólo para renovar lo más rápido posible la fuerza de trabajo».Éste es otro aspecto de la incapacidad flagrante del capital para alimentar realmente a la humanidad, en todo el mundo.

En fin, este aspecto se liga a los señalados antes, toda la terminología acerca de los países «subdesarrollados», «en vías de desarrollo» o del «tercer mundo» tiende a presentar esas regiones como menos capitalistas, cuando en realidad esas hambrunas son el más puro producto del capitalismo. Al esconder las causas se esconden las soluciones: la destrucción del capitalismo. Particularizando los problemas del hambre –o del llamado «tercer mundo» en general– se esconde la generalización del ataque capitalista contra el proletariado, la homogenización de las condiciones de vida a nivel internacional de los proletarios, y evidentemente se esconden también la naturaleza proletaria común de los ataques contra el capital y el Estado que empiezan nuevamente a desarrollarse ante nuestros ojos.

La terminología no tiene absolutamente nada de neutro, sino, bien por el contrario, la misma tiene simultáneamente dos objetivos claros: el liquidar el carácter general de las reacciones del proletariado e impedir la afirmación de la perspectiva revolucionaria contra el sistema global que nos ataca.

Sin embargo, dichos clichés, cuidadosamente reproducidos por todos los medios de desinformación del mundo, no resisten al más mínimo análisis de los movimientos reales de lucha del proletariado a través del mundo. Incluso partiendo de todos los filtros y falsificaciones que la burguesía difunde no es difícil poner en evidencia que:

  1. Las llamadas «revueltas del hambre» de los países llamados «subdesarrollados» se encuentran también pautadas por huelgas llevadas adelante por asalariados y que las manifestaciones tuvieron objetivamente los mismos blancos que en otras partes, principalmente las estructuras del Estado así como las fuerzas represivas y humanitarias internacionales que apoyan a los gobiernos locales en su política de represión y mantenimiento del orden.

  2. Las llamadas «manifestaciones y huelgas contra la carestía de la vida» de los proletarios de Europa superaron últimamente, en varias ocasiones, el nivel de las manifestaciones y huelgas pacíficas organizadas por la socialdemocracia. Diversas acciones directas y bloqueos «salvajes» de la producción y el transporte fueron llevadas a cabo por los proletarios en el transcurso de la lucha, rompiendo así el cuadro de los procedimientos de concertación social (citemos como ejemplo a los pescadores españoles que organizaron el bloqueo «salvaje» de los puertos; o los camioneros que bloquearon las rutas de Francia, España y otros países).

  3. Los llamados «revoltosos» de las barriadas europeas no solo quemaron autos de sus vecinos y las garitas de autobús, como dijo la prensa burguesa, sino que atacaron un gran número de blancos que simbolizan claramente el capital y la opresión estatal y que el movimiento designaba como la «gran mafia del capitalismo»: comisarías, iglesias, intendencias, centrales eléctricas y de gaz, locales escolares y liceales, grandes concesionarios automotrices, bancos, cajeros automáticos, juzgados y palacios de justicia, empresas, locales de todos los partidos políticos, inmobiliarias, correos, Mac Donalds y otros fast foods, centros comerciales, centros deportivos y culturales, agencias de viaje, vehículos y equipos de prensa, oficinas de turismo,... mostrando de esa manera que los objetivos de la lucha son mucho menos ambiguos que lo que dicen los leninistas, que sólo ven al lumpen; mostrando que en realidad esa lucha se contrapone al mundo del trabajo asalariado y el valor (8).

  4. Las llamadas «zonas ingobernables» son en realidad verdaderos polvorines sociales desde hace años. Detrás del velo de los conflictos religiosos, nacionalistas o interétnicos (9), las medias ocultan una realidad social sumamente tensa, en la que las condiciones de trabajo, de salario, así como de desocupación generalizada han provocado, y continúan provocando, importantes huelgas y manifestaciones proletarias, violentamente reprimidas por los gobiernos locales. La exacerbación de las tensiones sociales en dichas regiones es tan importante que el enfrentamiento contra las fuerzas estatales es cotidiano y, frente a la reiteración de situaciones semiinsurreccionales, han requerido la intervención de fuerzas internacionales (humanitarias y/o militares) a los efectos de tratar de restablecer el orden social de la explotación y la opresión.

Es necesario subrayar, para terminar, que muchas situaciones de lucha no responden bien a esos esquemas, hasta tal punto que los medios no logran hacerlas entrar en ninguna de las categorías creadas. Así, por ejemplo, es difícil hacer entrar las luchas que se producen desde hace años en Chile, México o Argelia, que no corresponden bien ni al esquema del «subdesarrollo» ni al de guerra abierta, y que regionalmente presentan aspectos semiinsurreccionales que superan ampliamente tanto el cuadro de «luchas salariales» como el de las revueltas de los suburbios. El propio desarrollo y radicalización hacen cada vez más difícil su falsificación-clasificación en las esquemáticas y rígidas categorías que la ideología dominante expresa a través de sus medios de comunicación.

La lucha proletaria es una sola!

En el contexto actual, de dificultades encontradas por el movimiento proletario para expresar la relación entre catástrofe y revolución, entre agravación de las condiciones de supervivencia y de destrucción revolucionaria de la sociedad actual, es significativo que un grupo proletario como Echanges (10) reproduzca, en cierta medida, las separaciones evocadas antes. Este grupo, que hace un excelente trabajo en su número 124 de la primavera de 2008 bajo el título de La ceinture explosive (El cinturón explosivo, ver recuadro correspondiente), titula en ese mismo número: Union Européenne: Luttes pour les revalorisations de salaire et abolition du salariat (Unión Europea: luchas por la revalorización del salario y la abolición del asalariado).

Es importante subrayar que la lucha por revalorizar el salario es la misma que la lucha por abolir el trabajo asalariado; sin embargo constatamos que los compañeros de ese grupo no dicen lo mismo, en ninguna parte de su artículo, sobre El cinturón explosivo. En efecto, a pesar de que, al hablar de los disturbios de la miseria social, se afirme que «más allá de todos los particularismos, se produjo una especie [¿porqué una especie? NDR] de movimiento global contra el sistema», Échangesno dice en ninguna parte que ese movimiento global contra el capitalismo tiene por objetivo su destrucción, que los proletarios «de la miseria social» al luchar por la revalorización de sus condiciones de supervivencia luchan también por la abolición del asalariado y de la mercancía que los hambrea. Dicho de otra forma Echangesseñala correctamente la lucha contra la baja del poder de compra en Europa como una lucha por la abolición del asalariado, pero no dice lo mismo con respecto a los «disturbios de la miseria social», como si esas luchas pudieran ser diferentes o tener otro objetivo que la abolición del trabajo asalariado. Tal vez se trate de diferentes compañeros redactores y que en conjunto los compañeros de Échangesvean perfectamente que dichas luchas también están dirigidas contra el asalariado, pero es profundamente lamentable que sólo le atribuyan el objetivo de la abolición del asalariado a las luchas en Europa

A pesar de sus esfuerzos reales para dar cuenta y analizar las luchas actuales, este equívoco le hace el juego a la división, le hace el juego a los mitos socialdemócratas del progreso, como si en Europa la lucha estuviese más próxima de la lucha liquidadora del capitalismo. Esta visión sobrentiende que los proletarios cuya disminución del poder de compra no provoque directamente el hambre podrían estar más cerca de la lucha por la abolición del trabajo salariado. De esta manera, la formulación misma permite poner en evidencia lo absurdo de tal visión. Así, por ejemplo, en un país como México, en donde el proletariado protesta masivamente en la calle contra el aumento de la tortilla y donde la totalidad del proletariado se siente concernido, ¡habría algunos que lucharían por la abolición del trabajo asalariado (¿los que no tienen hambre?) y los otros no! La cuestión es de vital importancia, por lo que vale la pena traducir y citar in extenso lo que escribe Echanges al respecto: «Es en esa lucha contra la relación social salarial, contra el asalariado mismo, que el proletariado logrará su emancipación, que pasará del estado de clase en sí (clase para el capital) en clase para sí. Es ese proceso que debemos poner en evidencia, incluso si en Europa el carácter de las luchas es muy diferente al de algunos de los países llamados ‘emergentes’». Es imposible entender la frontera que quisieron establecer. En cuanto al fondo de la cuestión, nosotros afirmamos justamente lo contrario: sin ninguna ambigüedad, las luchas tienen el mismo origen y consecuentemente el mismo objetivo, es decir están dirigidas contra la misma cosa, es decir la miseria creciente a la que nos somete la sociedad actual. Todo el entrevero, que ellos agregan, con respecto a la «clase en sí» y la «clase para si», en lugar de clarificar lo que sea de esta seudo diferencia no hace más que aumentar la confusión, planteando en los hechos la cuestión como una oposición dualista (dualismo típico de la socialdemocracia que nosotros creemos realmente que los compañeros han superado) entre las luchas dirigidas contra la relación salarial y otras que no lo serían (11) ¿O tal vez los compañeros sugieren que esta diferencia se encontraría en el nivel de consciencia como haría caricaturalmente la socialdemocracia leninista? ¿E incluso en ese caso, creen realmente que el proletariado en Europa expresa un nivel más elevado de consciencia o de la llamada «clase para si»?

Seamos claritos: no hay dos tipos de luchas proletarias, toda lucha contra el aumento de la miseria proletaria es al mismo tiempo una lucha contra la sociedad burguesa, sean o no conscientes de ello los proletarios, o mejor dicho independientemente de los diferentes niveles de consciencia que existen en nuestra lucha. Pensamos que los compañeros de Échanges serían incapaces de encontrar un sólo argumento en cuanto a la supuesta naturaleza «muy diferente del carácter de las luchas» en Europa.

Las únicas diferencias que se puede pueden encontrar no reside justamente en la división entre países, entre Europa y el resto del mundo, sino más bien entre sectores del proletariado de cada país, entre los sectores del proletariado más encuadrado por los partidos, sindicatos y otros aparatos de Estado y los sectores menos integrados como los desocupados, los excluidos, los favelizados, los clasificados como marginados, lumpenproletarios, «campesinos sin tierra».. Es verdad que se habla más fácilmente de revueltas en lo que, nuestros enemigos, llaman «tercer mundo» que en Europa (pero también en países de América Latina y Asia) en donde estamos más habituados a que las protestas sociales de los proletarios estén más canalizadas por los simples paros de trabajo y las manifestaciones pacíficas. Es verdad también que el término revuelta en Europa parece reservado a los movimientos de los suburbios, de los marginales, de los excluidos, de las favelas. He ahí la verdadera diferencia: el cordón sanitario que la burguesía trata de imponer en todas partes para dividir al proletariado (12), entre por un lado las protestas ciudadanas, los paros de trabajo legales, las marchas corderiles y otras seudo protestas y por el otro lado las «revueltas» de los incontrolados. Todas las ramas de la socialdemocracia, y principalmente las marxistas leninistas, están ahí para explicar y teorizar que «los verdaderos proletarios» no se dejan arrastrar por la «escoria social de los suburbios», por el lumpen proletariado, que los «verdaderos proletarios» adhieren a los sindicatos.

Pero a pesar de todos los esfuerzos desplegados para dividir al proletariado, a las medias les cuesta cada vez más esconder el carácter general del aumento de los productos alimenticios. Detrás de la «baja del poder de compra», el proletariado de todos los países se encuentra confrontado a una brutal disminución del salario relativo y del salario real. Es fundamental reafirmar esta cuestión: el ataque del capital es un fenómeno directamente MUNDIAL, concreción muy clara del «progreso del capital». No se debe a la diferencia del Norte y el Sur, del Este o el Oeste, no se debe «aquí a la «falta de progreso» allá a la «crisis de las subprimes», o en otra parte «a la corrupción». Ella es en todas partes la expresión de la necesidad de la burguesía mundial de contrarrestar la tendencia a la disminución de la tasa de ganancia aumentando internacionalmente la tasa de explotación.

Siempre lo afirmamos: jamás la mercancía deshambreará a los seres humanos, nunca la sociedad del capital y la consecuente dictadura de la ganancia podrá solucionar los problemas fundamentales del ser humano: cualquiera sean las fracciones burguesas en el gobierno -proteccionistas o (neo)liberales, de «derecha» o de «izquierda», cualquiera sea la parte del planeta, la sociedad mercantil no podrá nunca evitar el hambre, ni las guerras, ni la destrucción progresiva (pero en expansión) del planeta. Al contrario, la sociedad mercantil es la causa del agotamiento de la tierra; su desarrollo no puede producir otra cosa que la condena a la exclusión, al hambre y a la muerte a un número siempre creciente de proletarios. El crecimiento de las hambrunas es un fenómeno típica mente capitalista (¡y no precapitalista!) que nunca podrá solucionar la sociedad mercantil (13). El aumento general de los precios de la energía y los artículos de primera necesidad (más allá del fenómeno coyuntural de alza exagerada y baja posterior) es una realidad fundamental y a largo plazo irreversible, más allá del epifenómeno de la oscilación especulativa a corto plazo. A largo plazo, la evolución de los precios de la energía y de los medios elementales de vida son la expresión de la contradicción más global entre capital y especie humana y más todavía entre sociedad burguesa y la tierra (es decir todas las formas de vida en el planeta, todos los elementos vitales como el aire, el agua, la tierra...).

Crisis y decadencia del capitalismo

DECADENCIA DEL CAPITALISMO Corriente Comunista Internacional

En esta correspondencia os exponemos unas reflexiones sobre la cuestión de la decadencia, con el ánimo de ir aportando elementos al debate.

Esta cuestión es muy importante pues de la visión que de ella se tenga depende dos grandes cuestiones que orientan la actividad de los revolucionarios.

Por un lado, la actitud a tomar antes cuestiones tales como ¿son posibles reformas dentro del sistema? ¿habría una salida nacional a las situaciones de crisis? ¿es posible utilizar el parlamento? ¿son los sindicatos armas de lucha del proletariado?

En segundo lugar, ¿qué postura tomar ante las guerras imperialistas y las crisis económicas que tanto han convulsionado y siguen convulsionando el sistema?

¿Las guerras dan paso a un nuevo desarrollo del capitalismo o, por el contrario, son la expresión de su hundimiento progresivo en la barbarie y el caos?

¿Las crisis son algo cíclico que desemboca en un nuevo crecimiento o por el contrario constituyen manifestaciones de una agonía frente a la cual el Estado desarrolla paliativos que si bien pueden dar lugar a un crecimiento más o menos temporal acaban agravando los males?

¿Todo modo de producción social tiene una época de ascenso y otra de decadencia?

Entendemos que todo sistema social de los que ha habido en la historia de la humanidad atraviesa por un periodo de auge –ascendencia- y un periodo de crisis profunda y descomposición general –decadencia. Esta caracterización la podemos ver en el modo de producción esclavista y en el modo de producción feudal y pensamos que el capitalismo no escapa a ella. Habría pues un primer elemento de discusión: ¿es válida la caracterización ascendencia – decadencia en la evolución histórica de todo modo de producción? ¿Podría ser el capitalismo una excepción a esa dinámica?

¿Cuándo entra el capitalismo en decadencia?

Estimamos que el capitalismo entra en decadencia en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial cuya barbarie no tiene parangón en la historia anterior. Este es otro elemento importante de discusión.

¿La decadencia se expresa únicamente en el terreno económico?

La decadencia del capitalismo ¿se manifiesta únicamente en el terreno económico? Es decir, ¿son solamente las crisis económicas o también deben ser consideradas como expresiones de la decadencia las guerras imperialistas?

¿Cuáles son las contradicciones principales que hunden al capitalismo en decadencia?

Marx señaló que el capitalismo se ve abocado a su crisis histórica por una serie de contradicciones inherentes a su propio funcionamiento:

  • la oposición entre valor de cambio y valor de uso que traduce el hecho de que el objetivo de la producción no es la satisfacción de las necesidades humanas sino la obtención de ganancias;

  • la oposición entre el carácter privado de la apropiación de los medios de producción y el carácter social cada vez más acentuado de la producción;

  • la oposición entre el carácter universal de la producción capitalista y la división del mundo en naciones que luchan a muerte por el reparto de las ganancias;

  • el carácter anárquico de la producción;

  • el hecho de que el capitalismo se ha desarrollado siempre en detrimento de formaciones sociales no capitalistas a las cuales destruye y somete a su régimen de producción

  • la tendencia a la baja de la tasa de ganancia que traba la acumulación de capital;

  • la imposibilidad de extender el mercado para estar a la altura de la expansión de la producción.

En el movimiento obrero hay un debate que dura casi un siglo para saber cual de ellas es la decisiva en el hundimiento del capitalismo. Este es pues otro posible tema a abordar.

¿La decadencia del capitalismo es un proceso de hundimiento lineal?

Hay otro elemento de discusión: que el capitalismo haya entrado en decadencia ¿significa que ya no puede desarrollar de ninguna manera las fuerzas productivas de la sociedad, que cae en un periodo histórico de bloqueo absoluto y definitivo de las fuerzas productivas? O, más bien, ¿la decadencia se manifiesta como una tendencia general que domina la evolución histórica pero que no excluye momentos más o menos extensos y profundos de desarrollo?

Para responder a esta pregunta tenemos que considerar una historia de la evolución del capitalismo en los últimos 100 años donde podemos distinguir a grandes rasgos:

  • primera guerra mundial

  • oleada revolucionaria mundial de 1917-23

  • aplastamiento de la oleada revolucionaria y recuperación económica de 1920-29

  • Gran Depresión de 1929 y tendencia a la preparación de la segunda carnicería mundial

  • Segunda guerra mundial: 1939-45

  • Periodo de prosperidad económica entre 1950-75 en un buen número de países

  • Largo periodo de crisis y estancamiento desde entonces con pequeños momentos de relanzamiento pero con tendencia siempre creciente a la convulsión y a una agravación nunca vista de sus contradicciones.

Las consecuencias de la decadencia del capitalismo

Quisiéramos someter a vuestra consideración los rasgos que a nuestro juicio alteran profundamente la vida económica, política y social del capitalismo durante el siglo XX (y XXI) y que se explicarían como parte del proceso de decadencia del capitalismo:

  • A nivel político el parlamento pierde la función decisoria que poseía y se convierte en la cámara de registro de decisiones tomadas desde el ejecutivo y los poderes “no visibles” del Estado (ejército, patronal, sindicatos y otras instituciones)

  • Los sindicatos se integran en el Estado y se ponen a su servicio como fuerzas de control del proletariado. En esa situación se convierten en inutilizables para el proletariado que tiende a desarrollar en el curso mismo de la lucha órganos tales como las Asambleas Generales y, en situaciones revolucionarios, los Consejos Obreros

  • Los antiguos partidos y organizaciones obreras son absorbidos por el Estado y tienden a configurar el ala izquierda del aparato político del Capital: socialdemocracia, estalinismo, trotskismo, la CNT …

  • Se desarrolla en todos los países bajo diferentes formas16 la tendencia general al capitalismo de Estado como un mecanismo de control del conjunto de la economía y de la vida social subordinándolas a los designios generales del Capital nacional

  • El nacionalismo y la ideología de la unión nacional de “todas las clases” toma una forma preponderando como medio de disciplina ideológica y de sumisión al interés nacional del Capital del proletariado y de toda la población explotada.

Las consecuencias para el proletariado

Exponemos a continuación las consecuencias que en nuestra opinión tiene la decadencia del capitalismo para la lucha del proletariado.

La primera y más importante es que plantea la necesidad de la revolución proletaria mundial.

La segunda, estrechamente relacionada con la anterior, es el cambio en los métodos de lucha del proletariado (tendencia a la huelga de masas o, en palabras de la IC “a la acción directa de masas contra la máquina gubernamental burguesa”), en la organización general de sus luchas (desarrollo de Asambleas Generales y en momentos revolucionarios de Consejos Obreros) y en la relación entre los revolucionarios y el conjunto de la clase.

Respecto a la perspectiva de la revolución proletaria, la evolución histórica que lleva el capitalismo a su decadencia no plantea una única salida: su reemplazo por el modo de producción superior, el comunismo. Ya Engels y después Rosa Luxemburgo y la Internacional Comunista plantearon la evolución histórica en términos de dilema: Socialismo o Barbarie, Revolución Proletaria Mundial o Guerra Imperialista generalizada.

La evolución en uno u otro sentido depende de la relación de fuerzas entre las clases vista ésta a escala mundial.

Si la relación de fuerzas se inclina del lado del proletariado la evolución se abre hacia la revolución mundial. En cambio, si aquella se inclina hacia el reforzamiento del control ideológico de la burguesía (especialmente con el desarrollo del nacionalismo), de la desmoralización y desbandada del proletariado, la tendencia es hacia la guerra imperialista generalizada.

Esto podemos verlo concretamente en diferentes momentos históricos desde principios del siglo XX:

  • 1914 se abre un curso hacia la guerra imperialista generalizada debido a la derrota ideológica que supone para el proletariado la claudicación de los partidos de la II Internacional ante sus capitales nacionales respectivos;

  • 1917 la recuperación del proletariado del golpe que significa la guerra abre un curso histórico donde la revolución es posible

  • La derrota física e ideológica del proletariado abren el curso hacia la guerra imperialista generalizada: la 2ª Guerra Mundial

  • Desde 1968 el resurgir histórico del proletariado y su no alistamiento en la guerra imperialista abre la posibilidad de que a término se produzca un asalto revolucionario a la fortaleza capitalista.

Esperamos haber planteado unas cuestiones básicas de reflexión, sería interesante a partir de ahí que fuerais contribuyendo en un debate contradictorio que siente las bases para una discusión fructífera en el Encuentro.

CCI 23-7-08

O SISTEMA DO CAPITAL EM CRISE Oposiçao Operaria Brasil

Desde meados do século XIX até o começo do século XX, os trabalhadores já lutavam para ter suas organizações de classes reconhecidas e legalizadas pelo ascendente sistema capitalista. Findo este período de livre concorrência e já trilhando uma segunda fase, o do domínio do capital financeiro, dos monopólios produtivos e com taxas de lucros mais elevadas, o capital lançou as bases do que passou a denominar de Estado do bem-estar social. Esta variável consistiu na montagem de ampla infra-estrutura para produção de bens e produtos manufaturados, melhorias de salários (em decorrência de pressão dos trabalhadores) e assistência social do tipo previdência, seguro desemprego, participação nos lucros e conselhos administrativos das empresas etc. Foi o período de apogeu e glória dos governos sociais-democratas na Europa no pós Segunda Guerra Mundial.

No entanto, a partir das décadas de 1960 e 1970, a produtividade do trabalho entrou em declínio, as taxas de lucro se precipitaram para baixo e o capital passou a conhecer a grande crise do século XX, que perdurou pelos anos 80 e 90, persistindo neste início do século XXI.

A crise pôs um ponto final nos governos de tipo social-democrata da Europa ou nas frentes populares, que foram muito comuns na América Latina. Estes governos nos deixaram, porém, um legado do qual se têm aproveitado os capitalistas: é o da cooptação ou enquadramento dos trabalhadores em aparelhos e formas de associação que impedem sua luta e organização autônoma.

Organizar-se para luta

A luta pelo direito de se organizar em associações e sindicatos sempre foi o objetivo dos operários ao longo destes anos de exploração. Reconhecidos ou não, os sindicatos foram criados e se mantiveram às custas de perseguições e intolerância contra os trabalhadores.

Hoje, quando o capitalismo passa por sua pior crise, sofrendo um agravamento de suas contradições, onde as condições que haviam permitido seu extraordinário florescer deixaram de existir, os governos da burguesia tudo fazem para que os operários em luta não ultrapassem as formas de organização tipo sindicatos.

O que terá acontecido? Os sindicatos ainda defendem os interesses da classe trabalhadora? Ou será que atualmente, limitam estas lutas ao entorpecimento da consciência de alguns trabalhadores.

Esses questionamentos feitos por trabalhadores neste período de crise é o que este panfleto se propõe a responder resumidamente.

Depois de um período relativamente longo de florescimento (apesar das crises conjunturais) o capitalismo entrou em um longo período de desaceleração econômica que já perdura por mais de trinta anos.

Nestes termos, temos portanto durante toda essa fase, uma só crise permanente, com crescimentos de fôlego curto, logo ajustados pela persistência da crise.

Resumindo, a maquina capitalista está travada e os trabalhadores sofrem com salários que não cessam de baixar, ao mesmo tempo em que um numero cada vez maior de famílias passam a ter desempregados em seus lares sem esperanças de arrumar trabalho.

Dada a impossibilidade dos patrões em oferecer algum tipo de alívio, as concessões antes outorgadas (no período do Estado de bem-estar social) foram pulverizadas fazendo com que o mínimo necessário para sobrevivência dos trabalhadores seja também questionável.

Diante de uma conjuntura adversa, o patronato já não oferece (mesmo sobre forte pressão dos trabalhadores) benefícios duradouros à classe operaria. Isso os defensores do capital não podem esconder, mesmo contra sua vontade.

Os sindicatos não reconhecem esta realidade. Reconhecer este estado de coisas corresponderia a reconhecer sua ineficácia e arruinar-se abandonados como um traste inútil e absoleto que são.

Por isso a classe operaria desconfia cada vez mais desses sindicatos, verdadeiros organismos de representantes do capital para encaminhar as políticas de austeridade contra a classe operaria, suspeitas cada vez mais abertas e flagrantes.

Quando a burguesia tem queda em suas margens de lucro e quer impor mais sacrifícios aos trabalhadores, os sindicatos respondem: “Nada de sacrifícios!”, mas, logo acrescentam... a menos que sejam igualmente repartidos entre trabalhadores e patrões.”

O resultado dessa farsa (representada cinicamente pelos sindicalistas) é sempre o mesmo: novos sacrifícios para os trabalhadores em proveito do patrão.

Em nome de uma realidade perversa, os sindicatos conciliam com os patrões, negociando leis antioperárias, impondo a lógica do capital às condições de vida dos trabalhadores no confronto com os capitalistas. As ações dos sindicatos ficam claras aos olhos dos trabalhadores como o que de fato é: uma traição.

Desviam as lutas dos trabalhadores para o isolamento corporativo impossibilitando a unificação das greves; canalizam a combatividade para ações ineficazes junto ao parlamento; enfraquecem a solidariedade de classes; desmobilizam e controlam.

A função dos sindicatos fica clara quando vemos, durante qualquer conflito, elementos da direção tentar impedir a radicalização da categoria, usando artimanhas do tipo: a categoria não está mobilizada suficientemente; não vamos oferecer pretextos para repressão; estamos isolados, etc. Fazem na verdade o papel de sabotadores.

Sabotadores das lutas operárias e representantes não oficiais dos patrões na sociedade capitalista em crise, os sindicatos tornam-se cada vez mais órgãos de assistência social ou prestadores de serviços.

Os sindicatos não são o único modo da classe trabalhadora se organizar, apesar de, historicamente, terem sido uma importante forma de luta para a classe. Agora, é uma organização típica de controle e sabotagem do processo de luta de classes.

É por isso que neste período de crise do capitalismo e diante da falência da forma sindicato, os patrões e governos não aceitam outro interlocutor da classe trabalhadora senão o sindicato. Através dos órgãos de comunicação repetem aos trabalhadores que sua organização passa pelos sindicatos.

Mas existem também muitas outras formas que, por não estarem enquadradas dentro da oficialidade estrutural do capitalismo, cavam e criam condições necessárias para aparição de formas superiores de organização. Falamos aqui dos conselhos de trabalhadores, que aparecem sempre onde começam os círculos e comissões de fábricas, para caminhar em direção a um universo mais abrangente e representativo como os comitês de bairros ou fábricas.

Não somos portadores de formulas prontas para a organização da classes. A história da luta de classes é uma fonte importante de ensinamento sobre esta questão. Dada a sua falência, sabemos que a forma de organização não pode ser o sindicato, pois ele tem existido para abafar as lutas e desviá-la para impasses e derrotas. Por isso precisamos de uma forma de atuar diferente. Nós da Oposição Operária nos colocamos nesta perspectiva.

SITUACIÓN ACTUAL DEL CAPITALISMO grupo ANARRES Brasil

La primera cuestión a considerarse es la del capitalismo como “dictadura totalitaria y universal de la ley del valor contra las necesidades humanas”, como un modo de organización social en lo que el progreso, su evolución, su desarrollo son necesariamente amenazas contra la existencia del hombre y su planeta, contra la subsistencia misma del proletariado, pese el imprescindible papel de su explotación en la valorización del valor y la dictadura del dinero. Igualmente, el progreso capitalista es siempre el progreso de la destrucción medioambiental, de la destrucción del planeta, reducido, desde el punto de vista del capital a una sola materia prima, a capital fijo, a un conjunto de recursos que hay de quemar para los fines de la producción y de las ganancias. Todo el progreso técnico-científico y los presuntos avanzos de la civilización capitalista (y también de la sociedad de classe, das que el capitalismo es el modo más desarollado y sofisticado), todas las dichas conquistas del progreso mercantil son necesariamente derivadas de la explotación a sangre y hambre de los trabajadores, de la deterioración del medioambiente, de la guerra fratricida entre sectores del capital, de la competencia, de la división del trabajo (y del trabajo mismo) con sus conocidos resultados, del terror estatal y paraestatal para el mantenimiento del orden y de la paz social, de la pauperización generalizada coincidiendo con la proliferación del desempleo, de las favelas, de las expulsiones.

Sólo con esta perspectiva, considerando el mundo burgués y la dictadura capitalista en su totalidad podemos tener un panorama de las dificultades vigentes en el actual contexto histórico del sistema social y vislumbrar con mayor coherencia las contradicciones internas , sus resultados y las interacciones entre los distintos factores de la dinámica social del capital. Dicho eso es con base en tal constatación que las propuestas de los revolucionarios han de tener relieve en el combate contra el capitalismo, con el potencializar de las luchas de nuestra clase en la perspectiva de la muerte social del reino burgués.

Desde las constataciones sobre el estado del capitalismo incluimos las cuestiones de la lucha de clases y de la catástrofe ambiental que son dos aspectos derivados de esta dinámica más amplia. Subrayando qué para nosotros no se trata de evaluar el real a partir de principios metafísicamente preestablecidos. Si así lo fuese, tenderíamos más a una “metodología” que a una investigación del real a partir del real, abstrayendo el todo y se deteniendo unilateralmente en las partes o “intuyendo” el todo sin considerar las contradicciones y la interacción de las partes que lo componen. Al igual, la experiencia histórica hay de ser considerada y el conocimiento indirecto y en diversas perspectivas para se tener una evaluación de la dinámica social actual.

Eso implica, antes de todo, a una observación acerca del contexto actual de crisis financiera, por ser el más discutido y predominante. Los periodistas, la “izquierda” del capital, los economistas y los académicos, todos hablan de crisis cómo si esta tuviera vida propia o apartada de la historia y garantizase extrasocialmente la derrocada del capital. Pero es necesario cuestionar ¿La crisis es el sujeto de la historia? Creer en uno automatismo de los hechos económicos es creer en una caída automática del capitalismo, lo que consideramos discutible. “El que hace todo esto, el que posee y lucha, es mas bién el hombre, el hombre real, viviente…no es la ‘Historia’ quién utiliza al Hombre como medio para laborar sus fines – como si tratara de una persona aparte- pues la Historia no es sino la actividad del hombre que persigue sus objetivos” (K.Marx y F.Engels, “La Sagrada Familia”).

Luego, el movimiento de crisis en la economía sucede con respecto a reanudación, con notoria agudización, de la guerra social en contra el proletariado: los resultados son siempre los conocidos como los despidos, el alta del costo de vida, los impuestos y tasas (modo de recuperación, por parte de la burguesía de parte del producto social), la pauperización, la depreciación aún mayor de la propia fuerza de trabajo del obrero (constatar el aspecto salarial, las modalidades de precarización, etc.). Si esto movimiento traduce la tendencia de maximización de las ganancias y a corto plazo en el cuadro de la competencia entre diversos sectores burgueses es igualmente un movimiento del sistema social orientado en contra el proletariado no solo en el aspecto prosaico de tener de pagar a la crisis. Pero incluye un aspecto de desmovilización de la clase, de paz social y ciudadana, de encuadramiento socialdemócrata de una correlación de fuerzas hostil a la clase y que habilita la burguesía a lograr las más explícitas medidas de austeridad, de ahorro. Los procedimientos emergenciales de la burguesía en contextos de colapso económico solamente ganan relieve cuando preventivamente la clase fue (parcialmente) neutralizada por la contrarrevolución y sus aspectos de manipulación fascista o antifascista, nacionalista, belicista, electoralista, estatista, etc. No es por casualidad que grandes crisis económicas (por ejemplo la de 1929 o la de 1974-79) se hayan sucedido en períodos de dispersión antiproletaria. Es decir, la “economía” no es apartada de la lucha de clases. Efectivamente es necesario desmistificar el mito de la “crisis mundializada” del capital como siendo empezada ayer de mañana. Toda la historia del capitalismo incluye la dictadura mundial de la burguesía, tiene como fundamento y resultado el mercado mundial y sus trastornos repercuten mundialmente desde el sistema se ha organizado. Es necesario distinguir crises generales (1929, 1974, 1997, 2008-2009) de crisis más restrictas en el tiempo y espacio (2005 en Noruega, 2007-08 en Camerún, los años 80 en Latinoamérica, 1947-49 en EE.UU y Inglaterra, 1965-68 en Francia, etc.). La fusión de ambas puede resultar en crisis específicas con mayor agudización geopolítica que en el contexto global (Indonesia en 1997, actualmente España, Islandia, Irlanda, etc.).

Las crisis no pasarían sin lo apoyo más o menos explícito de sectores considerables del proletariado movilizados para la defensa de ese o aquel estado nacional, de esa o aquel fracción burguesa más “filantrópica”, “izquierdista” o “humanista”. La movilización proletaria represada por la burguesía es tan necesaria para las crisis como la alta de la deuda. Las luchas infiltradas por el reformismo, legalismo, pacifismo…son anuladas por el Estado para garantizar la paz social y el terror de la ley y el apoyo proletario a la propia explotación: las luchas proletarias que no se orientan hacia la revolución son factores de valorización del capital puesto que con diversos factores adiestran los patrones y los sindicatos (y otras organizaciones) en las tácticas de cooptación que inmediatamente después resulta en mayor capacidad de la burguesía para bloquear la lucha proletaria y luego garantizar sus ganancias. Al igual, las reivindicaciones reformistas- sean salariales, autogestionarias, por mejores condiciones de trabajo (es decir, de explotación) – no cuestionan la propia explotación y la burguesía contraataca (cuando no reprime de inmediato) con “nuevos” sistemas gerenciales, de organización del trabajo, de extracción de plus-valía y pretendidas “conquistas” legales pero logo descartables tan pronto la clase es desmovilizada17.

Otras cuestiones localizando crisis y lucha de clases desde una perspectiva no economicista y no voluntarista es la del ataque burgués a las condiciones de vida obreras: de las guerras a los despidos. Pese la resistencia obrera y el esfuerzo de los agrupamientos del capital se mantiene mientras tanto no exista la clase organizada en partido histórico, planteando y reanudando de modo amplio el derrbumbe del sistema.

Y por conclusión, hay que proponer indagaciones tales como: la burguesía y su intelectualidad, los media, y la izquierda hablan solamente de las pérdidas financieras de los capitales, “olvidando” el aspecto de la crisis como reconfiguración (formal) económico-social de la burguesía intentando el fortalecer de la ley del valor, destruyendo poblaciones, sectores y hasta medios de producción costosos o sin liquidez. Y sin aludir a los diversos subterfugios a los que la burguesía echa mano para tener soluciones provisionales: especulación sobre los excedentes (una de sus posturas en la dificultad de la sobreproducción), endeudamiento asociado a subsidios a la consumación, migración oscilante de inversiones por regiones y sectores económicos (que es determinada por la correlación de fuerzas dentro de la propia burguesía y en ultima instancia, por la sobrevida de la ley del valor), “nuevas” formas de trabajo (siempre más precarias) y fuerzas productivas hasta una mayor captación de plus-valía que aporte una apariencia de realismo a las operaciones financieras, sosteniéndolas. La afirmación de que el Estado sería “externo” a la economía, común en la izquierda del capital y en los economistas keynesianos queda insostenible puesto que el Estado es no solamente órgano represivo y defensa de la clase dominante desde una mirada “política”, pero es una gran empresa auxiliar a las demás y al conjunto de la burguesía desde las orígenes del capitalismo mismo. Efectivamente es un mito echado por los antifascistas y la izquierda del capital para atacar o defender la “estatización” de la economía. La crisis es igualmente observada por los “izquierdistas” y liberales como una “anomalía” o período “excepcional” y provisional, desde el cual seria necesaria la intervención inmediata de los militantes o que “naturalmente” sería solucionada en términos exclusivamente “económicos” por el sistema. La única crisis que nosotros reconocimos es la crisis social que no puede ser reducida a ningún aspecto particular del desarrollo histórico del capitalismo que es siempre el desarrollo de la enajenación, de la vida mediada y da la esclavitud asalariada y destrucción del ambiente.

EL DISCURSO CINICO, CARACTERISTICA DE LA DECADENCIA Contribución personal de un compañero del Núcleo de Discusión Internacionalista de Ecuador

¿A qué estado de desarrollo hemos llegado?, ¿a una decadencia de un modo de producción o a la decadencia de la modernidad como proyecto civilizatorio?; ¿qué elementos de la modernidad están en cuestión y cuales son los peligros que la asechan desde que se consolidó el capitalismo como modo de dirigir la vida humana?

Podríamos decir que entre los tantos discursos que se esgrimen a favor del capitalismo, es que es la “única” sociedad que ha logrado concentrar las fuerzas productivas en una determinada unidad estructural capaz de ponerla en movimiento a favor de pocos individuos y, estos a determinar el rumbo de toda la vida en general, (cosa que no es nada nuevo); es decir, que el progreso y el desarrollo, como discurso y práctica en última instancia se nos plantea que depende de la propiedad privada del capital y la debida inversión en la sociedad; el proceso de desarrollo de las fuerzas productivas anteriores jamás logró el nivel de desarrollo que alcanzado la modernidad desde lógica capitalista. Este discurso de progreso esta acompañado de mitos demiúrgico como salidos del espectáculo del advenimiento de una supuesta sociedad más “desarrollada” de la que la historia saldría sobrando, discurso a demás que se presente como el totalizador de la vida, sin el cual la vida humana esta condenada a repetir en los múltiples intentos por llegar a un grado de desarrollo más elevado. Para lograr este espectáculo que ha maravillado hasta el último rincón de la tierra, esta lógica de modernidad capitalista lo ha hecho desde el sometimiento violento y por otro desde la prefiguración y propagación de ideas que se han vuelto mitos en tanto en cuanto elementos que establecen una aparente subida de escalón hacia la civilización moderna, estos mitos son: revolución, democracia, progreso, nación, libertad; discurso que se vio consolidado, luego de los múltiples triunfos de la burguesía que se erigió en clase hegemónica luego de la Revolución Industrial y la Revolución Francesa respectivamente, remplazando de esta manera a las anteriores clases dominantes. Sin embargo, dicha hegemonía ha estado siempre tambaleando, por que si bien es cierto, venció a las clases anteriores a su dominación, no ha podido vencer su antitesis que es el resultado de sus propias contradicciones: el proletariado; por lo tanto podríamos decir que la hegemonía con la que ha gozado el proceso de dominación burgués no ha sido completo en el sentido totalizador del dominio de las “cosas”; desde mediados del siglo XIX, al menos podemos contabilizar un sin número de revueltas proletarias, las más espectaculares, las revueltas de 1848 en Europa; la Insurrección obrera de 1871 en Francia; la Revolución Bolchevique de 1917; las revueltas proletarias en la década de 1930 en España; las revueltas de mayo de 1968, si a eso sumamos un sin número de revueltas locales y regionales en América Latina, África, Asia, podemos evidenciar que la dominación burgués siempre estuvo y estará cuestionada e impugnada por el proletariado en la medida que el mundo que se le ofrece, es un mundo donde no entra

La revolución copernicana, no solo implicó la introducción del individuo en lugar de lo divino, sino que el hombre se lo prefiguraba como el dinamizador de todas las cosas, como el constructor de su propio destino; se abría, de esta forma, una posibilidad de SER hombre y mujer en un mundo que los presuponía como fundamento de la realidad del mundo, en tanto en cuanto trabajadores, categoría introducida posteriormente por Marx y Engels para completar la esencial que distingue lo humano del resto de seres viviente sobre la faz de la tierra.

La modernidad a la que asiste la humanidad se caracteriza en todo el proceso de desarrollo por la permanente disputa del tipo de sociedad humana en tanto en cuanto organización del mundo de la vida a la que se debe arribar como estadio superior de la misma; en ese proceso es notorio que la lucha por las ideas en el campo teórico - científico es llevada al campo práctico de las luchas de clases, con dos orientaciones bien determinadas: por un lado la burguesía con su proyecto civilizatorio de humanidad, y por otro, las ideas de socialismo-comunismo, igualmente como proyecto civilizatorio, en un inicio utópico, para transformarse luego en científico, dirigido y apropiado de cuando en cuando por el proletariado, digo de cuando en cuando, porque a diferencia de la clase burguesa el proletariado sumido en sus propias condiciones materiales y espirituales de explotación de la que ha resultado ser la víctima directa del proyecto civilizatorio de la burguesía le ha sido más difícil apropiarse de su propio proceso de emancipación como clase dominada; por eso Trotski se atreve decir, en el prefacio de su obra “Historia de la Revolución Rusa” que, “las masas no van a la revolución con un plan preconcebido de sociedad nueva, sino con un sentimiento claro de la imposibilidad de seguir soportando la sociedad vieja. Solo el sector dirigente de su clase tiene un programa político, programa que, sin embargo, necesita todavía ser sometido a la prueba de los acontecimientos y a la aprobación de las masas”. Estas dos corrientes de orientación distintas y dispares en formas y contenidos de organizar el mundo de la vida humana han estado presentes al menos en estos dos últimos siglos, con mayor ímpetu, según el desarrollo alcanzado por la misma lucha de clases, escenario en el que indiscutiblemente se confrontan una y otra orientación en el terreno práctico político, elementos sobresalientes de la construcción histórica de la humanidad. Es en este terreno que entran en juego aquellos mitos de los cuales se hablaba más arriba que ciertas tendencias supuestamente marxistas, revolucionarias y por el socialismo es que se envilecen y tienden a reproducir desde la misma lógica burguesa.

A priori, podemos decir que la modernidad adquirido una lógica que a vaciado, prácticamente el contenido de este ideal de humanidad, que ella mismo propone, el modo de producción único y exclusivo de carácter capitalista, por lo tanto, no solo esta en decadencia un modo de producción, sino el tipo de civilización que se propone como organizador del mundo de la vida. Esta crisis, de la cual no la salva nadie, esta acompañada inexorablemente por una salida que no será desde la misma lógica capitalista, sino desde el otro proyecto civilizatorio, que a pesar de haber sido manipulado, denigrado y falsificado, sigue intacto; los múltiples intentos de erigirse como un modo y civilización en que el hombre pasa del “reino de las necesidades al reino de la libertad”, aun no ha sido construido, los intentos fracasados del elemento subjetivo del proletariado, incluido sus propias desviaciones, han significado acontecimientos históricos, proceso de apropiación que el proletariado debe hacer concientemente para lograr desviar el cursos de la historia a su favor y no a favor de otros, ese proceso no esta determinado por el tiempo ni el camino esta lleno de rosas, al contrario es un proceso doloroso y a veces hasta desesperanzador, pero es justamente el límite entre la posibilidad de SER y la imposibilidad de seguir soportando un mundo en que las llamas del infierno lo siguen carcomiendo, es que nuevamente vuelve aparecer cuando menos lo esperan; eso significa que en la presente realidad adquiere relevancia histórica sin precedentes el hecho de poner el comunismo como única salida a la decadencia del capitalismo. El desarrollo de las fuerzas productivas que indudablemente se han desarrollado, no da como resultado automático el “bienestar” de la humanidad, paradójicamente resulta lo contrario; el ideal de sociedad que propone la burguesía, es una sociedad explícitamente incompleta, el discurso le queda demasiado grande frente a las contradicciones que la práctica burguesa produce todos los días; es, también, en este terreno que el discurso burgués se tornado cínico como respuesta anacrónica a su propia crisis; es este resultado incompleto del proyecto civilizatorio burgués, y que no tiene compostura, es que peligrosamente se erigen tendencias de “oposición” enarbolando el marxismo y la revolución ha tratar de completar aquello que la burguesía no lo ha podido hacer; no lo ha hecho, no por que pueda hacerlo, es que es un proyecto que no puede realizarse objetivamente para toda la humanidad, por que es un proyecto basado desde la lógica de lo privado y de la acumulación de riqueza en pocas manos; es un proyecto donde el individuo burgués se torna en dinamizador de los demás, no solo como explotador, sino como orientador de la vida, en esta forma de ver el mundo, él y todos los demás son considerados simples objetos de la realidad de la producción de la riqueza, desde esa perspectiva es imposible construir SERES humanizados, desde esta lógica construir humanidad no es el objetivo, sino producir ganancia y no es de otra manera. Afortunadamente el proletariado cada vez más ira dándose cuenta que sus frustraciones, su vida miserable, sus prohibiciones aparentemente eternas puede ser removido a su favor.

El discurso cínico de la burguesía es la categoría más sobresaliente como acepción peyorativa de su modo de obrar, que es capaz de llevar a la práctica aquello que en el discurso niega, alguien que no tiene escrúpulos al utilizar en beneficio propio los puntos flacos de las contradicciones que provoca su propio proyecto, discurso que a demás lo erige como única verdad y solución a la ves de los conflictos de su decadencia. Los niveles de contradicción son tales que en la realidad concreta actual quedan sobrando los discursos y los mitos comienzan a desmitificarse, ni siquiera por que el proletariado haya entrado en acción, sino por que ya no dan para más; ello no significa que el modo burgués de producción y de vida se derrumbe automáticamente, eso no sucederá así; puede perdurar con su podredumbre y es probable que en esa podredumbre más bien arrastre a la sociedad hacia procesos irracionales, cuya connotación más peligros es la barbarie, de hecho, acontecimientos espantosos para la humanidad han empezado a tener eco en todas partes: hambrunas por un lado, obesidades en otros; la violencia se impone al conocimiento en casi todos los aspectos de la vida cotidiana; la esperanza como categoría de prefiguración del futuro desaparece en jóvenes que no ven más que el suicidio, las drogas, como única salida, etc.; es decir, frente a una estado de agotamiento de la política burguesa que cada vez pierde efecto en la realidad concreta, como lo fue y lo viene siendo fenómenos tan mentados, en estas tres últimas décadas de procesos regresivos fundamentalistas como las propuestas neoliberales, los fundamentalismos religiosos, étnicos; guerras, nacionalismos exacerbados, etc., fenómenos que no dan cuenta del ideal de “progreso” y “desarrollo” con lo cual la burguesía se jactaba hasta hace no mucho tiempo en decir que ese mundo es el más perfecto que la humanidad ha conocido, ha dejado de tener razón de ser. Estos fenómenos provocaron cierta connotación en un cierto sector de luchadores del ocaso, que prescindiendo del proletariado y haciéndolo invisible han intentado dizque ser los “alternativos de otro mundo es posible”, sin embargo, la miopía con la que miran el mundo les ha imposibilitado ver la dinámica mismo del capitalismo y han sido los ideólogos de la suplica por un capitalismo de “rostro humano”, como si este tuviera rostro y por lo tanto humano, su naturaleza es antihumana en la forma que se lo perciba; este tipo de salidas no han sido menos dramáticas para la humanidad; el peligro que se corre frente a estas iniciativas es que son propuestas salidas de la misma matriz que organiza el mundo de la vida actual, es decir, burguesas, por lo tanto las repercusiones provocan un cierto desencanto en las masas proletarias como si “objetivamente” no hubieran más salidas que la misma podredumbre, un círculo vicioso de lo mismo; las izquierdas del capital podríamos decir que son tan peligrosas y hasta hacen el mérito de parecer mucho peor que la misma clase burguesa por que insuflan aire a un cadáver que esta bien muerto, valga la redundancia; los discursos de revolución, democracia, nación y progreso, es decir como si la crisis capitalista de la que no podrá salir, fuera el resultado de falta de revolución industrial, tecnológica, científica; falta de participación ciudadana; estados nacionales incompletos y falta de progreso de las fuerzas productivas. Es que no puede ser de otra manera, en la ideología y la interpretación burguesa de estas palabras, es que, eso significa, no es otra cosa que eso mismo; entre el idealismo y los resultados prácticos de un proyecto civilizatorio burgués no podemos encontrar más que contradicciones y cinismo, cuestión esta criticada hasta la saciedad por Marx y Engels.

¿TEORÍA DE LA DECADENCIA O DECADENCIA DE LA TEORÍA? Grupo ANARRES Brasil

Colectivo Aufheben

[Traducción de Julio Cortés; imágenes de Roland Topor y Mark Ryden]

Parte I

Introducción

Somos sujetos enfrentados a la realidad objetiva del capitalismo. El capitalismo aparece como un mundo fuera de control - la negación del control sobre nuestras propias vidas. Pero es también un mundo en crisis. ¿Cómo nos relacionamos con esta crisis?

Una idea que ha sido dominante entre los críticos del capitalismo es que la crisis capitalista, especialmente una crisis prolongada y severa como en la que estamos actualmente, demuestra que el capitalismo como sistema objetivo está declinando. El significado de la declinación es, o bien que ya se han creado las bases para el 'socialismo', y/o que el actual sistema se está moviendo a través de sus propias contradicciones hacia un estallido. El capitalismo, se ha dicho, es un sistema mundial que maduró en el siglo XIX, pero que ha entrado en su fase declinante. Según nuestro punto de vista esta teoría de la declinación o decadencia del capitalismo es un obstáculo para el proyecto de abolir el sistema.

Puede parecer un mal momento para criticar la teoría de la decadencia. Enfrentados a una desilusión generalizada respecto al proyecto revolucionario y a la falta de una ofensiva de la clase trabajadora, hay una comprensible tentación de buscar refugio en la idea de que el capitalismo como sistema objetivo se encuentra, pese a todo, moribundo, dirigiéndose inexorablemente hacia su fin. Si el movimiento subjetivo por el cambio revolucionario parece estar ausente, la gravedad de la actual crisis aparece como la evidencia de que las condiciones objetivas traerán un cambio con perspectivas de una revolución.

En la teoría de la declinación hay un conjunto de temas que se encuentran inter- relacionados (crisis, colapso automático, la periodización del capitalismo en fases ascendentes y descendentes, la noción de transición y el problema ontológico de la relación entre sujeto y objeto). En un sentido general diremos que la teoría de la declinación representa una forma de ver las sucesivas crisis del capitalismo como expresiones de una tendencia descendente general. Una complicación al analizar esta teoría es que hay numerosas versiones de ella. Entre aquellos que se presentan a sí mismos como revolucionarios las dos variantes principales de la teoría son la del trotskismo y la del comunismo de izquierda, que pese a ser similares en cuanto a su origen, son sustancialmente diferentes en cuanto a la manera en que la teoría afecta sus políticas. Para algunos comunistas de izquierda la política está virtualmente reducida a propagandizar hacia las masas el mensaje de la decadencia del capital, mientras para muchos trotskistas la teoría actúa más bien como un telón de fondo que inspira su teoría de la crisis y de la organización, y también su trabajo de agitación.

En esencia la teoría sugiere que el capitalismo como sistema surgió, creció hasta alcanzar la madurez y ya habría entrado en su fase de decadencia. Las crisis del capitalismo son vistas como la evidencia de una condición de fondo más severa: la enfermedad del sistema capitalista. El desarrollo capitalista implicaría la creciente socialización de las fuerzas productivas y llegado un cierto punto las fuerzas de producción capitalistas habrían entrado en conflicto con las relaciones de producción. El concepto de declinación del capitalismo está ligado a la teoría de la primacía de las fuerzas productivas. La fuerza motriz de la historia es vista como la contradicción entre dichas fuerzas y las relaciones de producción. Esto es en su quintaesencia una teoría marxista que se apoya en la posición básica que Marx plantea en el Prefacio a la Contribución a la Crítica de la Economía Política.

La mayoría de las versiones de esta teoría ubican el paso del capitalismo desde su madurez a su declinación en algún momento cercano a la primera guerra mundial. La forma actual de capitalismo se caracteriza por aspectos declinantes o en decadencia. Las formas en que se manifiesta este cambio son: el desplazamiento desde el laissez faire al capitalismo monopólico, la dominación que ejerce el capital financiero, el aumento de la planificación estatal, la producción para la guerra y el imperialismo. El capitalismo monopólico señala el incremento de los monopolios y carteles y la concentración del capital al extremo de que multinacionales gigantescas cuentan con más bienes que los países pequeños. Al mismo tiempo, en el fenómeno del capital financiero, se pueden ver grandes montos de capital que se desvinculan de los procesos de producción particulares para moverse ágilmente en busca de beneficios a corto plazo. Con el aumento de la planificación estatal el Estado se asimila con los monopolios de varias formas, tales como la nacionalización y el gasto en defensa – se trata del capital organizándose. Esta planificación expresa el intento del Estado de regular el funcionamiento del capitalismo en beneficio de las grandes firmas y monopolios. La estatización es vista como la evidencia de la declinación porque demuestra que la socialización objetiva de la economía iría en contra de la apropiación capitalista; ello se interpreta como una fase de declinación en que el capitalismo trata desesperadamente de mantenerse a flote mediante la adopción de métodos socialistas. El gasto público y la intervención estatal son vistos como un intento destinado al fracaso por evitar las crisis que constantemente amenazan al sistema. La producción bélica es una forma particularmente destructiva de gasto estatal, en la que grandes segmentos de la economía son destinados a una finalidad esencialmente improductiva. Esto se relaciona estrechamente con el imperialismo, que es visto como la característica del capitalismo en su época de declinación. La 'época' de dea¡cadencia supuestamente se habría iniciado, de hecho, con la división del mundo entre las grandes potencias que desde entonces lucharon en dos guerras mundiales por la redistribución del mercado mundial. Se cree que las guerras y la amenaza de guerra demuestran que la única forma en que el capitalismo puede continuar existiendo es mediante la destrucción, sugiriéndose que si el capitalismo no se puede salvar a sí mismo por otros medios nos va a conducir a la guerra.

En el momento actual, ingrato para la política revolucionaria, puede parecer deseable sustentar una posición revolucionaria en una teoría que ofrece la visión de un desarrollo objetivo de la historia en que el capitalismo parece estar dirigiéndose hacia la puerta de salida. Por otra parte, algunos de los desarrollos que han llevado a sectores revolucionarios a elaborar una teoría atractiva de la decadencia, han debilitado al mismo tiempo los supuestos de al menos algunas de las versiones de esa teoría. La crisis de la socialdemocracia y el colapso literal de la Unión Soviética han sido presentados como un triunfo del capitalismo y el final de la historia. En el este y el oeste solía ser posible enarbolar el inexorable avance de las formas socialistas como evidencia concreta de que la historia se mueve progresivamente hacia el socialismo o el comunismo. La idea de que el socialismo representaba el progreso se complementaba con la idea de que el capitalismo había entrado en una fase decadente. Se decía que la socialización de las fuerzas productivas estaba en abierta contradicción con la apropiación privada. Ahora que se concretó un giro hacia la privatización de áreas nacionalizadas en el oeste, y hacia la privatización de la propia clase dirigente en el este, la idea de que el desplazamiento hacia el socialismo es inevitable – idea dominante en la izquierda de los últimos 100 años - se debilita y la noción de que la historia está de nuestro lado ya no parece plausible. Con el fracaso de lo que se veía como 'el socialismo realmente existente' y el repliegue de las formas socialdemócratas, la identificación del socialismo con el progreso y la evolución de la sociedad humana es puesta en duda. Así, pareciera que lo que ha sufrido un colapso no es el capitalismo sino la historia misma.

El abandono de la idea de que el desarrollo histórico de las fuerzas productivas es un progreso hacia el socialismo y el comunismo ha derivado en tres principales corrientes de pensamiento:

1) La renuncia por parte de los 'nuevos realistas' y los 'socialistas de mercado' al proyecto de abolición del capitalismo y su viraje hacia el reformismo.

2) El rechazo post-moderno de la noción de una totalidad en desarrollo, y la negación de cualquier significado en la historia, lo cual deviene en una celebración de lo que existe.

3) La mantención de una perspectiva anti-capitalista pero identificando al 'progreso' o la 'civilización' como el problema. Este romanticismo implica suponer que la idea de movimiento histórico era errada y que lo que en realidad debemos hacer es retroceder.

Estas orientaciones no son excluyentes entre sí, por supuesto. La práctica post- moderna, en la medida que existe, es reformista, y la fracción anti-progreso se enraiza en el ataque post-moderno contra la historia. Frente a la pobreza de estas alternativas aparentes no es de extrañar que muchos revolucionarios busquen reafirmar una teoría de la decadencia o declinación: afirman que el comunismo o el socialismo sigue siendo necesariamente el próximo paso en la evolución humana, que el curso evolutivo pudo haber sufrido un retroceso pero que todavía podemos ver en la crisis que el capitalismo se está desmoronando. Sin embargo, frente a derivaciones insatisfactorias de la teoría la única alternativa no es reafirmar sus fundamentos, más bien lo que debemos hacer es re-examinarlos críticamente.

Podemos analizar la teoría de la declinación representada por dos principales facciones (¿en la izquierda?): trotskismo y comunismo de izquierda. En los comunistas de izquierda la teoría de la decadencia está en el centro de sus análisis. Todo lo que ocurre se interpreta como prueba de que la decadencia está en aumento. Un ejemplo de esto es la Internacional Communist Current (ICC: Corriente Comunista Internacional). Para este grupo, la crisis capitalista se ha vuelto crónica: 'todos los grandes momentos de la lucha proletaria han sido provocados por las crisis capitalistas'; la crisis actúa sobre el proletariado y hace posible la 'intervención de los revolucionarios'; la tarea de éstos es difundir la idea de la decadencia del capitalismo y los objetivos que pone en la agenda histórica; 'la intervención de los revolucionarios dentro de su clase debe en primer lugar y ante todo mostrar cómo este colapso de la economía capitalista demuestra más que nunca la NECESIDAD HISTÓRICA de la revolución comunista mundial, a la vez que crea la posibilidad de realizarla'. Se trata de un modelo en que la decadencia del capitalismo es una realidad objetiva que surge de su propia dinámica, que hace la revolución comunista necesaria y posible, siendo el trabajo de los revolucionarios llevar esta verdad a la clase que va a estar objetivamente predispuesta a recibir el mensaje debido a su experiencia de la crisis. ¡Hasta ahora no ha habido suerte! Aún así, para los partidarios de esta teoría la decadencia no puede sino empeorar: ya llegará nuestro momento.

En los troskos esta noción no aparece de manera tan frontal, pero de todas formas determina su teoría y su práctica. A diferencia de la repetición purista de la frase eterna sobre la decadencia que hacen los comunistas de izquierda, los troskos parecen caracterizarse por su adaptación positiva a la moda política, pero tras estas actitudes subyace una posición similar. A pesar de su insistencia en reclutar miembros conectándose con cualquier tipo de lucha, los partidos trotskistas tienen el mismo modelo objetivista acerca de lo que el capitalismo es y de las razones por las que se va a desmoronar. Agrupan miembros ahora y esperan el momento en que, debido al colapso del capitalismo, ellos van a tener la oportunidad de crecer y alcanzar el poder estatal. La posición del trotskismo ortodoxo está expresada en la declaración fundacional de la Cuarta Internacional, donde Trotsky señala: 'El prerrequisito económico para la revolución proletaria ha alcanzado en general el punto más alto de concreción que puede alcanzar bajo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad se han estancado... Las condiciones objetivas para la revolución no sólo han madurado, se están comenzando a pudrir. Sin una revolución socialista en el período histórico inmediato una catástrofe amenaza al conjunto de la humanidad. Ahora es el turno del proletariado, conducido por su vanguardia revolucionaria. La crisis histórica de la Humanidad se reduce a la crisis de dirección revolucionaria'.

Una diferencia significativa a nivel teórico es que la versión trotskista identificó históricamente a la Unión Soviética inicial como una parte (políticamente degenerada) del movimiento de la economía hacia el progreso histórico, mientras para los comunistas de izquierda ésta ejemplificaba la decadencia de la época. Así, la teoría trotskista de la decadencia, que tendía a ver a la Unión Soviética como progresista y como una prueba del carácter transicional de la época, ha sido más remecida por su colapso que la versión de los comunistas de izquierda, para quienes se trataba sólo de capitalismo de Estado y su destino era simplemente correr la suerte de la crisis permanente del capitalismo. A pesar de su antipatía hacia 'el ala izquierda del programa del capital', los comunistas de izquierda coinciden con las posiciones generales de los trotskistas sobre la decadencia del capitalismo. De hecho, los de la International Communist Current piensan que los errores de la teoría trotskista obedecen a que no manejan una concepción adecuada de la decadencia. Esta similitud que subyace a ambas corrientes puede encontrarse también en una mirada a su historia. Tanto los troskos como los comunistas de izquierda reclaman la herencia de los movimientos de los trabajadores. Ambos siguen una herencia que proviene de la Segunda Internacional, y su polémica reside en si las figuras en que se expresó la continuidad de la tradición marxista clásica después de 1917 fueron Lenin y Trotsky o Panekoek y Bordiga. Si es así, entonces para comprender y criticar la teoría de la decadencia del capitalismo debemos seguir su historia desde el marxismo de la Segunda Internacional.

La historia del concepto y su importancia política

La teoría de la decadencia del capitalismo alcanzó predominio por primera vez en la Segunda Internacional. El Programa de Erfurt sostenido por Engels establecía la teoría de la declinación y derrumbe del capitalismo como eje central de la política del partido: "la propiedad privada de los medios de producción ha cambiado... de la fuerza motriz del progreso se ha convertido en causa de degradación social y bancarrota. Su caída es indudable. La única pregunta que queda por responder es: ¿se premitirá que el sistema de posesión privada de los medios de producción empuje a la sociedad junto con él al abismo; o la sociedad se sacudirá ese fardo de encima y entonces, fuerte y liberada, reemprenderá la senda del progreso que el camino de la evolución ha prescrito para ella? (p 87) Las fuerzas productivas que han sido generadas en la sociedad capitalista se han vuelto incompatibles con el sistema de propiedad sobre la que ella se asienta. El empeño por sostener este sistema de propiedad hace imposible todo desarrollo social futuro, condena a la sociedad al estancamiento y a la decadencia (p 88). El sistema social capitalista ha recorrido su camino; su disolución es ahora sólo una cuestión de tiempo. Las fuerzas irresistibles de la economía se dirigen inexorablemente al naufragio de la producción capitalista. El ascenso de un nuevo orden social que reemplace al existente ya no es algo meramente deseable; se ha vuelto algo inevitable (p 17). Tal como las cosas están hoy día la civilización capitalista no puede continuar; nosotros debemos o ir hacia adelante, hacia el socialismo; o retroceder hacia la barbarie (p 118). La historia de la humanidad está determinada no por ideas, sino por el desarrollo económico que progresa irresistiblemente, obedeciendo a determinadas leyes subyacentes y no a nuestros deseos o caprichos (p 119)".

Además de su insistencia en el colapso inevitable del capitalismo a causa de sus contradicciones internas, el Programa de Erfurt también contiene objetivos y tácticas eminentemente reformistas; y fueron éstas las que predominaron en la Segunda Internacional, cuya práctica devino en la construcción de instituciones socialistas y en el trabajo parlamentario. En este programa vemos recurrentemente los temas de la teoría de la decadencia del capitalismo: la identificación del proyecto revolucionario con el progreso evolutivo de la sociedad; la asignación de la primacía a las leyes económicas del desarrollo del capital; y la reducción de la actividad política revolucionaria a una mera reacción frente a ese movimiento inevitable. Aunque se insiste en la necesidad de la actividad política, ésta es puesta al servicio de un desarrollo objetivo. El socialismo es visto no como una libre creación del proletariado, sino como el resultado natural del desarrollo económico del cual el proletariado se transforma en heredero. Es de esta concepción compartida por aquellos que se presentan a sí mismos como herederos de la "tradición marxista clásica" - y así de la Segunda Internacional - de lo que debemos deshacernos. El Programa de Erfurt no fue sólo un compromiso entre la idea "revolucionaria" de que el capitalismo estaba llegando a su fin y el residuo reformista de esa idea: tal componente "revolucionario" ya había convertido la noción del colapso capitalista en una concepción mecánica, economicista y fatalista.

El legado de Marx

Adoptando la teoría del derrumbe del capitalismo la Segunda Internacional se identificó a sí misma como la sección "marxista" del movimiento obrero. De hecho, tanto para la mayoría de los miembros de la Segunda Internacional como para la mayor parte de los miembros de partidos leninistas hoy, El Capital de Marx es la gran obra no leída en que se demuestra el colapso del capitalismo y la inevitabilidad del socialismo. El aspecto esencial de la división de la Primera Internacional ha sido oscurecido por los roces personales entre Marx y Bakunin. Siguiendo a Debord, podemos reconocer que Marx y Bakunin entonces, y las posiciones anarquistas y marxistas desde entonces, representan diferentes fuerzas y debilidades del pensamiento sobre la historia del movimeinto obrero. En términos organizativos, mientras Marx no fue capaz de reconocer los peligros implícitos en el uso del Estado, la concepción elitista de Bakunin de un centenar de revolucionarios pulsando las cuerdas de una revolución europea era también autoritaria. Mientras los "marxistas" han desarrollado una teoría para entender los cambios del capitalismo, pero han fallado generalmente en aterrizar esa teoría a la práctica revolucionaria; los anarquistas han mantenido la verdad de la necesidad de una práctica revolucionaria, pero no han respondido a los cambios históricos del capitalismo en aras de encontrar formas para que esa necesidad se realice. Mientras los elementos de verdad en el pensamiento anarquista deben estar siempre presentes en nuestra crítica, si deseamos teorizar debemos remitirnos a las fibras marxistas de ese movimiento.

La pregunta que aparece entonces es si la Segunda Internacional adoptó el valioso punto de vista contenido en la posición de Marx. La división en la Primera Internacional entre Marx y Bakunin reflejaba, tanto como discrepancias personales, serias diferencias en la forma de afrontar el capitalismo. Marx, en su crítica a la economía política, se alejó de la condena moral o utópica al capitalismo; rechazó la visión simplista según la cual el capitalismo es malo y debemos derrotarlo para subrayar en cambio la necesidad de comprender el movimiento real del capitalismo, y así poder inventar la práctica de su derrocamiento. La reacción de Marx y Bakunin frente a la Comuna de París lo demuestra: Bakunin aplaudió la acción y trató de organizar a su centenar de revolucionarios de la revolución inminente; Marx, dándose cuenta que los comuneros habían encontrado las formas mediante las que el capitalismo podía ser negado, pensó más bien en la derrota, mostrando las debilidades del proletariado en ese momento. Lo que la crítica de la economía política de Marx hizo fue entregar una teoría del desarrollo capitalista en la cual se reconoce que el capitalismo es un sistema transitorio de dominación de clase que ha surgido de una sociedad de clases anterior, pero cuyo dinamismo es mucho mayor que el de cualquier sistema previo.

El Programa de Erfurt y la práctica de la Segunda Internacional representaban una interpretación particular de los descubrimientos que Marx realizó en su crítica. La teoría de la declinación interpreta el significado del análisis de Marx según el cual el capitalismo es un sistema transitorio, transformando la visión de una dinámica particular de desarrollo en una teoría mecánica y determinista del derrumbe inevitable. Si consideramos que la obra de Marx tiene un valor que la mayoría de los marxistas ha omitido, entonces ¿cuál es ese valor? Marx analizó la forma en que el sistema de dominación de clases opera a través de la mercancía, el trabajo asalariado, etc. El capitalismo es esencialmente el movimiento del trabajo alienado, de la forma-valor. Pero esto implica que la "objetividad" del capitalismo como movimiento del trabajo alienado es siempre posible de romper o alterar desde el lado subjetivo. Una ironía en la división de la Primera Internacional es que Bakunin consideraba que la "economía" de Marx era excelente; no reconocía que la contribución de Marx no era una economía sino una crítica de la economía y así también una crítica de la separación entre política y economía. Como veremos, la Segunda Internacional, adoptando la "economía" de Marx cometió el mismo error: tomar la crítica de la economía política ofrecida a los revolucionarios como si fuese una economía y no una crítica a las formas sociales capitalistas.

Detrás de la teoría del derrumbe capitalista hay una visión de lo que es el socialismo: la solución a la "anarquía capitalista del mercado", la liberación de las fuerzas de producción de las relaciones de apropiación privada que las encadenan. El capitalismo es visto como una economía irracional y el socialismo como el equivalente de una economía totalmente planificada. Los teóricos del movimiento histórico estaban convencidos de que éste estaba de su lado, centrándose en la idea de Marx de que el sistema de sociedades anónimas "es una abolición del sistema capitalista privado sobre las bases del propio sistema capitalista". Pensaban que la mayor amplitud alcanzada por la socialización de la producción - lo que se evidenciaba en la transformación del crédito y las sociedades anónimas en trusts y monopolios - era la base del socialismo. En una fecha no especificada la revolución ocurriría y los capitalistas perderían su control irresponsable sobre las fuerzas productivas socializadas, que pasarían a manos de los trabajadores, quienes continuarían su desarrollo histórico.

Esta es una lectura optimista del curso del desarrollo capitalista, el cual daría pie a la transformación social mediante la centralización y coordinación del capital. La posibilidad de basar una teoría de la transformación del capitalismo en socialismo en pasajes como el de más arriba, está fundamentada en la creencia de que los volúmenes I y III de El Capital dan cuenta completa, sistemática y científica del capitalismo y su destino. Esto equivale a ver El Capital como esencialmente completo cuando en realidad no lo está. Engels preparó los volúmenes II y III para su publicación; en ellos, como en el volúmen I, aunque hay insinuaciones de la mortalidad del capitalismo, no hay una teoría acabada de cómo el capitalismo decae y se derrumba. El propio Engels estuvo tentado por dicha teoría debido a la depresión sostenida de la década de 1870 y '80, pese a que nunca la elaboró. Fue esta crisis y la posición especulativa de Engels respecto a ella lo que impulsó a Kautsky a hacer del colapso capitalista un elemento central del Programa de Erfurt, y fue el aplazamiento de la crisis por un auge prolongado desde la década de 1890 lo que entonces incitó el debate revisionista.

El revisionismo y su falsa oposición

El mayor exponente del revisionismo fue Bernstein. Su oponente al principio fue Kautsky, pero luego, y de mayor interés, Luxemburgo. En un plano, Bernstein exigía que el partido ajustara su teoría a sus tácticas y que acojera el reformismo sin reservas. Sin embargo, el acento de su argumentación y de la controversia revisionista estaba puesto en que la idea del declive económico y del derrumbe incluida en el Programa de Erfurt había sido desmentida por el fin de la larga depresión y que los cambios del capitalismo - tales como el crecimiento de los monopolios, del mercado y el sistema de crédito mundiales - demostraban que éste era capaz de resolver su tendencia a la crisis. Bernstein argumentaba que el legado de Marx era dual; por un lado la "ciencia pura del socialismo marxista", por otro un "aspecto aplicado" que incluía su compromiso con la revolución. La noción del declive y el derrumbe y la posición revolucionaria que implicaba eran, a decir de Bernstein, científicamente incorrectas y debían ser eliminadas, junto con el elemento dialéctico de Marx que la sostenía. Al calor del debate Bernstein y Kautsky se trenzaron en una batalla de estadísticas sobre si la teoría del derrumbe era o no cierta.

Lo importante acerca del debate revisionista es que ambas partes, Kautsky y Bernstein, estaban de acuerdo en la táctica: la furiosa disputa teórica escondía una complicidad práctica. Lo que Kautsky defendía y Bernstein atacaba era una caricatura de la teoría revolucionaria - teoría convertida en ideología debido a su separación de la práctica -. Más aún, ésta era más cercana al marxismo de Engels que a las ideas de Marx. Kautsky ganó credibilidad debido a su relación con los dos viejos, pero su contacto fue casi exclusivamente con Engels. Kautsky continuó el proceso que Engels había comenzado - en obras como Dialéctica de la Naturaleza - perdiendo al sujeto en una visión evolucionista-determinista de la historia.

Cuando revolucionarios como Luxemburgo intervinieron, lo hicieron sosteniendo una postura que ya contenía la negación de una posición revolucionaria consistente. La crítica de Luxemburgo a Bernstein apuntaba a un nivel más profundo que la de Kautsky, puesto que reconocía hasta qué punto la lectura que Bernstein hacía de Marx había perdido el aspecto dialéctico revolucionario, quedando reducida al nivel de la economía burguesa. Mientras Kautsky trataba de argumentar que no había problemas de dualismo en El Capital de Marx, que la noción del colapso capitalista y la necesidad de la revolución era absolutamente científica, Luxemburgo vio que sí había un dualismo: "el dualismo del futuro socialista y el presente capitalista... el dualismo del capital y el trabajo, el dualismo de la burguesía y el proletariado...el dualismo del antagonismo de clase pujando dentro del orden social del capitalismo". En esto vemos un intento por reafirmar la perspectiva revolucionaria frente al cientifismo de la Segunda Internacional. No obstante, y habiendo llegado Luxemburgo a desarrollar una concepción propia sobre el colapso del capitalismo, una forma diferente de dualismo pasó a primer plano. Su posición estaba irreconciliablemente dividida entre la entrega revolucionaria por un lado, y una teoría objetivista del derrumbe capitalista, por otro. Su teoría del colapso se fundaba en una relectura de las tesis de Marx para demostrar la eventual imposibilidad de la reproducción del capital, cuando el objetivo de dichas tesis, pese a que señalan la precariedad de la reproducción capitalista, es evidenciar en qué condiciones ésta es posible. Sorprendentemente para alguien que estaba comprometida con la acción revolucionaria de masas desde abajo, su teoría de la crisis, declinación y colapso capitalista se anclaba totalmente en el nivel de la circulación y el mercado, no involucrando al proletariado en absoluto. A nivel de los esquemas todos aparecen simplemente como compradores y vendedores de mercancías, y por ende los trabajadores no pueden ser agentes en la lucha.

La teoría del declive de la Luxemburgo tiene como premisa el postulado de que el capitalismo necesita mercados externos no capitalistas para absorber excedentes y que cuando éstos se agotan el colapso es inevitable. Esto no significa que ella no estuviese comprometida en un combate político: no estaba sugiriendo que nos sentáramos a esperar el colapso, el proletariado debía hacer la revolución antes de que ocurriese. No obstante, su posición seguía siendo economicista - puesto que postulaba el colapso del capitalismo por un puro desequilibrio económico - en el sentido asumido por la teoría ortodoxa de la Segunda Internacional, que delegaba en esas fuerzas económicas el advenimiento del socialismo.

Luxemburgo era una revolucionaria y participó en la revolución alemana, pero su concepción del proceso capitalista era incorrecta, pues se basaba en una comprensión errada de las tesis de Marx. Con todo, ella pensaba que el hecho de que el capitalismo no podía expandirse indefinidamente debía ser probado como científico, y es en este imperativo donde hallamos la clave de la vehemencia con que se abordó la "controversia del derrumbe".

La izquierda de la Segunda Internacional vio a quienes negaban la bancarrota del capitalismo moverse hacia el reformismo y admitió tal desplazamiento como natural, puesto que "si el modo de producción capitalista puede asegurar la expansión ilimitada de las fuerzas productivas del progreso económico, entonces es en realidad invencible. ¡El más importante argumento objetivo que sostiene la teoría social se rompe! La acción política socialista y la importancia ideológica de la lucha de clases del proletariado deja de reflejar los eventos económicos, y el socialismo ya no aparece como una necesidad histórica." Para quienes seguían a la Luxemburgo, la razón para ser revolucionario estaba dada porque el capitalismo porta una crisis irresoluble debido a una tendencia puramente económica hacia el derrumbe, que se actualiza cuando sus mercados externos se agotan. El colapso del capitalismo y la revolución proletaria eran vistos como hechos esencialmente separados, conectados sólo por la idea de que el primero crea la necesidad de la segunda.

Mientras la Luxemburgo estaba totalmente comprometida con la acción revolucionaria y, a diferencia de Lenin, estaba segura de que tal acción debía ser protagonizada por el proletariado mismo; paradójicamente sostenía que lo que hacía esta acción necesaria era el hecho de que, de otra manera, el capitalismo colapsaría desembocando en la barbarie. En esto, estaba equivocada: el capitalismo sólo colapsará mediante la acción proletaria. Lo que había que discutir con Bernstein no era que el capitalismo no fuese capaz de resolver sus problemas mediante sus propias formas de planificación (aunque no podrá nunca resolver sus problemas permanentemente porque éstos están enraizados en la lucha de clases), puesto que esto sólo demanda una economía planificada de tipo socialista. Lo que en realidad había que poner en discusión era esto: que debatir respecto a si los problemas del capitalismo podían ser resueltos dentro del capitalismo o sólo mediante una economía de planificación socialista, era irse por las ramas. Esos problemas no son nuestros problemas. Nuestro problema es el de la alienación de no controlar nuestra vida y nuestra actividad. Incluso si el capitalismo pudiese resolver su tendencia a la crisis - lo cual no puede hacer porque esa tendencia es una expresión del antagonismo de clases - ello no resolvería nuestro problema. Esta es la cuestión. La economía socialista tal como la planteaban los marxistas de la Segunda Internacional era una solución a los problemas del capitalismo, y como tal era capitalismo de Estado. Los mejores socialdemócratas de izquierda identificaban el socialismo con la autoemancipación del proletariado, pero el conflicto subyacente que mantenían con los defensores del capitalismo de Estado ubicados en el centro y la derecha del partido fue desviada hacia una controversia con los revisionistas respecto a la cuestión del colapso económico. Esto no quiere decir que el PSD (Partido Social Demócrata) y la Segunda Internacional fueran simplemente el partido del capitalismo de Estado. Éstos representaban las aspiraciones reales de millones de trabajadores y eran frecuentemente trabajadores que habían sido miembros de los partidos de la Segunda Internacional los que tomaron la delantera en las acciones comunistas. Pero ideológicamente la Segunda Internacional tenía los objetivos del capitalismo de Estado y aquellos que fueron más allá de estos objetivos, como la Luxemburgo, lo hicieron de forma contradictoria. Una parte de esa contradicción está dada por el mantenimiento de una teoría objetivista de la declinación.

Bernstein atacó a Kautsky y a la ortodoxia de la Segunda Internacional por su noción de la inevitabilidad del derrumbe y su idea fatalista y determinista de la revolución socialista, y tomó partido en cambio por el reformismo social y por el abandono de las pretensiones revolucionarias. Pero, de hecho, la noción de la evolución determinista de la economía era sólo la otra cara del reformismo. La teoría del derrumbe sostenida por la Segunda Internacional implicaba una concepción fatalista del fin del capitalismo y así hacía posible el reformismo como una alternativa a la lucha de clases. La teoría de la declinación propuesta por los revolucionarios era diferente de la que estaba implícita en el Programa de Erfurt, pues en personas como Luxemburgo y Lenin la noción de colapso económico queda identificada con el resultado último de la fase final del capitalsmo - imperialismo/capitalismo monopólico. En el reconocimiento de los cambios del capitalismo se acercaron curiosamente más a Bernstein que a Kautsky; subrayaban su oposición a las conclusiones reformistas del primero enfatizando a la vez su creencia en la inevitabilidad del derrumbe. Eran precisamente esos cambios los que a ojos de Bernstein demostraban que el capital era capaz de resolver cualquier tendencia al colapso, mientras que para ellos demostraban que el capitalismo estaba entrando en la fase final antes del colapso.

La cuestión política de reforma o revolución queda encubierta finalmente por el problema falsamente empírico de la declinación. Para los socialdemócratas de izquierda resulta esencial insistir en que el capitalismo está en decadencia y en vías de colapsar. El significado del "marxismo" se ha inscrito en el convencimiento de que el capitalismo está en bancarrota y así la acción revolucionaria sería una necesidad. Así, ellos se involucran en la acción revolucionaria, pero como hemos visto, dado que ponen el énfasis en las contradicciones objetivas del sistema reduciendo la subjetividad revolucionaria a una simple reacción a aquéllas, no afrontan el prerrequisito verdaderamente necesario para el fin del capitalismo: el desarrollo concreto del sujeto revolucionario. Parecía, para los miembros más revolucionarios del movimiento como Lenin y Luxemburgo, que una posición revolucionaria era la posición que creía en el derrumbe, en circunsatancias que la teoría del derrumbe había, de hecho, dado pie a la posición reformista en los comienzos de la Segunda Internacional. El punto es que la teoría de la declinación capitalista, como una teoría del colapso del sistema determinado por sus propias contradicciones objetivas, implica mantener una actitud esencialmente comtemplativa frente a la objetividad del capitalismo; mientras que la verdadera exigencia para una revolución es romper con tal actitud. El problema fundamental del debate revisionista en la Segunda Internacional es que ambos bandos compartían una concepción empobrecida de la economía simplemente como la producción de cosas, cuando ésta es además la producción y reproducción de relaciones, lo cual lógicamente incluye la consciencia que las personas tienen de esas relaciones. Esta suerte de economicismo (que ve una economía de cosas y no de relaciones sociales) tiende a asumir como cosas dadas el desarrollo autónomo de las fuerzas productivas de la sociedad y la neutralidad de la tecnología. Para una economía vista de esa manera, el desarrollo y colapso del capitalismo se reduce a un asunto técnico y cuantitativo. Debido a que la Segunda Internacional tenía esta idea naturalista del desarrollo económico del capitalismo, pudo mantener la creencia en el colapso sin ningún compromiso con la práctica revolucionaria. Puesto que la izquierda identificó la teoría del derrumbe como revolucionaria, Lenin pudo sorprenderse de cómo Kautsky, que escribió la versión de la teoría contenida en el Programa de Erfurt, pudo traicionar la causa revolucionaria. Cuando la izquierda arremetió contra esa mayoría que entró en complicidad con el capital, lo hizo trayendo consigo la teoría del derumbe. Así, los socialdemócratas radicales como Lenin y Luxemburgo combinaron una práctica revolucionaria con una posición teórica fatalista que tiene sus orígenes en el reformismo.

Decir que la Segunda Internacional fue culpable de economicismo se ha vuelto un lugar común. Debemos pensar qué significado tiene ello, para ver hásta qué punto los troskos y los comunistas de izquierda, que bien pueden criticar la política de la Segunda Internacional, han ido más allá de su teoría. El asunto es que no lo han hecho. Conservan una teoría segundo-internacionalista empobrecida sobre la economía capitalista y su tendencia a la crisis y al colapso, una teoría en que las luchas políticas y sociales simplemente son estimuladas por esas crisis a nivel económico. Esto impide comprender que el objeto al que nos enfrentamos es la relación capital-trabajo asalariado; esto es, la relación social de explotación de clase que atraviesa la sociedad capitalisita: las áreas de reproducción, producción, política e ideología son momentos interrelacionados de esa relación que se perpetúa en los individuos.

La socialdemocracia radical

Fueron los socialdemócratas radicales como Luxemburgo, Lenin y Bujarin quienes completaron la teoría de la decadencia del capitalismo: la noción de que en un momento determinado - por lo general alrededor de 1914 - el capitalismo entró en la declinación de su etapa final. La Acumulación del Capital de la Luxemburgo es una fuente de esa teoría, pero la mayor parte de los revolucionarios entonces y ahora no están de acuerdo con sus planteamientos. Otros socialdemócratas de izquierda como Bujarin y Lenin basaron sus teorías del imperialismo y la fase de decadencia del capital en la obra de Hilferding, El Capital Financiero. En ella, Hilferding interrelaciona los nuevos rasgos de la economía capitalista - la compenetración de los bancos y las sociedades anónimas, la expansión del crédito, la restricción de la competencia por vía de los monopolios y los trusts - con la política expansionista de las naciones-estado. Al mismo tiempo que Hilderling veía en esa etapa la declinación del capitalismo y la transición al socialismo, no creía que el capitalismo necesariamente habría de colapsar o que su tendencia hacia la guerra tendría necesariamente que realizarse, y en general su política tendía hacia el reformismo. Las teorías de Bujarin y Lenin elaboradas después de 1914 veían el imperialismo y la guerra como la política que inevitablemente debía tener el capital financiero; identificaban esa forma de capitalsimo como la declinación del sistema debido a que la revolución proletaria era el único desarrollo posible para un capitalismo que había transitado naturalmente desde el capital financiero y monopólico a la expansión imperialista y la guerra. El Imperialismo de Lenin, que para sus seguidores se ha transformado en el texto crucial de la época moderna, define la fase imperialista del capitalismo "como capitalismo en transición o, más exactaamente, como capitalismo moribundo". Para Lenin, en la planificación capitalista de las grandes compañías es "evidente que encontramos socialización de la producción, (and no mere interlocking); que la economía privada y las relaciones de propiedad privada constituyen un caparazón que ya no es adecuado para su contenido, un caparazón que debe inevitablemente romperse si su remoción es retrasada artificialmente; un caparazón que bien puede premanecer en estado de decadencia por un tiempo largo, pero que será inevitablemente removido." El texto de Lenin, como el de Bujarin, Imperialismo y economía mundial, que tuvo gran influencia en el primero, adopta el análisis de Hilferding respecto de "la fase final del capitalismo" -monopolios, capital financiero, exportación de capital, formación de carteles y trusts internacionales, división territorial del mundo. Pero mientras Hilferlding pensaba que estos procesos - particularmente la planificación estatal en esta etapa de "capitalismo organizado" - eran progresistas y darían pie a un avance pacífico hacia el socialismo; Lenin, por el contrario, pensaba que éstos evidenciaban que el capitalismo no podía ir más lejos en un desarrollo progresivo.

La continuidad entre la teoría reformista de la Segunda internacional y la teoría "revolucionaria" de los bolcheviques, en cuanto representan una concepción del socialismo como la socialización capitalista de la producción bajo el control de los trabajadores, es una de las claves que explican el fracaso de la izquierda en el siglo veinte.

Hilferding escribe: "La tendencia del capital financiero es establecer el control social de la producción, pero esta es una forma antagónica de socialización, ya que el control del producto social continúa en manos de una oligarquía. La lucha por desposeer a esta ologarquía de tal control constituye la fase culminante de la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado. La función socializadora del capital financiero facilita enormemente la tarea de superar el capitalismo. Una vez que el capital finaciero ha puesto bajo su control las ramas más importantes de la producción, la sociedad sólo tiene que, a través de su órgano ejecutivo consciente - el Estado conquistado por la clase trabajadora - apoderarse del capital financiero para obtener el control inmediato de esas ramas de la producción... apropiarse de seis bancos importantes de Berlín significaría apropiarse de las más importantes esferas de la industria a gran escala, y facilitaría enormemente las fases iniciales de las políticas socialistas durante el período de transición, cuando the capitalist accounting podría todavía probar su utilidad." Henryk Grossman, quien como veremos es una de los teóricos clave de la declinación, se refiere a esta concepción como "el sueño de un banquero que aspira al poder sobre la industria a través del crédito...el golpismo de Auguste Blanqui trasladado a la economía." Sin embargo, comparemos esto con Lenin, a quien Grossman se siente más cercano: "el capitalismo ha creado an accounting apparatus (aparato contábil)en la forma de los bancos, los sindicatos, el servicio postal, las sociedades de consumidores, las ligas de empleados públicos. Sin grandes bancos el socialismo sería imposible. Los grandes bancos son el "aparato estatal" que necesitamos para llegar al socialismo, el cual tomamos del capitalismo como algo ya hecho; nuestra tarea es simplemente podar lo que mutila capitalistamente este excelente aparato, para hacerlo incluso más grande, incluso más amplio y democrático. La cantidad será transformada en calidad. Un Banco Estatal, el más grande de los grandes, será el esqueleto de la sociedad socialista."

Mientras para Hilferling esta apropiación del capital financiero se puede realizar gradualmente, Lenin cree que ésta requiere una revolución; pero ambos identifican al socialismo con la apropiación de las formas de planificación, organización y trabajo capitalista. El imperialismo como la etapa del capital monopólico y financiero era, para Lenin, la fase de decadencia del capitalsimo. La Luxemburgo, mediante un análisis diferente, llegó a las mismas conclusiones del colapso inevitable. En los debates internos, los leninistas acusaban a la Luxemburgo de fatalista o espontaneísta y de no creer en la lucha de clases. Pero pese a que ambos diferían en su análisis del imperialismo, su concepción del fin del capitalismo era esencialmente la misma - el desarrollo del capitalismo lleva hacia el colapso del sistema y depende de los revolucionarios que de ello resulte socialismo o barabarie. Ninguno de estos pensadores estaba en contra de la lucha de clases; para ambos la idea era: el desarrollo del capitalisimo ha alcanzado un punto crítico, ahora necesitamos actuar.

Sin embargo, detrás de la similitud entre ambos en torno a la noción de la entrada del capitalismo en su fase final, hay una diferencia considerable: la Luxemburgo había criticado extensamente el modelo estatista de transformación socialista sostenido por la socialdemocracia, y Lenin no. En las discusiones al interior de la socialdemocracia después de la revolución bolchevique, el leninismo fue acusado de voluntarismo a la vez que defendido por reafirmar la lucha de clases. De lo que se trataba en realidad era de la insistencia de Lenin en una posición objetivista respecto a la naturaleza del socialismo, concebido como el desarrollo de una dialéctica objetiva en la economía combinado con una visión voluntarista de que éste podía ser construído. Lenin se montó sobre la lucha de clases para llegar allí - o mejor dicho respondió a y fue conducido por ésta -, pero una vez en el poder empezó a desarrollar la economía desde arriba porque eso era lo que él identificaba con socialismo. Lenin y los bolcheviques rompieron con el marxismo de la Segunda Internacional, especialmente con la teoría ortodoxa de las etapas, que implicaba que en Rusia debía haber primero una revolución burguesa antes de que pudiera haber una proletaria; pero ésta no era una ruptura con los fundamentos de la teoría economicista de las fuerzas productivas sostenida por la Segunda. La tesis de la revolución permanente de Trotsky, que los bolcheviques adoptaron efectivamente en 1917, no tenía como premisa la crítica de la noción reificada del desarrollo de las fuerzas productivas sostenida por la Segunda, sino la de tal desarrollo visto al nivel del mercado mundial. El prerrequisito para el socialismo seguía siendo una noción estrecha del desarrollo de las fuerzas productivas, la visión de que en el punto cúlmine de su decadencia el capitalismo no podía proporcionarle a Rusia tal desarrollo.

Los bolcheviques aceptaron que Rusia necesitaba desarrollar sus fuerzas productivas y que ese desarrollo era idéntico a la modernización capitalista; optaron voluntaristamente por desarrollarlas de manera socialista. El diagnóstico de que bajo el imperialismo el desarrollo tenía una naturaleza espúrea y desigual fue asumido así: ya que el capitalsimo estaba fracasando en continuar su desarrollo, los bolcheviques debían continuarlo. Por supuesto que ellos esperaban el apoyo de una revolución en Europa Occidental, pero en la posterior implantación del taylorismo con sus capitalistas especializados etc., podemos reconocer que las tareas que los bolcheviques identificaron con el socialismo implicaban en realidad el desarrollo de una economía capitalsita. Esas medidas nos les fueron impuestas por la presión de los acontecimientos, formaban parte de sus perspectivas desde un comienzo. En el mismo texto que hemos citado, escrito antes de la revolución de octubre, el joven Lenin admite que "necesitamos buenos organizadores de la banca y de la fusión de empresas" y que sería necesario "pagar a los especialistas salarios más altos durante el período de transición". Pero no os preocupéis, nos dice: "estarán bajo el control omnipresente de los trabajadores y alcanzaremos la operatividad completa y absoluta de la regla aquél que no trabaja, tampoco come. Nosotros no hemos de inventar la forma organizativa del trabajo, sino que hemos de tomarla ya hecha del capitalismo - nos apoderaremos de los bancos, sindicatos, las mejores fábricas, las estaciones experimentales, las academias, etcétera; todo lo que tendremos que hacer será pedir prestados los mejores modelos suministrados por los países avanzados".

Hilferding había concebido el rol de la planificación estatal en la era del "capitalismo organizado" como la base de una transición pacífica al socialismo; Lenin, en cambio, estaba convencido de la necesidad de la toma del poder, pero estaba también de acuerdo en que la planificación capitalista era el prototipo de la planificación socialista.

Para nosotros la revolución es el movimiento de retorno del sujeto hacia sí mismo, para Lenin se trataba del desarrollo de un objeto. La defensores de Lenin argumentan que el socialismo no era posible en Rusia, entonces esperó por una revolución en Alemania. Pero su concepción de socialismo, tal como la de la Segunda Internacional con la que él nunca rompió efectivamente, era la de un capitalismo de Estado.

En la óptica de los bolcheviques y de la Segunda Internacional, la socialización de la economía bajo el capitalismo era vista como neutral y llanamente positiva; en tanto el caos de la circulación era el problema del que había que deshacerse.. Pero la socialización capitalista no es neutral; es capitalista y como tal necesita ser transformada. Las medidas adoptadas por los bolcheviques son producto directo de su adhesión a la idea defendida por la Segunda Internacional según la cual socialismo es lo mismo que planificación. Aquí se asume que la idea de declinación y derrumbre capitalista proviene de la contradicción entre la creciente socialización de las fuerzas productiva - esto es, la creciente planificación y racionalización de la producción - y el caos y la irracionalidad que implica la apropiación capitalista a través del mercado; siendo lo primero positivo y lo segundo su contrario. La solución que está implícita en esta forma de afrontar el capitalismo es extender la planificación también a la esfera de la circulación; pero aquí ambos aspectos, producción y circulación, siguen siendo asumidos bajo una óptica capitalista. El proletariado, en realidad, no sólo debe reemplazar al capital en el control del proceso de trabajo y asumir además el control sobre el consumo; el proletariado debe transformar todos los aspectos de la vida. La regulación social del proceso de trabajo no es ni puede ser igual a la regulación capitalista del mismo.

El marxismo economicista de la Segunda Internacional, compartido por los bolcheviques, predominó en el movimiento obrero debido a que reflejaba una particular composición de clase - técnicos especializados y craft workers que se identificaban con el proceso productivo. La visión del socialismo como el problema de desarrollar las fuerzas productivas consideradas económicamente proviene del escaso desarrollo de esas mismas fuerzas consideradas socialmente. Podría decirse que a un cierto nivel de desarrollo de las fuerzas productivas correspondía el predominio de una tendencia a constituir un programa capitalista/socialista de Estado, mientras que era más difícil que se desarrollara una posición verdaderamente comunista y revolucionaria. Con todo, el proyecto comunista fue adoptado por muchos trabajadores, aunque no fueron capaces de realizarlo. Es un error revisar la historia partiendo del cuestionamiento respecto a si era posible o no que una revolución en particular alcanzara la victoria. En ese caso, tenemos que la revolución comunista no ganó y punto. La perspectiva que puede aportarnos salidas prácticas es aquella en que buscamos las razones por las cuales el proyecto comunista no fue realizado, contribuyendo a dar forma a nuestros esfuerzos de realizarlo hoy. En el caso que nos ocupa, nos encontramos frente a un choque de fuerzas en que las fuerzas del capital adoptaron cada vez más la forma de un partido obrero cuyo proyecto era el capitalismo de Estado. Al considerar neutrales a las fuerzas productivas cuando éstas eran, en realidad, capitalistas, los bolcheviques se pasaron al bando del capitalismo. Con el estalinismo la ideología de las fuerzas productivas alcanzó new heights of crassness, y aún habiendo diferencias, éste expresó una continuidad de las ideas de Trotsky y de Lenin. El aplastamiento de los obreros por la socialdemocracia alemana y por los bolcheviques rusos constituyó una victoria del capital a través de la ideología del capitalismo de Estado. Estos hechos no prueban la imposibilidad de que se desarrolle el comunismo; por el contrario, confirman que ese desarrollo depende de la actividad consciente de los productores libremente asociados y no del "desarrollo de las fuerzas productivas" separadas del sujeto. El comunismo no tendrá, como el programa de modernización de los bolcheviques, el mismo contenido económico ni técnico que el desarrollo capitalista. El comunismo no puede ser construido desde arriba; el comunismo sólo puede ser el movimiento de autoemancipación del proletariado.

La herencia de Octubre

Los dos principales exponentes de la teoría de la decadencia marcaron profundamente este período de guerra y revolución. Y por supuesto que existían factores objetivos para apoyar la teoría - la guerra fue catastrófica y efectivamente pareció que el capitalismo estaba acabado. Sin embargo, la revolución fracasó.

La forma trotskista de leninismo nunca se ha separado efectivamente de las concepciones de la Segunda Internacional respecto de las causas de las crisis capitalistas y, por ende, de lo que el socialismo debiera ser. Lenin, sin embargo, insistió en que ninguna crisis era necesariamente terminal. Por el contrario, Trotsky sí habla de colapso inevitable. Su política después de 1917 estuvo dominada por la idea de que el capitalismo ya había entrado, o bien estaba acercándose, a su crisis final, por lo que la revolución era inevitable. El marxismo de Trotsky estaba basado en la teoría de la primacía de las fuerzas productivas y su concepción de éstas era burda y técnica, no muy diferente de la de Stalin: "El marxismo se asienta en el desarrollo de la técnica como motor fundamental del progreso, y construye el programa comunista sobre la dinámica de las fuerzas productivas. "Mientras seguía siendo parte de la burocracia soviética, su noción mecanicista de las fuerzas productivas lo llevó a justificar la militarización del trabajo y a acusar a los trabajadores que se resistieron al taylorismo de ser "romanticistas tolstoianos". Una vez en el exilio, focalizó su crítica a la Unión Soviética no en la posición de los trabajadores, a los que siempre había estado dispuesto a disparar, sino en su falta de desarrollo técnico. Así, afirma: "La fuerza y estabilidad de los regímenes están determinadas en el largo plazo por la productividad relativa del trabajo. Una economía socialista que posea una tecnología superior a la que el capitalismo podría poseer, tendrá ciertamente garantizado el desarrollo socialista, para decirlo de manera esquemática; lo cual es algo que aún no puede afirmarse de la economía soviética." Por otra parte, había algo en Rusia que representaba un avance respecto del capitalismo decadente: "En lo fundamental, la maldad del capitalismo consiste no en la extravagancia de las clases propietarias, sino en el hecho de que para garantizar su derecho a la extravagancia la burguesía mantiene la propiedad privada de los medios de producción, condenando así al sistema económico al caos y la decadencia." Para Trotsky, la Unión Soviética era progresista porque, pese a mantener un estrato dominante viviendo de forma extravagante, con la planificación ésta había superado la irracionalidad y la decadencia capitalista. Asimismo, su retraso se debía la insuficiencia de desarrollo tecnológico. La visión trotskista ortodoxa de la Unión Soviética como un Estado obrero degenerado se basaba en el modelo económico que ve el control y la planificación estatal como progresista. El cambio en las relaciones de producción - o en las relaciones de propiedad, lo que para Trotsky vendría a ser lo mismo - , hacía del régimen soviético algo en cierto modo positivo. Esta postura era la expresión lógica de la teoría que considera la socialización capitalista como positiva y la apropiación privada como negativa; así es como, si nos deshacemos de la propiedad privada, tenemos socialismo, o al menos transición al socialismo. Pueden llamarle a esto socialismo, pero en realidad es capitalismo de estado.

La caída de la tasa de ganancia

De esta forma la tradición trotskista traiciona su pretensión de representar lo que había de positivo en la oleada revolucionaria de 1917-21. La importancia de los comunistas de izquierda y consejistas es que su genuino énfasis en la autoemancipación del proletariado expresa una importante verdad de ese periodo, en contraste con su representación leninista. Sin embargo los reducidos grupos de comunistas de izquierda, tras constatar la derrota del proletariado y al aislarse de sus luchas, empezaron a basar sus posiciones cada vez más en el análisis objetivo de que el capitalismo estaba en decadencia. No obstante ello, hubo progresos. Henryk Grossman, en particular, propuso una teoría meticulosamente elaborada sobre el colapso como alternativa a la de Rosa Luxemburgo. En lugar de basar dicha teoría en el agotamiento de los mercados no-capitalistas, la basó en la caída de la tasa de ganancia. Desde entonces, casi toda la teorización de la ortodoxia marxista respecto a la crisis se ha asentado en esa idea. En esta teoría, y en la de Marx según ella, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia lleva a una caída en la masa relativa de beneficios, la que finalmente resultaría insuficiente para que prosiga la acumulación. En las conclusiones de Grossman el colapso capitalista es un proceso puramente económico, inevitable incluso si la clase trabajadora permanece como un mero engranaje en la máquina capitalista. Así, Grossman trata de anticiparse a la crítica: "Debido a que deliberadamente me he propuesto en este estudio describir solamente los presupuestos económicos del derrumbe capitalista, permítaseme disipar desde el principio cualquier suspicacia de 'puro economicismo'. Es innecesario desperdiciar papel estableciendo la conexión entre economía y política, puesto que tal conexión es obvia. Sin enmbargo, mientras los marxistas han escrito extensamente sobre la revolución política, se han rehusado a tratar teóricamnete el aspecto económico de la cuestión y han fracasado al momento de apreciar el verdadero contenido de la teoría del derrumbe de Marx. Mi única preocupación aquí es llenar esta laguna en la tradición marxista." (p33) Para los marxistas objetivistas la conexión es obvia: economía y política están separadas, los escritos previos sobre el aspecto político son adecuados y sólo necesitan el respaldo de un estudio económico. La postura de los seguidores de Grossman es como sigue: 1. Contamos con una comprensión del proceso económico que evidencia que el capitalismo está decayendo, dirigiéndose inexorablemente hacia el colapso. 2. Esto demuestra la necesidad de una revolución política para implentar un nuevo orden económico. La teoría política mantiene una relación externa con la comprensión económica del sistema; las tesis ortodoxas sobre la crisis capitalista aceptan que la actividad de la clase trabajadora se reduzca a la actividad del capital. La única acción contra éste es un ataque político contra el sistema, que es posible sólo cuando el sistema se derrumba. La teoria de Grossman representa uno de los más arduos intentos por demostrar que El Capital de Marx es una economía completa que proporciona un cuadro del colapso capitalista. Insiste en que "el marxismo económico, tal como nos ha sido bequethered, no constituye ni un fragmento ni un lado, sino ante todo un sistema completamente elaborado, es decir, un sistema sin flows." Esta insistencia en presentar El Capital de Marx como un trabajo completo que demuestra la decadencia y colapso del capitalismo revela una caracteristica esencial de la visión del mundo propia de los marxistas objetivistas. Esto es, que conciben la ligazón entre economía y política como una ligazón obviamente externa. Ahí está el error: la conexión entre ambas esferas es interna; sin embargo, para abordar esta cuestión hay que reconocer que El Capital está incompleto y que para completar su proyecto hace falta una comprensión de la economía política de la clase trabajadora y no sólo del capital. Pero Grossman, al insistir en que El Capital es un trabajo esencialmente completo, ha negado categóricamente tal posibilidad.

Pannekoek

Mientras que los comunistas de izquierda mantuvieron la clásica identificación de la decadencia del capitalismo con su fase imperialista, muchos comunistas consejistas - entre los que destaca Mattick - adoptaron con entusiasmo la teoría más abstracta de Grossman, basada en la caída tendencial de la tasa de ganancia descrita en El Capital. Pannekoek, contrario a esta tendencia, hizo una crítica importante. En su Teoría del Colapso del Capitalismom además de mostrar cómo Grossman distorsiona a Marx descontextualizando sus citas, desarrolla unos argumentos que van más allá del marxismo objetivista. Pese a que sigue creyendo a su manera particular en la declinación del capitalismo, Pannekoek parte de un ataque fundamental a la concepción que separa a la economía de la política y la lucha: "La economía, entendida como la totalidad de los hombres que trabajan y se esfuerzan por satisfacer sus necesidades de subsistencia, y la política (en su sentido más amplio), entendida como la acción y la lucha que estos hombres agrupados en clases despliegan para satisfacer sus necesidades, forman ambas el dominio unitario de un desarrollo regido por leyes". Pannekoek subraya, en consecuencia, que el colapso del capitalismo es inseparable de la acción del proletariado en una revolución social y política. El dualismo de la noción según la cual el derrumbre del capitalismo estaría separado del desarrollo de la subjetividad revolucionaria en el proletariado implica que, a la vez que se concibe a la clase trabajadora como necesariamente portadora de la fuerza de la revolución, no existe ninguna garantía de que ella será capaz de crear luego un nuevo orden. Así, "un grupo revolucionario, un partido con objetivos socialistas tendría que aparecer como un nuevo poder gobernante en reemplazo del viejo, con vistas a introducir algún tipo de economía planificada. De ahí que la teoría de la catástrofe capitalista constituye un solución instantánea para los intelectuales que reconocen la vulnerabilidad del capitalismo y que desean que los economistas y líderes capacitados construyan una economía planificada". Pannekoek constata algo que también vemos repetirse hoy día: la atracción que ejercen las teorías de Grossman u otras teorías del derrumbe en tiempos en que disminuye la actividad revolucionaria. Entre quienes se identifican como revolucionarios hay una tentación de: anhelar que una buena catástrofe económica lleve finalmente a las masas estupefctas a salir de la inmundicia y entrar en acción. La teoría de que el capitalismo actual ha llegado a su crisis final proporciona una refutación simple y decisiva del reformismo y de todos los programas partidistas que priorizan el trabajo parlamentario y la acción sindical; es decir, una demostración de la necesidad de tácticas revolucionarias tan convincente que debe ser aceptada con simpatía por todos los grupos revolucionarios. Sin embargo, la lucha no es nunca tan simple ni conveniente, ni siquiera la lucha teórica de razones y evidencias (p. 80).

La oposición a las tácticas reformistas, prosigue Pannekoek, no debe basarse en una teoría sobre la naturaleza de la época sino en los efectos prácticos de esas tácticas. No hace falta creer en una crisis final para justificar una posición revolucionaria; el capitalismo pasa de una crisis a otra y el proletariado aprende a través de sus luchas. "Es en este proceso donde se consigue la destrucción del capitalismo. La auto-emancipación del proletariado es el colapso del capitalismo" (p. 8, la cursiva es nuestra). En este intento por conectar internamente la teoría de los límites del capitalismo con el movimiento del proletariado, Pannekoek hizo una jugada esencial. El análisis de esta conexión requiere un poco más de trabajo.

La Cuarta Interncional y el comunismo de izquierda: el cara o sello de la moneda objetivista

A la vez que los pequeños grupos comunistas de izquierda y consejistas adoptaron en su mayoría la teoría de la decadencia, el otro pretendido continuador de la tradición marxista - el trotskismo - también centró su postura en torno a esta concepción. En la fundación de la Cuarta Internacional adoptaron el programa transicional de Trotsky La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional. En este texto la noción mecanicista de la economía capitalista y su declinación, idea que previamente había servido para justificar la posición de la burocracia, implicaba ahora que los intentos del estalinismo "de hacer retroceder la rueda de la historia demostrarán a claramente a las masa que la crisis de la cultura de la humanidad sólo puede ser resuleta por la Cuarta Internacional (...) El problema para las secciones de la Cuarta Internacional es ayudar a la vanguardia proletaria a entender el carácter general y el ritmo de nuestra época, y hacer fructificar con el tiempo la lucha de las masas con medidas organizacionales más decididas y militantes". Puede parecer torpe acusar a los troskos por un texto escrito hace 50 años, en un momento de depresión y guerra inminente, cuando sus planteamientos parecían más razonables. Sobre todo cuando, aunque los troskos ortodoxos los siguen al pie de la letra, lo que está en la orden del día de la mayoría de ellos es el revisionismo. Sin embargo, los revisionistas del SWP y los más revisionistas del RCP siguen sosteniendo la tesis esencial de la crisis inducida por la declinación y la necesidad de una dirección revolucionaria. Los escritos de Trotsky están marcados por una rígida dicotomía entre las condiciones objetivas - o sea, el estado de la economía - y las subjetivas, es decir, la existencia o no existencia del partido. La crisis capitalista es un proceso objetivo de la economía y la decadencia del capitalismo agravará la crisis lo suficiente como para crear un público para el partido, el cual llenará la necesidad de consciencia y liderazgo que tiene la clase obrera. Esta idea de la relación entre objetividad y subjetividad debe ser refutada.

Lo que estamos diciendo no es que los defensores de la tesis de la decadencia no crean en la revolución - es obvio que sí lo hacen.* Nuestra crítica apunta a su actitud contemplativa frente al desarrollo del capitalismo, expresada en la práctica en el hecho de los troskos andan persiguiendo cualquier cosa con tal de reclutarla para la escena final, mientras los comunistas de izquierda se quedan esperando a distancia que los trabajadores den el ejemplo puro de la acción revolucionaria. Tras esta aparente oposición en la forma de relacionarse con la lucha, ambos comparten una concepción común del desarrollo capitalista en la que no aprenden del movimiento real. Aunque los teóricos de la decadencia tienden a deslizar declaraciones de que el socialismo es inevitable, en general para ellos se trata no tanto de que el socialismo llegará inevitablemente - no es que ahora nos vayamos todos para la casa - , sino más bien de que el capitalismo se desplomará. Esta teoría puede así ayudar a la construcción de un partido leninista en el presente, o bien, como plantea Mattick, puede esperar el momento del colapso, cuando será posible crear una organización revolucionaria apropiada. El partido sostiene y entiende la teoría de la declinación; el proletariado no tiene más que alinearse tras esa bandera. O lo que es lo mismo: "Nosotros comprendemos la Historia, sigan nuestro estandarte". La teoría de la declinación se adhiere fácilmente a la teoría leninista de la consciencia, la cual por cierto debe mucho a Kautsky, quien finalizó sus comentarios sobre el Programa de Erfurt prediciendo que las clases medias se pasarían "al Partido Socialista y codo a codo con el irresistible avance del proletariado, seguirán su bandera hacia la victoria y el triunfo".

Después de la segunda guerra mundial tanto los trotskistas como los comunistas de izquierda resurgieron decididos a mantener la visión de que el capitalismo estaba en decadencia y a punto de colapsar. Visto el período que acababa de terminar, tal teoría no parecía ser demasiado irrealista - al derrumbe del '29 siguió una depresión que duró casi toda la década de los '30 y más tarde otra guerra catastrófica. El capitalismo, si no estaba muriendo, al menos parecía gravemente enfermo. Además de sostener teorías similares sobre la declinación, ambas corrientes proclamaban ser los representantes de la verdadera tradición revolucionaria contra la falsificación estalinista. Ahora, aunque podemos reconcer que los comunistas de izquierda y consejistas expresaron algunas verdades importantes sobre la experiencia de 1917-21 contra la versión leninista reivindicada por los troskos, el hecho de compartir con el leninismo una noción objetivista de la economía y una teoría mecánica sobre la crisis les volvió incapaces de responder a la nueva situación, caracterizada por el auge económico. Los revolucionarios del período siguiente tendrían que ir más allá de la posición de los anteriores.

Tras la segunda guerra mundial el capitalismo entró en una de sus fase de expansión más sostenida, con tasas de crecimiento no sólo mayores que las del período de entreguerras, sino también mayores que las del gran auge del capitalismo clásico que había suscitado la controversia del derrumbe en la Segunda Internacional. Al interior del trotskismo sobrevino una crisis debido a que su gurú había interpretado categóricamente la guerra como una prueba de que el capitalismo estaba dando sus últimos estertores de muerte, y había profetizado confidencialmente que el colapso capitalista y la revolución proletaria provocados por la guerra llevarían a la construcción de Estados obreros en occidente y a la liquidación de las deformaciones burocráticas en el este. Trotsky había identificado rígidamente su versión del marxismo con la idea de la bancarrota del capitalismo y escribió que si éste recuperaba un crecimiento sostenido y si la Unión Soviética no regresaba al camino verdadero, entonces habría que decir que "el programa socialista, basado en las contradicciones internas de la sociedad capitalista, es pura utopía". Desde entonces, la tendencia de los grupos trotskistas ortodoxos fue negar los hechos y proclamar constantemente que la crisis era inminente.

Los remanentes del comunismo de izquierda no se limitaban tanto a identificarse con los análisis de un líder (por lo demás, muchos de sus teóricos seguían con vida). Sin embargo, al igual que los troskos, tendían a ver la expansión capitalista de post-guerra como un auge pasajero favorecido por la reconstrucción. En esencia, lo único que podían ofrecer estos teóricos de la ofensiva proletaria posterior a la primera guerra mundial, era la idea básica de que el capitalismo no había resuleto sus contradicciones - que sólo parecía haberlo hecho. La tesis de fondo era, por supuesto, correcta - el capitalismo no había resuelto sus contradicciones - , pero estas contradicciones se estaban expresando en formas que la teoría mecanicista de la declinación y el colapso no había previsto, porque dicha teoría no había abordado cabalmente esas contradicciones. El problema para los revolucionarios del período de auge de post-guerra fue cómo abordar estas contradicciones, en un panorama dominado por las políticas socialdemócratas en los países avanzados, economías keynesianas, producción fordista y consumismo de masas.

Cuando las luchas empezaron a estallar, la nueva generación de radicales adoptó una posición antagónica al rígido esquematismo con que la vieja izquierda afrontaba la crisis del capital. Mientras que los comunistas de izquierda lo aceptaron estoicamente, muchas de las agrupaciones trotskistas siguieron oportunistamente las líneas de la Nueva Izquierda, aunque sólo para atraer más miembros a sus organizaciones y allí convencerlos con la doctrina del colapso económico. Hubo algunos grupos - Socialismo o Barbarie, la Internacional Situacionista, los autonomistas - que trataron de escapar de las rigideces del viejo movimiento obrero y de reformular la teoría revolucionaria.

Parte II

Este es un artículo sobre la teoría de que el capitalismo está en decadencia o declinación. Esta forma de entender nuestra época está asociada a un esquema que divide la historia del capitalismo en una fase mercantil, dominante desde el fin del feudalismo hasta mediados del siglo XIX; un período de madurez correspondiente a a la época del laissez faire liberal en la segunda mitad del siglo XIX; y una fase de ascenso del capitalismo imperialista monopólico - con sus mecanismos de socialización y planificación de la producción - que marcaría el inicio de la época de transición hacia una sociedad post-capitalista.

En la primera parte vimos cómo la idea de declinación o decadencia del capitalismo tiene su origen en el marxismo de la Segunda Internacional y fue mantenida por los dos sectores que reclamaban ser los verdaderos continuadores de la "tradición marxista clásica": el leninismo troskista y el comunismo de izquierda o consejista. Ambas corrientes trataron de sostener el marxismo genuino contra los marxistas reformistas que habían terminado defendiendo el capitalismo. Planteamos que una de las raices del fracaso práctico de la Segunda Internacional es que, teóricamente, el "marxismo clásico" omitió el aspecto revolucionario de la crítica de Marx a la economía política, convirtiéndose así en una ideología objetivista de las fuerzas productivas. La idea de la declinación capitalista sostenida por estas tradiciones es la expresión más aguda de su incapacidad para romper con el marxismo objetivista. Tras la segunda guerra mundial, mientras el trotskismo y el comunismo de izquierda mantenían esta postura aún contra la evidencia del mayor auge en la historia capitalista, un sector de revolucionarios intentó desarrollar una teoría revolucionaria para las nuevas condiciones. Ahora nos ocuparemos de estas corrientes. Analizaremos tres corrientes que rompieron con la ortodoxia: Socialismo o Barbarie, la Internacional Situacionista y la corriente obrerista-autonomista de Italia. Consideraremos también la reafirmación de la teoría de la declinación capitalista y el rechazo de este concepto dentro del objetivismo.

Socialismo o Barbarie

Socialismo o Barbarie (SoB), cuyo principal teórico fue Castoriadis (también llamado Cardan o Chalieu), fue un pequeño grupo francés que rompió con el trotskismo ortodoxo. Tuvo una influencia considerable en los revolucionarios de la época siguiente. En Inglaterra, el grupo Solidaridad difundió las ideas de SoB a través de panfletos que aún circulan, siendo la crítica del leninismo más accesible.

Sin duda uno de los mejores aspectos de SoB fue su preocupación por las nuevas formas de lucha autónoma de los trabajadores al margen de sus organizaciones oficiales y en oposición a sus líderes. SoB, aunque era un grupo pequeño, tuvo presencia en las fábricas a la vez que reconocía las luchas proletarias más allá de los centros de producción.

En parte, lo que permitió a SoB alcanzar este grado de teorización y participación en las luchas reales de los obreros fue su rechazo de las categorías reificadas del marxismo ortodoxo. En Capitalismo Moderno y Revolución, Cardan resume este objetivismo como la visión de que "una sociedad no podría desaparecer sino hasta haber agotado todas sus posibilidades de expansión económica; mientras que, por su parte, el propio 'desarrollo de las fuerzas productivas' incrementaría las 'contradicciones objetivas' de la economía capitalista. Ello produciría crisis que llevarían al colapso temporal o permanente de todo el sistema".Cardan rechaza la idea de que las leyes del capital simplemente actúen sobre los capitalistas y los trabajadores. A su juicio, "en esta concepción 'tradicional' las recurrentes y cada vez más profundas crisis del sistema están determinadas por por las 'leyes inmanentes' del sistema. Los eventos y crisis son en realidad independientes de la acción de los hombres y las clases. Los hombres no pueden modificar el funcionamiento de estas leyes. Ellos sólo pueden intervenir para abolir el sistema en su integralidad". SoB sostuvo la opinión de que el capitalismo, mediante el gasto estatal y el manejo keynesiano de la demanda, había resuelto su tendencia a la crisis quedando solamente un ciclo económico suavizado. La crítica de Cardan a la adhesión del marxismo ortodoxo a una teoría de la crisis propia del siglo XIX en las condiciones de mediados del siglo XX es poderosa. Las condiciones habían cambiado. El capitalismo en el boom de la post-guerra esta manejando sus crisis.

Pero en vez de tomar esta posición como un factor debilitador del fundamento objetivo para el cambio revolucionario SoB afirmó una manera diferente de concebir la relación entre el desarrollo capitalista y la lucha de clases. Como señaló Cardan, "la dinámica real de la sociedad capitalista es la dinámica de la lucha de clases". La lucha de clases es tomada así no sólo como la fecha constantemente esperada de la revolución, sino como la lucha en el día a día. En este vuelco hecho por SoB en la teoría del capitalismo hacia la realidad cotidiana de la lucha de clases y en su intento por teorizar sobre los nuevos movimientos por fuera de los canales oficiales vemos la inversión de perspectiva desde la del capital a la perspectiva de la clase trabajadora. En la teoría mecánica de la declinación y el colapso los marxistas ortodoxos se encontraban dominados por la perspectiva del capital, y tal perspectiva por cierto afectó también sus políticas. El rechazo de la teoría de la crisis fue para SoB el rechazo simultáneo de las políticas que implicaba, ya que, como apunta Cardan, la teoría objetivista de la crisis sostiene que forma en que los trabajadores viven su posición en la sociedad los hace sufrir las contradicciones del capital sin poder entenderlas. Tal entendimiento solo puede venir de un conocimiento 'teórico' de las 'leyes' económicas del capital.

Así, para los teóricos marxistas los trabajadores, actúan impulsados por su revuelta contra la pobreza, pero son incapaces de conducirse a sí mismos (ya que su experiencia limitada no les permite tener un punto de vista privilegiado sobre la realidad social como un todo), solo pueden constituir una infantería a disposición de un staff de generales revolucionarios. Estos especialistas conocen (por un saber al que los trabajadores en cuanto tales no tienen acceso) qué es precisamente lo que no funciona en la sociedad moderna.

En otras palabras, el punto de vista económico implícito en la teoría de la decadencia del capitalismo va mano a mano con la concepción política vanguardista de la "conciencia desde afuera" presente en el Qué hacer (de Lenin).

En su esfuerzo por reinventar la política revolucionaria SoB rechazó la concepción ortodoxa según la cual la ligazón entre las condiciones objetivas y la revolución subjetiva consistiría en que el empeoramiento de la crisis iba a obligar al proletariado a actuar, con el Partido (a través de su comprensión de 'la Crisis') aportando su liderazgo. Por el contrario, ante la ausencia de crisis pero con la presencia de luchas, el rechazo del modelo tradicional fue un estímulo antes que una renuncia.

Lo mejor de SoB fue volcarse al proceso real de la lucha de clases, una lucha que se dirigía cada vez más contra la forma misma del trabajo en el capitalismo. Como ellos señalaron: "La humanidad del asalariado es cada vez menos amenazada por la miserio económica que desafía su propia existencia física. Es cada vez más y más atacada por la naturaleza y las condiciones del trabajo moderno, por la opresión y la alienación que el trabajador sufre en el proceso de producción. En este campo no puede haber reforma duradera. Los patrones pueden elevar los salarios en un 3% cada año, pero no pueden reducir la alienación en un 3% cada año".

Cardan atacó el punto de vista de que el capitalismo, sus crisis y su declinación, eran conducidas por la contradicción entre las fuerzas productivas y la apropiación privada. En lugar de esto argumentó que en la nueva fase de 'capitalismo burocrático' la división fundamental es aquella entre quienes imparten órdenes y quienes las cumplen, y la contradicción fundamental consistía en la necesidad de los que imparten órdenes de negar el poder de tomar decisiones por parte de quienes reciben las órdenes al vez que simultáneamente dependen de su participación e iniciativa para que el sistema funcione. En vez de la noción de las crisis del capitalismo en el nivel económico, Cardan señaló que le capitalismo burocrático estaba sujeto solamente a crisis en el plano de la organización de la vida social.

Si bien la noción de una tendencia universal hacia el capitalismo burocrático donde la distinción crucial estaba dada entre los que imparten órdenes y los que las reciben parecía útil para identificar la continuidad entre los sistemas del Este y del Oeste –en ambos los proletarios no controlaban sus vidas y se les daban órdenes sobre ellas- a tal distinción le falta identificar que lo que hace al capitalismo diferente de otras sociedades de clases es que los que dan órdenes están en esa posición sólo a causa de su relación con el capital, que en sus varias formas –dinero, medios de producción, comodidades- es la autoexpansión del trabajo alienado. La tendencia a la burocracia no reemplazó las leyes del capitalismo, particularmente el fetichismo de las relaciones sociales, más bien las expresó en un nivel más alto. El retorno de las crisis a principios de los setenta demostró que lo que Cardan había denominado como capitalismo burocrático no fue una transformación del capitalismo que de una vez y para siempre aboliera las crisis económicas, sino una forma particular de capitalismo en la que la tendencia a la crisis estaba siendo temporalmente controlada.

Cardan y SoB pensaron que habían superado a Marx al identificar como la 'contradicción fundamental' del capitalismo aquella que consistía en la necesidad del capital de 'perseguir sus objetivos a través de métodos que constantemente desafían esos mismos objetivos', por ejemplo al arrancar de los trabajadores su poder participativo que en realidad el capital necesita. En realidad esta contradicción, lejos de constituir una superación o mejoramiento en relación a Marx, no es sino una expresión de la inversión ontológica fundamental que Marx reconoció en la raíz del capitalismo: el proceso en que las personas se convierten en objetos y sus objetos –mercancías, dinero, capital- se convierten en sujetos. Por supuesto que el capital debe basarse en nuestra participación e iniciativa, porque como tal no tiene ninguna propia. La objetividad y la subjetividad del capital son nuestra subjetividad alienada. Mientras para la ideología que fluye de las relaciones sociales del capital afirma que lo necesitamos –necesitamos dinero, necesitamos trabajo- la otra cara nos muestra que depende totalmente de nosotros. La 'contradicción fundamental' según SoB no alcanza la plena radicalidad de la crítica de Marx a la alienación. Podemos entender, sin embargo, que su teoría fue una respuesta al Marxismo que, en sus variantes estalinista o trotskista, había perdido de vista la importancia fundamental de la crítica de la alienación por Marx y se había convertido en una ideología de las fuerzas productivas, una ideología capitalista.

Es más, al no profundizar la raíz de lo que estaba mal en el marxismo ortodoxo, S o B permitió que algunos de sus problemas reaparecieran dentro de su propia ideología. Uno podría decir que, en su identificación de la dependencia de los que dirigen respecto del control obrero del proceso de producción y en su programa basado en el consejismo del trabajo asalariado, Socialismo o Barbarie mostraba el grado en el cual permanecían anclados en la perspectiva consejista respecto de la cual sus estudios concretos de la resistencia de los trabajadores les deberían haber permitido alejarse – por ejemplo, la perspectiva del trabajador calificado. La perspectiva y las luchas que pretendían pasar del boom de la postguerra a un colapso final eran las del obrero-masa. En tanto la perspectiva radical del trabajador calificado, debido a su comprensión integral del proceso productivo, tendía hacia la noción del control obrero que harían innecesario al parásito capitalista, las luchas del obrero- masa taylorizado tendían a un rechazo de todo el proceso de trabajo alienado: el rechazo del trabajo.

Quizá el aspecto más interesante de la crítica de Cardan a Marx y al marxismo está en que identificaba a El Capital como el origen de la esterilidad del marxismo ortodoxo. Para Cardan lo errado de El Capital era su metodología: "La teoría de los salarios y su corolario en la teoría del nivel creciente de explotación partían de un postulado: que el trabajador estaba completamente 'reificado' (reducido a un objeto) por el capitalismo. La teoría marxiana de la crisis se apoya en un postulado análogo: que los hombres y las clases (en este caso la clase capitalista) no pueden hacer nada respecto al funcionamiento de su economía. Ambos postulados son falsos...Ambos son necesarios para que la economía política sea una 'ciencia' gobernada por 'leyes' similares a las de la genética o la astronomía...es como objetos que tanto los trabajadores como los capitalistas aparecen en las páginas de El Capital...Marx, que descubrió e incesantemente propagó la idea del rol crucial de la lucha de clases en la historia, escribió un trabajo monumental en el que la lucha de clases está virtualmente ausente!".

Cardan ha reconocido algo crucial: la relativa marginación de la lucha de clases en el método mismo adoptado por Marx en El Capital. Es esta ausencia del tema de la lucha de clases y de la subjetividad proletaria en El Capital la base teórica de análisis objetivista de la declinación. La reacción de Cardan es abandonar El Capital. De manera similar, Cardan hace de su ataque a la tendencia a la caída de la tasa de ganancia un punto central, una afirmación de que Marx creía que el estándar real de vida y salarios de los trabajadores es constante en el tiempo. Sin embargo, este no es el caso. El Capital lo sostienen como una hipótesis provisional (parte de la exclusión provisoria de la subjetividad en El Capital). Marx siempre se mantuvo conciente de que lo que cuenta como medios necesarios de subsistencia es un punto de lucha entre los combatientes, pero en El Capital él lo mantuvo como constante a la espera de tratar el tema en el libro sobre el Trabajo Asalariado, un libro que no llegó a escribir. Por esto el valor del poder de los trabajadores es tratado en El Capital solamente desde el punto de vista del capital, porque aquí Marx estaba esencialmente preocupado de demostrar como se había hecho posible el capitalismo. Para que el capitalismo exista debe reificar al trabajador, pero el trabajador, para existir y elevar el nivel de sus necesidades debe luchar a su vez contra esta reificación. En El Capital Marx presentó al proletariado con un acento en la operatoria del capitalismo. Tal acento es una parte del proyecto de superación del capitalismo, pero solo una parte. El problema con el Marxismo objetivista es que ha tomado al Capital como completo. De esa manera, toma una conclusión provisoria como concluyente. La critica de Cardan revela una importante unilateralidad en El capital, y es el fracaso en reconocer esa unilateralidad lo que condujo a la unilateralidad del Marxismo ortodoxo. A pesar de ser algo comprensible en le contexto del boom de la postguerra, el rechazo de Cardan y S o B a la teoría de la crisis y más tarde a Marx fue una sobre-reacción que se volvió en si misma dogmática. Cardan y muchos otros teóricos de SoB como Lyotard y Lefort se convirtieron en recuperadores académicos. Mientras la adopción de las ideas de Cardan ció a los revolucionarios una cierta ventaja sobre los leninistas en los años cincuenta y sesenta, cuando la crisis retornó en los setenta aquellos que continuaron siguiéndolo mostraron irónicamente el mismo dogmatismo al negar la crisis pese a estar en frente de su evidente resurgimiento, tal como los viejos izquierdistas insistían en encontrarla durante su ausencia.

Lo que podemos decir es que a pesar de que en su esencia la teoría de SoB era errada, la importancia del grupo fue no tanto su teoría alternativa sobre el capitalismo ni los posteriores desarrollos de Cardan sino la manera en que su crítica del marxismo ortodoxo señalaba un camino a los futuros revolucionarios. S o B apuntaba hacia un redescubrimiento del espíritu revolucionario en Marx, que consistía nada más que en abrirse al movimiento real que ocurre frente a nuestras narices.

La Internacional Situacionista

Uno de los aspectos más importantes del análisis hecho por SoB fue su reconocimiento de que los trabajadores estaban luchando contra la alienación en la fábrica y fuera de ella. Los situacionistas desarrollaron la crítica de las formas modernas de alienación en un n nuevo nivel, sometiendo el orden capitalista a una crítica total. En vez de decir que la revolución dependía de que la crisis capitalista redujera al proletariado a la pobreza absoluta los situacionistas argumentaron que el proletariado se rebelaría contra su pobreza materialmente enriquecida. Contra la realidad capitalista de producción alienada y distribución alienada los situacionistas desarrollaron una noción de lo que está más allá del capitalismo como la posibilidad de cada individuo de participar plenamente en la transformación continua, conciente y deliberada de cada aspecto y momento de nuestras vidas. El rechazo a separar lo político de lo personal, el rechazo a las políticas martirológicas de la militancia y la crítica del marxismo objetivista en una unidad viviente de teoría y práctica, objetividad y subjetividad, fua una contribución fundamental de la I.S. De hecho podemos decir que al reconocer que la revolución tenía que involucrar todos los aspectos de nuestra actividad y no solo un cambio en las relaciones de producción los situacionistas reinventaron la revolución, que el leninismo había identificado erradamente con la toma del estado y la continuación de una sociedad económicamente determinada.

Mientras SoB fetichizó su rechazo a Marx, los situacionistas recobraron su espíritu revolucionario. El capítulo del libro de Debord "La Sociedad del espectáculo" titulado 'El proletariado y su representación' es un acucioso estudio de la historia del movimiento de los trabajadores. En términos de las cuestión de la crisis y el declive uno de los principales puntos en Debord es su crítica de basar la revolución proletaria en cambios sufridos en el pasado en los modos de producción. La discontinuidad entre los objetivos y naturaleza de las revoluciones burguesa y proletaria es crucial. La meta del proletariado en la revolución no es la gestión más eficiente de las fuerzas productivas: el proletariado elimina su separación y al misdmo tiempo se elimina a sí mismo. El final del capitalismo y la revolución proletara es diferente a todos los cambios previos, así que no podemos basar nuestra revolución en las revoluciones. De entrada hay solo un modelo realmente -la revolución burguesa- y nuestra revolución debe ser diferente en dos maneras fundamentales: la burguesía pudo construir su primero su poderío en la economía, el proletariado no puede; ellos pudieron usar el Estado, el proletariado no puede.

Estos puntos son cruciales para una comprensión de nuestra tarea. La burguesía solo tenía que afdirmarse a sí misma en su revolución: El proletariado tiene que negarse a sí mismo. Evidentemente el Marxismo ortodoxo admite que hay algo diferente en la revolución proletaria, pero no piensan seriamente en estas implicancias. En la noción del declive del capitalismo la analogía se hace en relación a sistemas previos en los que el viejo orden es agota y el nuevo orden ha madurado para acceder al poder, necesitando para ello de una simple captura del poder político que acompañe su poder económico ya existente. Pero el único cambio entre modos de producción que relamente fue así es la transición del feudalismo al capitalismo, y la transición del capitalismo al socialismo/comunismo debe ser diferente puesto que involucra una ruptura completa coj el orden económico y político en su conjunto. El Estado no puede ser utilizado en este proceso porque por su propia naturaleza el Estado es un órgano para imponer la unidad en una sociedad conducida por la economía, en cambio la revolución proletaria destruye esas divisiones. Parte de lo que llevó al Marxismo ortodoxo a la noción del socialismo como algo contruído a través del uso del Estado fue su encantamiento con la 'Crítica de la Economía Política' de Marx, a través de la cual se convirtieron en ecomomistas políticos. Si bien la obra de Marx no era economía poplítico sino la crítivca de esta, contenía en todo caso elementos que permitiían esta atenuación del proyecto. Como escribió Debord: "La faceta determinista-científica del pensamiento de Marx fue precisamente la brecha a través del cuasl penetró el proceso de 'ideologización', aún durante su vida, al interior de la herencia que dejó al movimiento de los trabajadores. La llegada del sujeto histórico continuó siendo pospuesta y era la economía, la ciencia histórica por excelencia, la que seguía crecinetemente garantizando su futura negación. Pero lo que es explulsado fuera del campo de esta visión teórica en este proceso es la práctica revolucionaria, la única verdad de esta negación".

Lo que Debord describe acá es la pérdida de centralidad de la 'crítica' en la asimilación de El Capital por la tradición 'marxista clásica'. Al perder importancia este aspecto fundamental del proyecto de Marx, su trabajo desciende al nivel de una 'Economía Política Marxista'. Como ya hemos mencionado en relación a Cardan, una raíz teórica del Marxismo objetivista está en que convirtieron las limitaciones metodológicas de El Capital en limitaciones definitivas en cuanto a como concebir el ir más allá del capitalismo. Sin embargo, si el problema de los objetivistas fue como tomaron El Capital como base para un modelo lineal de la crisis y el declive, un problema de los situacionistas fue la medida en que extendieron la reacción frente a esta mala utilización de la crítica de la economía política hasta llegar a casi no utilizarla para nada. Para los situacionistas la crítica de la economía política se resume en la 'regla de la mercancía'. La mercancía es entendida como una forma social compleja que afecta todas las áreas de la vida, pero sus complejidades no son realmente enfrentadas. Las complejidades y mediatizaciones de la forma-mercancía (que componen el resto de El Capital) son algo que vale la pena entender y manejar. La mercancía es la unidad y la contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio. El resto de El Capital es el desarrollo de esta contradicción a mayores niveles de concreción. Esta presentación metodológica es posible porque los supuestos iniciales son también un resultado final. La mercancía como punto de partida de El Capital es también el resultado del modo de producción como totalidad, está además impregnada de plusvalía y es una expresión del antagonsimo de clases. En otras palabras, en un sentido, la mercancía contiene la totalidad del capitalismo dentro de sí. Incluso más, la mercancía expresa el hecho de que la dominación de clase asume la forma de la dominación de elementos cuasi-naturales. Que la crítica situacionista haya logrado el poder que tiene se explica ppor por el hecho de que 'la mercancía' resume el modo de producción capitalista en su forma más inmediatamente perceptible. Pero es necesario, particularmente en relación a cuestiones como la crisis, concentrarse en las mediatizaciones que asume esa forma. En vez de rechazar (o ignorar) El Capital debe enfatizarse su carácter de trabajo incompleto, el hecho de que es solamente una pate del proyecto general del capitalismo y de su superación, en el que la auto-actividad de la clase trabajadora tienen el rol crucial. Lo que el trabajo de los situacionistas hizo, en su reivindicación del énfasis en el rol activo del sujeto fue reposicionar 'la única verdad de su negación'. Enfatizar esto, en oposición a todos los Marxistas científicos, los Althuserianos, los Leninistas, etc., era correcto. En un sentido fundamental, es correcto siempre. El Marxismo Ortodoxo, perdido en su economía política, había olvidado el verdadero significado de la práctica revolucionaria. Los situacionsitas recuperaron este aspecto central del trabajo de mrax prefiriendo sus escritos de la primera época y el Libro I de El Capital. Las ideas situacionistas, que fueron una expresión teórica del redescubrimiento de la subjetividad revolucionaria del proletariado, inspiraron a muchos en el 68 y después. Son un punto de referencia esencia para nosotros hoy día. Pero esta reafirmación del sujeto en la teoría y la práctica no derrtó al capitalismo en esa época - y el capital volvió a entrar en crisis.

En el nuevo período abierto por la ofensiva proletaria de finales de los sesenta y en los setenta, una comprensión de la crisis -comprendiendo su dimensión 'económica'- necesita una vez más ser un elemento crucial de la teoría proletaria. Pero los situacionistas habían adoptado básicamente la posición de SoB acerca de que el capitalismo había resuelto su tendencia hacia la crisis económica. La crítica de Debord al enfoque burgués que yacía detrás de las pretensiones científicas de los defensores de la teoría de la crisis era en cierta manera correcta, pero ses equivocaba en cuanto menospreciaba completamente la noción de crisis. En "El verdadero quiebre" Debord y Sanguinetti por lo menos admitían el retorno de la crisis al decir que "incluso la vieja forma de la simple crisis económica, que el sistema había superado exitósamente...resurge como posibilidad en el futuro inmediato". Esto es mejor que las afirmaciones que hacía Cardan en su introducción de 1974 a una nueva edición de "El Capitalismo Moderno y la Revolución" en que negaba la realidad substancial de la crisis económica. Cardan llegó a aceptar la creencia burguesa de que todo era en definitiva un accidente causado por la crisis del petróleo. Pero a la vez que la posición de Debord y Sanguinetti era mejor en cuanto admitía la crisis, no creemos que en ella exista una intención seria de asumir el cambio de circunstancias. Como "El verdadero quiebre" señala en su introducción: "la Internacional Situacionista se inpuso en un momento en un momento en que se pensaba en un colapso del mundo, un colapso que se ha iniciado frente a nuestros ojos". De hecho "el verdadero quiebre" se caracteriza por la noción de que el capitalismo ha entrado en una crisis final -pese a que esa crisis sea vista como una crisis revolucionaria.

La descripción hecha en "el verdadero quiebre" del período abierto en 1968 como uno de crisis general es en general correcta, pero es al mismo tiempo inadecuada.

Pese a que juzgar la época en atención a Mayo del 68 y al otoño caliente del 69 en Italia es comprensible, lo que se necesitaba era un real intento por analizar los términos de la crisis. Eso habría requerido algún analisis de la interacción entre elsujeto rebelde y la economía 'objetiva', y eso habría requerido echar un vistazo al resto de El Capital.

La revancha de los objetivistas

La crisis económica de los setenta, junto con echar por tierra lo que se esperaba del período anterior, pareció dar la razón a los defensores de la noción marxista tradicional de que el capitalismo vivía una crisis terminal. No solo pensadores de la vieja izquierda, como Mandel en el trotskismo y Mattick en el comunismo consejista, sino que también nuevas figuras, como Cugoy, Yaffe y Kidron, emergieron como nuevos campeones de una versión de la teoría marxista correcta de la crisis. Los movimientos políticos conectados con esos análisis también experimentaron un crecimiento. Había desaveniencias importantes entre las teorías producidas, pero el elemento común fue la perspectiva de que el retorno de la crisis podía ser explicado adecuadamente con la teoría del movimiento del capital explicada por Marx en El Capital. La cuestión era qué tendencia a la crisis debía ser enfatizada desde las referencas esbozadas por Marx.

Mandel y Mattick

Mandel y Mattick, como figuras precursoras, ofrecieron alternativas influyentes. Lo que Mattick hizo, en esencia, fue mantener viva la teoría del colapso de Grossman durante el boom económico de la posguerra. Es decir, ofreció una teoría que explicaba la tendencia mecánica al derrumbe capitalista en base al crecimiento de la composición orgánica del capital y la caída de la tasa de ganancia. Su innovación consistió primordialmente en analizar cómo la economía mixta de los keynesianos difería la crisis mediante el gasto estatal improductivo. Sostuvo que, si bien dicho gasto había podido detener temporalmente los efectos de la crisis, esto se debía únicamente al auge económico que siguió a la guerra. Consideraba que la exitosa manipulación del ciclo económico dependía de que en general se mantuviese un alto nivel de ganancias en el sector privado. Cuando la caída general de la tasa de ganancias hubiese alcanzado un punto crítico, la creciente demanda estatal ya no bastaría para reactivar las condiciones de acumulación y, de hecho, el flujo de recursos estatales hacia el sector privado aparecería como parte del problema. Argumentaba, así, que el keynesianismo podía postergar pero no prevenir la tendencia a la crisis y el colapso inherente a las leyes del movimiento del capital. Una de las principales ventajas del análisis de Mattick consiste en basar la teoría de la crisis en las contradicciones internas de la producción capitalista. De esta forma se separó del enfoque de moda según el cual el capitalismo se debilitaría a causa de las derrotas propinadas al imperialismo por las revoluciones del tercer mundo. Así, no le negó un potencial revolucionario a la clase trabajadora de los países occidentales. Para él, sin embargo, esta lucha de clases sería una respuesta espontánea al eventual fracaso del keynesianismo en prevenir la crisis de acumulación. Las leyes del capital que se suponía eran el origen de la crisis y la lucha de clases se hallaban totalmente separadas. La carencia fundamental de este análisis era un examen de cómo ocurría la lucha de clases dentro del período de acumulación. No se puede comprender la crisis del capitalismo al nivel abstracto en que la aborda Mattick.

El economista belga Mandel, en su libro Capitalismo Tardío propuso un enfoque multicausal. Define seis variables, cuya mutua interacción supuestamente explicaría el desarrollo capitalista. Sólo una de estas variables - la tasa de explotación - tiene alguna relación con la lucha de clases, aunque aquí la lucha de clases es sólo uno entre otros factores determinados por dicha variable. ¡La historia del capital sería la historia de la lucha de clases entre otras cosas! El otro factor importante sería el desarrollo desigual y en consecuencia el papel revolucionario de los países anti- imperialistas. De este modo, la historia del modo de producción capitalista aparece determinada no por la contradicción central capital/trabajo, sino por aquella entre relaciones económicas capitalistas y pre-capitalistas. Por un lado Mandel afirma su ortodoxia en la idea de que el capitalismo tardío es sólo una continuación de la época imperialista/monopólica descrita por Lenin, pero también rehabilita la teoría de las ondas largas de desarrollo tecnológico que cruza a la época de declinación imprimiéndole períodos de movimiento ascendente y descendente. Las ondas largas son producto de la innovación técnica. Pero ni en la tesis mandeliana de las ondas largas determinadas por la tecnología, ni en la tesis de la caída de la tasa de ganancia causada por la creciente composición orgánica del capital, se reconoce en qué medida la innovación técnica es una respuesta a la lucha de clases. El determinismo tecnológico subyace, de una forma u otra, al marxismo objetivista; ahí radica la importancia de la crítica autonomista a la visión objetivista de la tecnología. Es preciso ligar la acumulación capitalista y sus crisis a la lucha de clases. En el período fordista/keynesiano las luchas de la clase obrera se expresaron mayoritariamente en un aumento sostenido de los salarios, por cuanto los sindicatos, en representación de la clase trabajadora, canalizaron la lucha contra la tiranía del proceso de trabajo hacia demandas salariales. Al obtener aumentos constantes, los obreros obligaron al capital a elevar la productividad mediante la intensificación de las condiciones de trabajo y una creciente inversión destinada a reducir las necesidades de mano de obra. Esto le permitió al capital seguir garantizando a los obreros el aumento real de los salarios. En este sentido, tal como los autonomistas sostuvieron, durante un período la lucha de la clase obrera se volvió un aspecto funcional al circuito capitalista: un motor de acumulación. Pero antes de entrar en dicho análisis vale la pena señalar que algunos pensadores del campo objetivista abandonaron la problemática de la declinación e intentaron hacer un análisis más sofisticado del período de post-guerra. El Enfoque de la Regulación se abrió a las ideas nuevas como el análisis autonomista del fordismo. Sin embargo, otra infulencia importante fue el estructuralismo, que mantuvo a la Enfoque de la Regulación dentro de los márgenes del objetivismo.

El Enfoque de la Regulación

El Enfoque de la Regulación (ER) es significativo porque intentó desarrollar la teoría en relación con la realidad concreta del capitalismo moderno. Figuras de esta corriente como Aglietta y Lipietz rompieron con las visiones ortodoxas acerca de los períodos del capitalismo y lo que sus crisis representaban. La periodización ortodoxa del capitalismo planteaba que éste creció con el capital mercantil y maduró con el laissez faire competitivo, para finalmente decaer - preparando las condiciones para el socialismo - en su fase monopólica e imperialista. El enfoque ortodoxo de la crisis sostenía que en un capitalismo saludable ésta es parte del ciclo económico normal, mientras que 'en tiempos de guerra y revolución' sería la evidencia de su declinación subyacente y muy probablemente de la crisis terminal y el derrumbre del conjunto del sistema. En términos de periodización, el ER introdujo la noción de "regímenes de acumulación". Esto es, que las etapas del desarrollo capitalista se caracterizan por estructuras institucionales y patrones de normas sociales interdependientes. En cuanto a la crisis, el ER sugirió que las crisis prolongadas podrían representar la crisis estructural de las instituciones reguladoras y las normas sociales conectadas con el régimen de acumulación.

Así por ejemplo, interpretaron la división entre el capitalismo de laissez faire y el monopólico como el paso de un 'régimen de acumulación extensiva y regulación competitiva' existente antes de la Primera Guerra Mundial, a un 'régimen de acumulación intensiva y regulación monopólica' después de la Segunda Guerra; la fase intermedia correspondería a la crisis de un régimen y la transición al siguiente. La dificultad para los marxistas ortodoxos consistía en cómo encajar el período de post- guerra en su noción de 'época transicional'. Pudieron resolverlo identificando ese período con una nueva fase de 'capitalismo monopólico de Estado', pero enfrentados al problema de que el monopolio debía representar el fin del capitalismo más que su crecimiento. El ER afirmaba que lejos de tratarse de un período de declinación, la post- guerra verificaba la consolidación de un régimen de acumulación intensiva. El ER caracterizó este período por los métodos de producción fordistas y el consumo masivo, la incorporación de los bienes de consumo como parte primordial de la acumulación capitalista y la hegemonía norteamericana a nivel mundial. En esencia, lo que aparece en la base de este régimen es el vínculo entre la elevación del standard de vida y el crecimiento de la productividad. A la luz del ER los años 70 constituyen un nuevo período de crisis estructural, pero esta vez del régimen de acumulación intensiva. Al igual que Negri y los autonomistas, el ER ve una parte de la crisis como la desvinculación entre aumentos salariales y productividad, y el debilitamiento del consenso social. El cese del aumento en la productividad acarrea la crisis fiscal del estado, al tiempo que éste sigue empeñado en los aumentos acumulativos del gasto público mientras la base económica imprescindible para ello - un crecimiento sostenido real - está erosionada. En el plano internacional, a medida que la hegemonía norteamericana se deteriora, también hay un deterioro de las condiciones favorables para el comercio mundial. El punto central en relación a la tesis de la declinación es que la crisis no es un proceso de agonía y muerte, sino una crisis estructural severa que el capital sólo podrá superar si restablece un régimen de acumulación.

La ruptura del ER con al esquema rígido de la ortodoxia revela un análisis marxista mucho más sofisticado y menos dogmático. Sin embargo no hay una inversión de la perspectiva que permita ver el proceso desde el punto de vista de la clase asalariada. El ER permanece firmemente dentro de la lógica del capital, y simplemente agrega una masa de complicaciones al análisis. Aunque ve correctamente la crisis como una crisis del conjunto del orden social, el hecho de que vea el capital no como una batalla entre sujetos sino como un proceso sin sujeto, significa que cae en el funcionalismo. Se asume que la reestructuración del capitalismo en curso llevará exitosamente al establecimiento de un nuevo régimen de acumulación flexible, suponiendo al post o neofordismo como algo inevitable. Tales ideas configuran una nueva forma de determinismo tecnológico que, dado que afirma la continuidad inevitable del capitalismo más que su colapso, resulta más atractivo para los reformistas de izquierda que para los revolucionarios. Así que, pese a que podemos usar algunas de sus ideas, el ER es como su padre estructuralista, esencialmente basado en la lógica del capital. Adoptar el punto de vista del capital será siempre una tendencia de los pensadores académicos pagados por el Estado.

El marxismo objetivista aprehende parcialmente la realidad del capitalismo, pero solamente desde un polo: el del capital. Este marxismo acepta las categorías de El Capital, que están basadas en la reificación de las relaciones sociales bajo el capitalismo, como una realidad dada más que como una realidad contestada. Se toma la subsunción del trabajo de la clase asalariada como un final, cuando es algo que debe realizarse repetidamente. Se ve a la clase trabajadora como un engranaje en el avance del capital, que se desarrolla según sus propias leyes. Tendencias como el aumento de la composición orgánica son tomadas como leyes técnicas intrínsecas a la esencia del capital, en circunstancias que ésta y sus contratendencias son en realidad áreas de contestación. Hay que abordar el proceso desde el otro polo: el de la lucha contra la reificación, que es lo que hicieron grupos como Socialismo o Barbarie y los situacionistas. Su alejamiento de la teoría de la crisis era comprensible y parte necesaria del redescubrimiento de la práctica revolucionaria en el período de auge de la post-guerra. Sin embargo, cuando la crisis reapareció, fueron los objetivistas quienes parecieron contar con las herramientas para abordarla. Aún así, fracasaron en tomar una dirección política adecuada a partir de sus teorías. La idea era simplemente que ellos entendían la crisis, por lo tanto la gente tenía que agruparse bajo su bandera. No obstante, en Italia surgió una corriente cuyo rechazo al objetivismo incluyó una nueva forma de abordar la crisis.

La corriente obrerista-autonomista

Una corriente importante de la Nueva Izquierda italiana está representada por los teóricos "obreristas" de los '60 como Panzieri y Tronti, y los autonomistas de fines de los '60 y de los '70, entre los cuales destacaron Negri y Bologna. Ellos atacaron las categorías reificadas del marxismo objetivista. Atacando el objetivismo del marxismo ortodoxo pusieron también en cuestión la problemática de la declinación que era predominante en su tiempo. Parte de la fuerza de esta corriente radicó en que, más que simplemente afirmar a Marx contra un movimiento obrero decididaamente reformista, tuvo que vérselas con el marxismo prestigioso y teóricamente sofisticado del Partido Comunista Italiano. El PCI, en su transición del estalinismo al euroestalinismo, convirtió su contemplación de la crisis general del capitalismo en apoyo a su desarrollo sostenido. Los obreristas captaron que ambas posiciones implicaban una posición contemplativa frente a la economía capitalista y que lo que hacía falta era invertir la perspectiva para mirar al capitalismo desde el punto de vista de la clase trabajadora.

Raniero Panizeri, uno de los precursores de esta corriente, contribuyó con dos críticas de fondo al marxismo ortodoxo. Atacó la falsa dicotomía entre planificación y capitalismo, así como la noción de neutralidad de la tecnología contenida en la ideología de las fuerzas productivas.

La falsa dicotomía entre planificación y capitalismo

Panzieri afirmaba que la planificación no es lo contrario al capitalismo. El capitaismo, como Marx lo señalara, está basado en la planificación despótica en el lugar de la producción. El capitalismo fue más allá de los modos de producción anteriores al apropiarse de la cooperación en el proceso productivo. El trabajador experimenta esto como un control ajeno sobre su propia actividad. En el capitalismo del siglo XIX esta planificación despótica contrasta con la competencia anárquica a nivel social. Panzieri sostuvo que el problema del marxismo ortodoxo y su teoría de la declinación es que toma este período de laissez faire capitalista como si fuera un modelo verdadero, mientras que el cambio respecto a este modelo debe representar la declinación del capitalismo o la transición al socialismo. Según la concepción desarrollada por Panizeri y más tarde por Tronti, el capitalismo de mediados del siglo XX había superado en cierta medida la oposición entre planificación y mercado, convirtiéndose en un capitalismo más avanzado, caracterizado por la obtención del dominio de la sociedad por parte del Capital Social; la formación progresiva de una Fábrica Social. En su dimensión social, la sociedad capitalista no es sólo anarquía sino capital social - la orientación de todos los aspectos de la vida hacia la imposición de las relaciones de trabajo capitalistas.

Con esto, la contradicción central en la que el marxismo ortodoxo basaba su teoría de la declinación resulta erosionada. No hay una contradicción fundamental entre la socialización capitalista de la producción y la apropiación capitalista del producto. La 'anarquía del mercado' es un aspecto de la forma en que el capital organiza la sociedad, pero la planificación es otro. Estas dos formas del control capitalista no son fatalmente contradictorias sino que interaccionan dialécticamente: con la planificación generalizada el capital extiende la forma mistificada fundamental de la ley de la plusvalía de la fábrica al conjunto de la sociedad; en realidad, ahora parece desaparecer toda huella del origen y de las raíces del proceso capitalista. La industria se reintegra en el capital financiero para luego proyectar, a escala social, la forma específica que asume la extorsión de la plusvalia. La ciencia burguesa ve esta proyección como el desarrollo neutral de las fuerzas productivas, de la racionalidad, de la planificación.

La planificación que vemos en el capitalismo no es transicional. Al identificar el socialismo con la planificación, éste deja de ser la negación del capitalismo y se convierte en una de sus tendencias. Lo que emergió del desarrollo del capital monopólico-financiero fue la base no de un modo de producción no capitalista sino de una forma de capitalismo socialmente más integrado. El capital superó algunas de las dificultades de su fase inicial, pero el proceso por el cual lo consiguió fue interpretado como su fase terminal.

Crítica de la tecnología

Ligada a la deconstrucción de la dicotomía planificación/anarquía del marcado llevada a cabo por Panzieri, estuvo su crítica - quizás aún más rupturista - de la tecnología. La planificación despótica del capitalismo opera a través de la tecnología. En esencia, Panizeri afirmó que en el capitalismo la tecnología y el poder están tan interconectados que se hace necesario abandonar la noción marxista ortodoxa de la neutralidad de la tecnología. Una vez más, lo que se critica aquí es la naturaleza reificada de los términos en la concepción ortodoxa de que las fuerzas productivas pujarían por librarse de las trabas que le imponen las relaciones de producción.

No existe ningún factor oculto, 'objetivo', inherente a los rasgos del desarrollo tecnológico o de la planificación en la sociedad capitalista actual, que pueda garantizar la transformación 'automática' o el 'necesario' derrocamiento de las relaciones existentes. Las nuevas 'bases técnicas' obtenidas progresivamente en la producción le dan al capitalismo nuevas posibilidades para la consolidación de su poder. Esto no significa, por supuesto, que las posibilidades de derrocar al sistema no aumenten al mismo tiempo. Pero estas posibilidades coinciden con el carácter globalmente subversivo que tiende a asumir la 'insubordinación' de la clase trabajadora frente al 'andamiaje objetivo' cada vez más independiente del mecanismo capitalista.

Esto ejemplifica el cambio que representó la perspectiva 'obrerista': de una concepción centrada en el movimiento 'oculto' de las fuerzas productivas entendidas como fuerzas técnicas, se avanzó a una que ve a la clase revolucionaria como la fuerza productiva más poderosa. Panzieri respondía así a una nueva combatividad de la clase obrera, a su rearticulación en un grado tal que llegaba a plantear una amenaza al capital; pero "Este ascenso de la clase", como él mismo aclara, "se expresa no como un progreso, sino como una ruptura, no como la 'revelación' de una racionalidad oculta en el proceso productivo moderno, sino como la construcción de una racionalidad radicalmente nueva, contrapuesta a la racionalidad desplegada por el capitalismo".

Mientras que las principales corrientes marxistas, ya fuesen éstas ostensiblemente revolucionarias o reformistas, tenían y siguen teniendo una actitud reformista hacia la tecnología capitalista - por ejemplo en su deseo de organizarla mediante una planificación más eficiente y racional -, Panzieri vio en qué medida la clase obrera era la que mejor reconocía dialécticamente "la unidad de los momentos 'técnicos' y 'despóticos' en la actual organización de la producción". La producción maquínica y otras formas de tecnología capitalista son un producto históricamente específico de la lucha de clases. Verlas como 'técnicamente' neutrales es ponerse de parte del capitalismo. Dado que tal punto de vista ha dominado al marxismo ortodoxo no es extraño que algunos quieran ahora rechazar la crítica histórica del capitalismo para quedarse en una perspectiva anti-tecnológica. El problema de sustituír la simple negación de la 'civilización' por la negación determinada (Aufhebung) del capitalismo, no es sólo que algunos queramos tener lavadoras, sino que ello nos impide conectarnos al movimiento real.

La crítica de la tecnología combinada con la inversión de perspectiva permitió a los obreristas empuñar la crítica de la economía política como una herramienta revolucionaria del proletariado. Como hemos visto, una parte clave de la mayoría de las teorías sobre la declinación y la crisis, es la caída tendencial de la tasa de ganancia debida a la creciente composición orgánica del capital, consecuencia a su vez del reemplazo capitalista del trabajo (fuente del valor) por las máquinas. Los italianos tomaron esta aguda observación de Marx: "Se podría escribir una historia de todos los inventos introducidos por el capital desde 1830 sólo para proporcionarles armas contra las revueltas de la clase trabajadora", y la desarrollaron al interior de una teoría en que consideraban el desarrollo tecnológico del capital como respuesta a y en interacción con la lucha de la clase obrera, en tanto que el proceso de trabajo capitalista se constituía en terreno de una lucha de clases constantemente repetida. Al basar el desarrollo capitalista en la lucha de la clase asalariada, los obreristas le dieron sentido a la idea de Marx de que la mayor fuerza productiva es la clase revolucionaria misma. Cuando vemos el constante aumento de la composición orgánica del capital como un producto de la lucha de clases y de la creatividad humana, la caída tendencial de la tasa de ganancia empieza a perder sus secuelas objetivistas. La transformación del capital como estrategia de plusvalía absoluta en estrategia de plusvalía relativa, fue forzada por la clase obrera y ha redundado en que tanto ella como el capital queden atrapadas en una batalla por la productividad. En esta teoría obrerista, las categorías de la composición orgánica y técnica del capital fueron des-reificadas y vinculadas con la idea de composición de clase, es decir, con las formas de lucha y subjetividad de clase que acompañan a la composición 'objetiva' del capital. Usando esta noción, los teóricos de la autonomía obrera desarrollaron una crítica de las antiguas formas de organización - tales como el partido de vanguardia - como reflejos de una composición de clase anterior; y teorizaron acerca de las nuevas formas de organización y lucha de la masa trabajadora. Esto arroja una luz completamente nueva sobre sobre el problema de la declinación del capitalismo y la transición al comunismo: la llamada inevitabilidad de la transición al socialismo no radica en el plano del conflicto material, o más precisamente en el del desarrollo económico del capitalismo; más bien se relaciona con la 'inteolerabilidad' de la fragmentación social y sólo se puede manifestar como la adquisición de consciencia política. Por esta misma razón, el derrocamiento del sistema por la clase trabajadora es una negación del conjunto de la organización en la cual el capitalismo se expresa - en primer lugar y lejos, de la tecnología tal como está ligada a la productividad.

Vemos que la primera oleada de obrerismo italiano en los '60 rechazó la noción de que el período de laissez faire marcó la existencia propiamente tal del capitalismo y que desde entonces éste habría venido declinando o decayendo; en cambio, prefirió un análisis de los rasgos concretos del capitalismo contemporáneo. Esto le permitió ver la tendencia a la planificación estatal como expresión de la tendencia totalitaria del capitalismo: el Capital Social. También rompieron con el marxismo ortodoxo al invertir su perspectiva y ver a la clase obrera como la fuerza motriz del capital, volviendo a una investigación militante de las luchas del obrero-masa.

Teoría de la crisis a partir de la lucha de clases

Hay similitudes entre las posiciones autonomistas y el análisis de Socialismo o Barbarie; sin embargo las primeras, puesto que se basaban no en el rechazo sino en la reinterpretación de las herramientas ofrecidas por la crítica marxiana de la economía política, fueron más capaces de responder a la crisis abierta en los '70. En efecto, se podría decir que la crisis de ese período mostró cuán acertado estaba Tronti cuando en 1964 sugirió la posibilidad de que "las primeras exigencias hechas por los proletarios por derecho propio, el momento en que no pueden ser absorvidos por el capitalista, funcionan objetivamente como formas de rechazo que ponen al sistema en riesgo de muerte... simple bloqueo político en el mecanismo de las leyes objetivas". El progreso pacífico del capitalismo quedó hecho añicos a fines de los '60 y la teoría obrerista italiana fue la que llegó más lejos en la comprensión de este hecho; de igual forma, la práctica de los obreros italianos durante los '70 fue la que llegó más lejos en el ataque a las relaciones capitalistas.

Según Mattick, el marxismo ortodoxo respondió al keynesianismo planteando que éste no podía alterar realmente las leyes del movimiento del capital y que sólo podía postergar la crisis. Esto es correcto hasta un cierto punto; el problema es que se percibe la economía como una máquina más que como la apariencia reificiada de unas relaciones sociales antagónicas. El avance autonomista, expresado en trabajos como los dos ensayos de Negri de 1968, consistió en caracterizar al keynesianismo como una respuesta a la ofensiva de la clase obrera de 1917, un intento por desviar el antagonismo de clase en beneficio del capital. Keynes fue un pensador estratégico del capital y el keynesianismo, que canalizó la lucha de la clase obrera por la vía de incrementos salariales en pago por el aumento de la productividad, era en esencia no sólo un requerimiento de la gestión económica sino también de la gestión estatal sobre la clase obrera, una gestión que se hace cada vez más violenta a medida que la clase obrera la rechaza. El precario balance que esto representaba entró en crisis debido a la ofensiva que la clase obrera emprendió a fines de los '60 y en los '70, ofensiva que vino a romper los compromisos de productividad sobre los que se basaba la acumulación. El análisis autonomista veía todo el período fordista/keynesiano como un período del estado planificador, que tras entrar en crisis estaba siendo reemplazado por un estado que usa activamente las crisis para mantener el control.

La teoría de la crisis a partir de la lucha de clases es una corrección necesaria de las visiones objetivistas. La cuestión central para el marxismo autonomista fue reconocer la crisis del capitalismo ya no como determinada fatalmente por leyes objetivas que actúan sobre la clase obrera, sino como una expresión objetiva de la lucha de clases. La noción de época de declinación o decadencia es, en efecto, omitida por esta teoría de las luchas concretas de la clase. La historia del capitailsmo no es el despliegue objetivo de las leyes del capital, sino una dialéctica de composición y recomposición política. Desde esta óptica, la profunda crisis desatada en los '70 aparece como el resultado de las luchas del obrero-masa fordista. Ese sujeto, que había surgido del ataque capitalista contra la composición de clase que casi le destruyó tras la primera guerra mundial, se había recompuesto políticamente hasta convertirse en una amenaza para el capital. La crisis del capital es la crisis de la relación social.

Durante los '70 los autonomistas produjeron la teorización más avanzada sobre el rechazo del trabajo, junto a una crítica que descartaba la teoría catastrofista de la crisis en favor de una teoría dinámica de la crisis acpitalista y la subjetividad proletaria. Los autonomistas ejemplificaron su teoría de la crisis a partir de la lucha de clases con la consigna: "La Crisis de los Jefes es una Victoria de los Trabajadores". Esto les diferencia hondamente del marxismo ortodoxo, que explica la crisis en términos de contradicciones internas del capital, donde la declinación derivada del choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción conduciría a la crisis general. La noción de que el capital obstaculiza a las fuerzas productivas, aunque cierta en un sentido, no considera que a veces la fuerza de la clase trabajadora obstaculiza a su vez las fuerzas productivas entendidas en términos capitalistas. La clase trabajadora obstaculiza el desarrollo de las fuerzas productivas porque este desarrollo va contra sus propios intereses, contra sus necesidades. La significación de la resistencia del proletariado al trabajo capitalista no debe desaparecer en el sueño socialista de trabajo para todos. Como dice Negri: "Liberación de las fuerzas productivas, por supuesto, pero como la dinámica de un proceso que lleva a la abolición, a la negación en la forma más total. Pasar de la liberación-del-trabajo al ir-más-allá-del-trabajo, es lo que forma el centro, el corazón del comunismo".

La teoría autonomista era, en cierta forma, una proyección optimista de las tendencias presentes en la lucha existente. Esto funcionó bien mientras la lucha de clases iba en ascenso y cuando las tendencias revolucionarias llegaron luego a realizarse en actos. Así, por ejemplo, Tronti desarrolló la idea de un nuevo tipo de crisis desatada por el rechazo de los obreros porque la vio prefigurada en la batalla de Piazza Fontana (hechos ocurridos en 1967, cuando los obreros en huelga de la FIAT atacaron violentamente a los sindicatos). La validez de dicha proyección quedó confirmada en el otoño caliente italiano de 1969, cuando a menudo los obreros volvían a la huelga inmediatamente después de haber regresado a trabajar tras un período de huelga. Sin embargo tales proyecciones teóricas, hechas también por los situacionistas cuando vieron en las huelgas salvajes en Inglaterra una señal de lo que vendría después, se hicieron inadecuadas cuando, tras la contra-ofensiva capitalista la tendencia que predominó fue la imposición del trabajo. Los teóricos autonomistas trataron de explicar esto con nociones como la del estado planificador convertido en estado de crisis.

La teoría de la crisis basada en la lucha de clases de alguna forma perdió el rumbo en los '80; mientras en los sesenta el quiebre de las leyes objetivas del capital era evidente, el triunfo parcial del capital abatió al sujeto emergente. Durante los '80 vimos cómo a las leyes objetivas del capital se les daba libre albedrío para reinar despóticamente sobre nuestras vidas. Una teoría que vinculara las manifestaciones de la crisis con los comportamientos concretos de clase encontraba pocas luchas ofensivas con las que conectar, pese a lo cual la crisis proseguía. La teoría se había vuelto menos adecuada a las condiciones. La inclinación de Negri al optimismo extremo y a sobreestimar las tendencias como si fueran realidades, aunque no es tan mala en tiempos de subversión proletaria, al acentuarse se convirtió en un verdadero problema para su teorización, que le hizo resbalar hacia su propia tesis de la declinación. Desligados del movimiento revolucionario, los escritos de Negri resultan impotentes. En escritos como Nosotros, comunistas y su contribución a Marxismo Abierto, encontramos, ahora bajo un nuevo ropaje subjetivista, la teoría de la declinación del capital y la llegada inminente del comunismo.

Con todo, los autonomistas son un elemento necesario pero no completo; expresan el movimiento de su época pero, en el caso de Negri al menos, se debilitan al aislarse de él. Podríamos decir que así como el '68 mostró las limitaciones tanto como la validez de las ideas situacionistas, el período de crisis y de actividad revolucionaria en Italia durante la década de 1969-79 mostró la validez y las limitaciones de los obreristas y de la teoría autonomista. Esto no quiere decir que tengamos que ir de vuelta a los objetivistas, sino que tenemos que avanzar. La teoría autonomista en general, y la teoría de la crisis a partir de la lucha de clases en particular, hicieron un aporte fundamental a la crítica de las categorías reificadas del marxismo objetivista. De ahí que podamos considerarlas como "modos de existencia de la lucha de clases". Si a veces se pasa esto por alto, y se ignora en qué grado las categorías tienen una vida objetiva como aspectos del capital, sigue siendo necesario sostener la importancia de la inversión de perspectiva. Necesitamos un modo de concebir la relación entre objetividad y subjetividad que no sea ni el mecanicismo de los objetivistas ni la afirmación reactiva de que "todo es lucha de clases". ¿Cómo podemos abordar el estado actual del capitalismo?

* La teoría de la declinación no es una teoría del derrumbe automático del capitalismo. La mayoría de quienes la sostienen reconocen que el capital puede recuperarse temporalmente si la clase trabajadora lo permite; se trata más bien de una teoría que ve una tendencia inevitable al colapso contenida dentro del propio desarrollo capitalista, y que reduce el problema de la subjetividad a llevar la consciencia al plano de los hechos.

LA CATÁSTROFE CAPITALISTA ALCANZA NUEVAS CUMBRES grupo ANARRES Brasil

Breve excursión bajo el sol negro del capital

Según el discurso de los explotadores, la desaparición brutal de la constelación soviética en 1989 debía, finalmente, consagrar la luminosa y definitiva victoria del capitalismo sobre el socialismo, en realidad ponía en evidencia la incapacidad de dirigir policialmente al capital, de compensar políticamente las diferencias cada vez mayores dictadas por la ley del valor, de subsanar en el largo plazo la ausencia de dinamismo tecnológico por protección política. La pretensión burguesa de controlar y planificar el capital, encarnado por la URSS y sus aliados, terminó en las basuras de la historia y mostrando su total y completo fracaso. Allí, la desvalorización generalizada, que estranguló a la bestia capitalista desde mediados de los años setenta, terminó por destruir toda veleidad de reformarla, de cambiarla para darle un atavismo más humano. El mercado y la ley del valor han demostrado que el libre cambio es el único y exclusivo dios al que todos tienen que adorar. Todos los dirigentes del planeta, inclusive los antiguos marxistas-leninistas, los verdaderos trotskistas, los aparatistas de todo género, los incorregibles libertarios, los socialistas de izquierda, los herederos del presidente Mao... como los auténticos guerrilleros, todos, de derecha como de izquierda, incluso sus extremos, se reacomodaron, sin muchas dificultades, al culto de los “beneficios del mercado y de su mano invisible”, aunque muchos de ellos, reconvertidos al altermundialismo proclamen algunas reformas y regulaciones para mejorar estatalmente por medio de tasas u otras reformas la tan invisible y mencionada mano. Del otro lado hasta las dictaduras más liberales, como la de Bush, aplicaban abiertamente viejos principios keynesianos y reconocían la función del gasto público y la guerra para impulsar la economía. Fue como si ante la consciencia general de la burguesía de la imposibilidad de un verdadero control del capitalismo, todas las fracciones de la clase dominante hubiesen reconocido en sus contrincantes lo que ellos también aportaban a la defensa común de la dominación de clase. La política económica mundial se unificó más todavía, en todas partes se aplicaron las mismas recetas: la derecha e izquierda de la burguesía mostraban abiertamente su identidad. fundamental tanto tiempo escondida. Desde entonces todos los ojos se dirigieron exclusivamente hacia Washington, que encarnaba la nueva Roma del inicio del milenio. La burguesía estadounidense triunfante, vista como un nuevo Mesías que desciende a la Tierra, será investida, por todos sus adeptos, de una misión casi divina: encarnar, en carne y hueso, la nueva religión bajo la etiqueta de “nuevo orden mundial”, en venta en todos los supermercados de la ideología dominante. Este nuevo orden debía procurar en una santa trinidad: la “paz”, la “prosperidad” y el “bienestar” al mundo entero. World peace through World trade, la paz mundial por el comercio mundial, se enunciaba como el único y exclusivo credo que el mundo entero era invitado a retomar como esencia y a glorificar. Toda la humanidad –finalmente unificada en un único y exclusivo “pueblo global” tenía que adoptar ese credo para beneficiarse de los placeres eternos prometidos por aquellos que anunciaban el “fin de la historia” y el advenimiento de un “capitalismo eterno” y “sin límites”.

Desgraciadamente para ellos, la celebración del culto no duró más de lo que dura la llegada de las golondrinas en primavera, es decir apenas algunas semanas. Rápidamente, la desilusión cortó el paso a todos estos ardores. El siglo XX terminaba como había comenzado: en el lodo y la sangre. Aterradoras carnicerías humanas azotaban casi la totalidad de las tierras de nuestro infierno planetario. Hasta Europa, eximida durante casi un medio siglo, encontraba nuevamente los caminos de la guerra con la implosión de los Balcanes. La destrucción de ciudades enteras, la masacre, la violación, el encarcelamiento... de miles de hombres, mujeres, niños, asediaban, con todo su horror y con la bendición de todos los gobiernos del mundo, la colaboración abierta de la ONU y de diversas ONG, a una hora y media de avión de París. En sólo algunos meses, la práctica totalidad de los países del antiguo bloque soviético se transformaron también en la presa de esa plaga típicamente capitalista: LA GUERRA, que trajo consigo, la muerte y la miseria de poblaciones ya desangradas por treinta años de sacrificio consentido bajo el altar de la “guerra fría”. Todos los escalones del antiguo imperio estalinista eran asolados: el Cáucaso, Asia central... En África, en todo el continente, el hambre caníbal de la mercancía condenó a muerte a 4 millones de seres humanos que perecieron directamente en inmundos osarios alrededor de la región de los Grandes Lagos. Y ni hablar de las otras guerras que devastaron (y continúan devastando) la mayor parte de los países de ese continente. Agréguese aún, a ese desfile lúgubre, los otros cadáveres y las otras miserias que desbordan los cementerios de esta sociedad caníbal. Las guerras siguen perpetuándose en Medio Oriente, en las islas indonesias, en Sierra Leona, en la represión en Haití, en Irak, en Colombia, en Palestina, en Afganistán, en Líbano... como reconoce abiertamente la ONU (1). El tan jactado, por los ideólogos de la mercancía y el libre cambio, futuro resplandeciente se parece, como dos gotas de agua, al desteñido pasado. Todo había cambiado, y sin embargo todo ha quedado idéntico, o mejor dicho, sigue empeorando.

Los sucesivos crash de la bolsa Wall Street, que arrastraron a todas las bolsas del mundo fueron haciendo añicos la ideología del mundo idílico que habían augurado. La prometida prosperidad generalizada por la “nueva economía” se volatilizó en los primeros años del siglo haciendo que desaparezcan miles de millones de dólares y empujando a la quiebra a un número incalculable de pequeños empresarios que habían creído en los milagros de la santa virgen de Silicon Valley. La burbuja terminó por reventar y la burbuja especulativa creada en torno a la informática se fundió como la nieve ante los rayos del sol. Luego de esa fecha otras “crisis financieras” fueron pautando el sistema capitalista mundial y señalando, pese a quien pese, sus límites históricos. Cuando cerramos este número la crisis generalizada de todos los bancos, compañías de seguros y otras instituciones financieras mundiales sigue agravándose; ya nadie puede ocultar, que además la misma que ya es notoria en la construcción y en general el sector inmobiliaria afectará irreversible e irremediablemente a todos los sectores de la “economía real”.

La nueva Roma del capital mundial tuvo muchas dificultades para ocultar su inmensa vulnerabilidad. Apenas entronizada en le panteón de la mayor potencia que el mundo haya conocido, sus templos más sagrados, el WTC, el Pentágono, el Capitolio, fueron profanados por un puñado de “innobles bárbaros”, que con simples cuchillos lograron desbaratar las murallas más sofisticadas y aseguradas de la pax americana. Desde esa entonces, cada día que pasa el planeta se sumerge un poco más en la catástrofe del capital. Bajo pretexto de “guerra contra el terrorismo”, los conflictos militares abrasan el mundo entero, a una cadencia cada vez más infernal. Una fundación suiza, llamada “Centro por la democratización de los ejércitos”, censa 23 que clasifica sea en “guerra” o en “conflictos internos”. Junto a esta desolación, en estos últimos meses, otros pájaros de mal augurio anuncian incesantemente nuevos cataclismos sanitarios, ecológicos, climáticos, ver aún económicos. Regularmente, gran parte de los periódicos del mundo abren con titulares que anuncian, como los boletines meteorológicos, la llegada inexorable de nuevas tempestades financieras y/o bursátiles. La catástrofe capitalista abarca todo nivel de nuestras vidas, ¡está presente por todos lados, cada vez más palpable, cada vez más visible!

El capital, en su búsqueda permanente de nuevos espacios de valorización, provoca incesantemente gigantescos cambios en la organización, la estructuración y las condiciones mismas de explotación. Estos cambios se dan no solamente a nivel directo, en donde se encuentra el proletariado delante del instrumento de trabajo, a este nivel las condiciones de explotación continúan cambiando incesantemente, día a día empeorándose, sino también al nivel mismo de las estructuras sociales, políticas, económicas que el capital se ha dotado (y que ayer le permitían extraer plusvalía), y que devienen cada día, cada momento, más obsoletas, lo que implica su transformación, ver desaparición y la necesidad de reemplazarlas por otras más competitivas. La desaparición de la URSS, del Pacto de Varsovia y, más recientemente, la dislocación de toda una serie de organizaciones estatales (2) a lo largo del mundo forma parte de esa dinámica. El modo de producción capitalista revoluciona constantemente su propio universo, cada día, lo reforma, lo renueva, lo redefine, lo cambia para poder encontrar nuevas, y cada vez más potentes, condiciones de explotación que le permita organizar su valorización a niveles superiores jamás alcanzados. Como un vampiro, sediento de sangre fresca, el capital, en su búsqueda frenética del precioso líquido –el plusvalor–, obliga a cada capitalista a reestructurar, a adquirir nuevas sociedades, a fusionar con otras, a deslocalizar, a compensar los gastos, a licenciar, a disminuir los salarios, a acrecentar el tiempo de trabajo, a inyectar nuevas tecnologías en el proceso productivo... todo esto en el cambio permanente, anunciando nuevas condiciones de explotación de nuestra clase, haciéndolas aún peores que las precedentes. Como ya lo afirmaba Marx en el Manifiesto del Partido Comunista en 1848: “La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales.”

El capitalismo no es un universo tranquilo en el que todo permanece eternamente inmovilizado, todo está en perpetuo cambio, en revolución permanente, en movimiento. Desde el desmoronamiento de las antiguas estructuras estatales hasta la redefinición del paisaje económico, por una concentración cada vez más poderosa de capitales en pocas manos, el proceso de valorización ha conocido, durante estos 30 últimos años, una aceleración sin precedente en su necesidad de trastornar todo, y hasta lo vivido por el hombre en este planeta.

Sea por la guerra, por la imposición de planes de austeridad sucesivos, por la destrucción de la biosfera, por el hambre y las epidemias, por la concentración de la propiedad agrícola (que expropia violentamente a masas enormes de “campesinos pobres”), por el endeudamiento, o por la esperanza de encontrar un futuro mejor... millones de hombres, mujeres y niños han sido arrancados del campo para instalarse en a las zonas urbanas. Por primera vez en la historia de la humanidad, y es importante subrayarlo, más de 50% de la población mundial se encuentra concentrada en un espacio reducido llamado medio urbano. Esta concentración de fuerza de trabajo alcanza niveles espantosos en casi todos los continentes, con picos que sobrepasan, en algunas regiones, el 80%. En solo algunas décadas, el espacio urbano creció desmesuradamente devorando gigantescos territorios a través de todo el planeta. Para tomar el ejemplo de Jartum, Sudan, ¡en 1988, la ciudad es cuarenta veces más vasta en superficie que en 1955! Y lo que es cierto para la superficie, lo es también para la población. En Lusaka, los barrios periféricos abrigan más de dos tercios de la población urbana.

La aglomeración de Manila es una de las zonas más densamente pobladas del planeta. En cualquier barrio cerca de los centros comerciales, el precio por metro cuadrado excede de lejos el ingreso anual de un chofer de colectivo o de un guardia privado. Sin embargo, la propia naturaleza de las fuentes de ingreso posible obliga a residir a proximidades de los lugares en donde se concentra todo, puesto que el alejamiento supone costes prohibitivos en tiempo y dinero... La consecuencia lógica de esto es la práctica generalizada del ocupar. Casi todos los intersticios vacantes, dejados por el acondicionamiento de la ciudad, son inmediatamente llenados por viviendas de fortuna que baten todos los record inimaginables en materia de densidad de población.” (3)

En Hong Kong, 250.000 personas sobreviven en inmundas terrazas, en las que han construido sus habitaciones sobre pozos de aeración abarrotados, en el centro de construcciones, y ni hablar de aquéllos, innumerables (más del 10% de la población total), que solamente encontraron domicilio en las viejas barcas, que aún flotan entre las destruidas, en donde se amontonan a millares. En ambos casos, los mercaderes del sueño han construido jaulas, de allí la expresión local “hombres enjaulados”, que designa el espacio de vida que no sobrepasa 1,8 m² por persona. En el mundo de la mercancía nada se deja al azar, todo se compra y todo se vende, el espacio tiene un precio, de alquiler claro está. Así, un habitante sobre diez en Phom Pen “vive” bajo techo. Más de un millón y medio de habitantes de El Cairo “viven” en las mismas condiciones. Toda esa población está expuesta a la contaminación producida por la circulación, las industrias de cemento, así como por la arena del desierto, lo que provoca toda una serie de alergias, enfermedades de las vías respiratorias.

Muy lejos de las estructuras de vidrio y acero, imaginadas por generaciones pasadas de urbanistas, las ciudades del futuro son esencialmente construidas con ladrillos, paja, plástico reciclado, perpiaño, chapa ondulada y madera de recuperación. En vez de ciudades de vidrio levantándose hacia el cielo, una gran parte del mundo urbano del siglo XXI vegeta de manera sórdida en la contaminación, los excrementos y la descomposición”. (4)

Esta es la realidad sórdida de ese “nuevo orden económico mundial”, que como vemos se encuentra muy lejos de las imágenes estereotipadas que prometían “bienestar, paz y prosperidad”. La concentración de la mayoría de la población del planeta en espacios cada vez más restringidos, para así ejercer un mejor control y explotación, dio a luz la generalización de las barriadas miserables, las favelas y los tugurios en todos los continentes (5), sin excepción alguna. En casi todos los casos, la gran mayoría de esas casuchas son construidas en terrenos de bajo valor económico, en lugares peligrosos, como tierras proclives a grandes inundaciones, en laderas, pantanos o lugares contaminados en los que nadie quiere vivir. Estudios efectuados en 1990 revelaron que una cuarta parte de las favelas de Sao Paulo fueron construidas en lugares peligrosamente deteriorados y que las otras tres cuartas partes se extendían en laderas abruptas o en bordes de ríos mal estabilizados. Todos viven bajo la espada de Damocles de un riesgo muerte eminente. Las favelas de Río de Janeiro no tienen nada que envidar a las de Sao Paulo. También están construidas en tierras quebradizas que son el teatro de frecuentes tragedias, como la que tuvo lugar en 1966-1967 donde 2.000 seres humanos murieron arrastrados por torrentes de lodo y restos, o como los recientes deslizamientos en una favela de Egipto, donde murieron miles de personas. Los mismos problemas, con las mismas soluciones, también los encontramos en Norte América, en donde lluvias diluvianas provocaron una avalancha de lodo que destruyó la favela de Mamayes, construida sobre una vertiente inestable encima de Ponce, en Puerto Rico, el balance humano fue también dramático: 500 muertos. La triste realidad de este mundo del dinero, en el que solamente los beneficios cuentan, solo puede engendrar nuevas, y aún terribles, catástrofes como lo demostró la travesía del huracán Katrina en 2005 sobre Nueva Orleáns. Los 1.500 muertos no fueron víctimas de “condiciones naturales” sino de la organización social de esta sociedad de la mercancía. Los diques cedieron, no sólo porque no se efectúo inversión alguna para su mantenimiento, sino, también, porque los burgueses, que debían de tomar las decisiones al respecto, sabían perfectamente que si los diques se derrumbaban la inundación arrasaría exclusivamente a los “barrios pobres”, lo que de un golpe permitiría echar para siempre a esos habitantes del centro de la ciudad. Así podrían construir una new Nueva Orleáns, con más casinos, centros comerciales, parques para turistas, salas de congreso, hoteles... en pocas palabras: otra nueva y maravillosa Disneylandia del dinero.

La falta de espacio en la ciudad empuja a que los proletarios se instalen en cualquier lugar, incluso en lugares peligrosos, como los alrededores de fábricas químicas, oleoductos o refinerías. No fue por casualidad que en diciembre de 1984 una nube tóxica (isocyanate de metileno) de la fábrica Union Carbide, en Bhopal, India, mató entre 7.000 y 10.000 personas el primer día, y alrededor de 15.000 a 30.000 en los días que siguieron la catástrofe. En estos últimos años, las favelas y los suburbios crecieron como hongos, incluso al lado de fábricas peligrosas. En Buenos Aires, la gran mayoría de las “villas de emergencia”, construidas por clandestinos procedentes de Bolivia o Paraguay, se encuentran en las orillas fétidas del extremadamente contaminado Río de la Reconquista y Río de la Matanza.

El agua estancada y las aguas usadas, no procesadas, tiradas por el alcantarillado, engendran un hedor terrible y la zona entera esta plagada de ratas, mosquitos, moscas y otros insectos.” (6)

Cada día que pasa, la catástrofe capitalista se vuelve más inmediatamente palpable, visible. Según el geógrafo, especialista en riesgos ambientales, Keneth Hewitt, los terremotos han destruido alrededor de 100 millones de habitaciones en el curso del siglo XX, esencialmente en las favelas, en los barrios en vía de empobrecimiento o en los pueblos rurales. “El riesgo sísmico es tan desigualmente repartido en la mayoría de las ciudades que se ha podido forjar el término de ‘terremoto de clase’ para dar cuenta de la naturaleza fundamentalmente injusta de las catástrofes.” Hoy en día la casi totalidad de los seres humanos se encuentran expuestos a riesgos de terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis, así como de tormentas violentas, ciclones y otras tempestades devastadoras.

En Lagos, capital de Nigeria, la tasa de ocupación del suelo alcanza niveles totalmente insostenibles. En 1972, 90.000 personas vivían en Ajegunle –suburbio de Lagos que se extendía sobre 8 km² de terreno pantanoso– ¡Hoy se estima a 1,5 millones la cantidad de personas que viven en ese mismo espacio! En China, entre 1987 y 1992 el éxodo rural fue tal que se estima en un millón de hectáreas los terrenos agrícolas que fueron transformados en terrenos urbanizados. En Egipto, la expansión urbana ha alcanzado niveles de una amplitud crítica. En los alrededores de El Cairo, la ciudad ha ido tragando más de 30.000 hectáreas por año, superficie casi equivalente a la de los terrenos agrícolas ganados sobre el desierto gracias a los titánicos programas de irrigación de la represa de Asuán. Todos los continentes son arrasados por la amplitud del desastre capitalista. La sociedad burguesa cada vez concentra más a la fuerza de trabajo en menos espacio, lo que hace que incluso quienes se las arreglan para poseer una habitación no puedan arreglarla, ni mantenerla, por lo que la misma se encuentre en un estado cada vez más ruinoso. Así, los “callejones” de Lima, construidos por uno de los más grandes propietarios urbanos de la capital, la Iglesia católica, son esencialmente viviendas (en donde el hacinamiento es inmenso, 85 personas comparten un solo grifo de agua y 93 los mismos aseos) construidas con estructuras prefabricadas de madera (que se deterioran muy rápidamente) y que se transforman en verdaderas trampas para sus ocupantes cuando se desploman.

En Europa y Estados Unidos la regla no hace excepción. “Clandestinos”, especie de favelas construidas con todo lo que se encuentre, reaparecieron recientemente en la periferia de Lisboa y se siguen agrandando en Nápoles, en Atenas. En Estados Unidos, el mismo fenómeno se desarrolla bajo la forma de “colonias” alrededor de ciudades como El Paso y Palm Springs. El auge de las favelas en Europa declina con respecto a otro mundo, menos visible, más discreto, pero igualmente catastrófico, que los sociólogos de moda se apresuraron en bautizar como la “caravanización de la habitación”, término que designa la imposibilidad que tienen cada vez más “nuevos pobres” (otro neologismo para negar la existencia del proletariado), de alojarse en la ciudad. Los mismos se ven obligados a buscar refugio en caravanas de camping en zonas superpobladas pero perdidas en medio de húmedos bosques o al borde de riachuelos que muchas veces desbordan durante el invierno, inundando toda la vida de esa gente. Los mercaderes, de todo ese ensopado ideológico moderno, nos explican, muy doctamente, que el auge de las favelas en el espacio urbano es una característica del “tercer mundo” y que solamente afecta excepcionalmente a las grandes metrópolis occidentales. Estos putrefactos ideólogos sólo tienen como objetivo oponer a los proletarios de un territorio a aquéllos que viven en otro. Estos adoradores de la mercancía tienen tanta mierda en los ojos que no llegan ni siquiera a distinguir la miseria que supura en sus propias ciudades modelo. ¿Qué diferencia puede encontrarse entre cualquier favela, como las que hemos descrito en África, América Latina, Medio Oriente, y los tugurios de Harlem o los de Dublín, o las habitaciones para los sobrevivientes de los bombardeos aliados, construidos luego de la guerra, en Berlín (llamados Mietskaserne), o los “dumbells” del Lower East Side de Nueva York, o, en fin, los innumerables “HLM” (Habitaciones de Alquiler Moderado), lúgubres edificios adonde se concentra a las capas más marginales del proletariado en los suburbios franceses? El límite entre barrios enteros en abandono, cada vez más parecidos a los tugurios, y las favelas se hace más inconsistente con el paso del tiempo. En sólo algunas décadas, este planeta, que cada vez se parece más al infierno descrito por las diversas religiones, en donde se apiñan a los habitantes en enormes aglomeraciones devastadas por la desocupación, la miseria, la droga, las bandas, la represión policial..., se ha transformado en una inmensa cloaca a cielo abierto. La civilización capitalista no es más que un verdadero cementerio en donde los mismos polos de valorización, los más centrales, no escapan a la putrefacción que la carcome. El capital, afligido de una gangrena generalizada, la desvalorización, está pudriéndose totalmente. Jean Ziegler, tercermundista, diputado suizo, alto representante de la ONU..., en un reciente libro, Les nouveaux maîtres du monde (los nuevos dueños del mundo), describe, con un asombro apenas disimulado, su estupefacción cuando encuentra, en el mismo Washington, la capital de la nueva Roma, lo que bien conocía en África: ¡las favelas!

A dos calles detrás del Capitolio se abre otro universo. Una frontera invisible pasa a través de los tilos y corta el asfalto carbonizado. ‘Don’t go there, please’(no se meta ahí, por favor) me dice el senador de Nueva York, que con una infinita simpatía me hizo visitar el sótano, los salones y la sala de sesión de la cámara alta. Por ‘there’(ahí) designaba los barrios negros, el gueto, una tierra asquerosa devastada por el crack, el alcohol y el crimen. Esos barrios alojan a la inmensa mayoría de habitantes de Washington DC... En Pennsylvania Avenue busqué desesperadamente un taxi que quisiera conducirme ‘allí’... ‘De acuerdo, me dijo un chofer originario de Etiopia, pero sin ninguna parada y yo escojo las avenidas por las que pasaremos’. Y fue así que percibí un universo de bastidores de autos, de inmuebles destripados sin vidrios, de niños andrajosos, todos negros, con ojos apagados por el crack. La miseria del mundo se extiende hasta el umbral de la Casa Blanca.”

Bienestar, Paz y Prosperidad” es la Santa Trinidad idílica del tan alabado, por los librecambistas de la “nueva economía” y del “nuevo orden mundial”, “capitalismo sin barreras”. Pero la prosaica realidad de aquella Trinidad es: Guerra, Miseria y Favelas y todo lo demás son sólo eslóganes publicitarios burgueses que se desploman frente a cifras que hablan por sí mismas. Sobre 500.000 emigrantes que llegan cada año a Nueva Delhi, en India, 400.000 acaban en las favelas. En Calcuta, miles de hombres comparten piezas de 45 m² que apiñan a más de 14 personas. En París no es raro encontrar varias familias compartiendo el mismo tugurio . Entre 1989 y 1999, 85% del crecimiento demográfico en Kenia fue absorbido por las fétidas y sobrepobladas favelas de Nairobi y Mombasa. De la misma manera, hoy en día el centro de la ciudad de Ulan-Bator, capital de Mongolia, se encuentra cercada por un mar de carpas, llamadas gers, donde viven por lo menos 500.000 ex productores pecuarios expulsados de sus tierras por la miseria; entre ellos muy pocos son los que logran comer más de una vez por día. En El Cairo, un millón de proletarios utilizan las tumbas de los Mamelucos, erigidas en el siglo XVIII, como vivienda. Después de la guerra de Seis Días, en 1967, ese cementerio, transformado en una especie de isla rodeada de autopistas casi siempre embotelladas, fue ocupado por miles de refugiados expulsados por el ejército israelí del Sinaí y de la región de Suez. Desde ese entonces, otros cementerios han sido usados para servir de morada de los vivos, como los cementerios judíos abandonados de El Cairo. Decididamente, bajo la sociedad del capital, ¡más vale estar muerto que vivo! La burguesía tiene mucho más consideración por los cadáveres, que transforma voluntariamente en parque de turistas, como el Valle de los Reyes o las Pirámides, que por los vivos mal pagados, con los que no sabe qué hacer.

La guerra, que causa estragos en casi todo el planeta, empuja a una parte cada vez mayor de la humanidad a buscar refugio al interior de las grandes ciudades, esperando así escapar al incesante crecimiento de las masacres. Finalmente, un gran número de favelas que pueblan el planeta no son más que inmensos campos de refugiados, fugados de las guerras. Así, los cuatro millones de muertos, que las diversas guerras provocaron alrededor de los Grandes Lagos africanos, empujaron a muchos millones más a escapar buscar refugio en lugares menos expuestos. Al menos así lo pensaban. Sin lugar a dudas, el mayor campamento fue Goma, al noreste del Congo, que conglomeró, en condiciones de vida espantosas, a más de 700.000 personas. Los que pudieron escapar a los machetazos de Ruanda, perecieron en esos gigantescos campos de concentración, bajo control directo de la ONU y de las mayores ONG, de hambre y cólera. En la actualidad, el suburbio de Jartum cuenta con 4 gigantescos campos donde se aglutinan más de un millón y medio de víctimas de sucesivas guerras engendradas por el control del petróleo en Dafur. Kabul no escapó a la misma tragedia, como lo indicaba el Washington Post del 26 de agosto 2002: “En el distrito de Karte Ariana, centenas de familias que huyeron de las zonas de combate se refugiaron en un laberinto de favelas verticales, sin cocina ni baños; dormían de a l5 o 20 en la misma choza”. También en Europa, un gran número de refugiados ocupan las periferias de grandes ciudades como Belgrado, en donde los diez años de guerra de los Balcanes han arrancado a miles de personas de sus lugares de nacimiento para apiñarlos en la “ciudad blanca”.

En América Latina, la guerra en Colombia ha generado gigantescas implantaciones en los alrededores de Bogotá, Sumapaz, Ciudad Bolívar, Usme… así como también en Soacha Una ONG indica, en uno de sus informes, que “los más desplazados son excluidos sociales, privados de toda forma legal de vida y de trabajo. Hoy en día, (en 2002), 653 800 habitantes de Bogotá no tenían trabajo en la ciudad y, lo más indignante, la mitad entre ellos tenían menos de veintinueve años”. (7)

Lo que se ha transformado en la norma para una gran parte del mundo, lo es también para Medio Oriente, donde uno de los campos de refugiados más antiguo existe todavía, 60 años después de su creación: la franja de Gaza. En 1948 se instalaron los primeros refugiados sobre esta franja de tierra desértica, acorralada entre Israel, Egipto y el mar, para escapar al terror que hacía reinar las milicias israelíes, encargadas de vaciar los pueblos de sus habitantes para instalar a los nuevos colonos. La franja de Gaza, que es una de las favelas mayores del mundo, concentra en su territorio de apenas algunos kilómetros cuadrados, una población estimada en más de 1.300.000 habitantes de los cuales 750.000 son refugiados. Más de los dos tercios de esos habitantes intentan vivir, si eso fuese posible, con menos de dos dólares por día, en un lugar en el cual todo está racionado por el bloqueo hermético que impone el ejército de Israel. En ese gigantesco campo, la comida y los otros productos de primera necesidad entran a cuentagotas y los pobladores son sometidos a increíbles extorsiones para procurarse lo elemental, por parte del conjunto de partidos políticos y sus milicias. No es por casualidad que la mayoría de los habitantes (70% de desocupados) tienen la sensación terrible de vivir encerrados en un gigantesco corredor de la muerte, sin ningún futuro posible. El odio de los milicos que lo someten a tales condiciones es tan grande que no es sorprendente ver a viejos, mujeres y niños enfrentar, con simples piedras en mano, a los tanques del ejército israelí, asumiendo sin miedo, el riesgo de prisión, tortura y muerte. Desde 1967, en los llamados “territorios ocupados”, más de una persona sobre cinco ha estado, o se encuentra todavía, en las cárceles del estado en Israel.

Estas no son más que algunas constataciones de la putrefacción de esta sociedad, sin que por ello su sepulturero, el proletariado, se decida de una vez por todas a empuñar la pala para cumplir su tarea histórica, es decir enterrar definitivamente al capitalismo y sus miserias abriendo así la vía a la comunidad humana, al comunismo.

Por último, luego del cuchitril insalubre y superpoblado en la favela, del local de ocupas, del tugurio, de la caravana, del campo de refugiados... queda aún una última solución para aquellos que verdaderamente no tienen nada para encontrar un techo: la calle. Bombay detiene el récord absoluto con más de 1,5 millones de personas oficialmente (en realidad mucho más) viviendo en las aceras. Contrariamente al estereotipo occidental, según el cual, el prototipo de miserable en India es un campesino que viene del alejado campo a la ciudad para mendigar, la gran mayoría de esos proletarios, forzados a vivir en la calle, son habitantes normales de la ciudad y tienen un trabajo (8) (como conductores de rickshaws culí, trabajadores de la construcción, cargadores en los mercados... y todo lo que pueda permitirles sobrevivir, como la venta ambulante, camarero...) que apenas le alcanza para comer. No se pueden permitir gastos de transportes, ni las distancias de una habitación en los suburbios Estas condiciones obligan, a la mayoría de esos Condenados de la Tierra, a dormir en el mismo piso para recomponerse de una dura jornada laboral. La China seudosocialista no escapa a este fenómeno. A pesar de que las estadísticas hacen alarde de altas tasas en el aumento de la producción, los burgueses tienen muchos problemas en ocultar la miseria de los trabajadores que producen todas esas riquezas. Bajo el término “población fluctuante” se clasifica a más de cien millones de clandestinos (¡si, 100.000.000!) que, por el simple hecho de haber abandonado su lugar de residencia sin el permiso necesario, se encuentran privados oficialmente de toda posibilidad legal de encontrar una vivienda en las grandes ciudades. Las ZES, zonas económicamente especiales, concentran paradojas genuinamente capitalistas: son regiones que producen cantidades enormes de mercancías y los que la producen no poseen absolutamente nada, ¡ni un minúsculo techo para dormir! Y lo que es verdad en China lo es también en Estados Unidos. En Los Ángeles y Nueva York se hace difícil ocultar a sus “fluctuantes” ciudadanos, hoy cifrados en más de 100.000 seres humanos en cada una de esas ciudades, entre los cuales se encuentra un número creciente de familias que permanentemente acampan en las calles del centro de la ciudad, los parques o los accesos de las autopistas. Entre esos “fluctuantes” encontramos también, como recientemente lo subrayara una agencia de prensa china, un gran número de exmercenarios que combatieron en las fuerzas norteamericanas “contra la subversión comunista”. Acosados por los fantasmas de aquellos a quienes torturaron, violaron... esos verdaderos “héroes americanos” no son más que ruinas humanas; he ahí un buen ejemplo, para los proletarios activos de esa región del mundo, que tenemos que agitar en las narices de esos jóvenes imbéciles que continúan, aún hoy en día, alistándose en ese ejercito de asesinos, esos con cráneo rapado y abarrotado de estupideces sobre la patria, la gloria, el honor, la democracia y otras sandeces burguesas. ¡He allí vuestro futuro! ¡En la calle como los perros! (¡y hasta peor que muchos perros!)

En sólo algunos años, tugurios, favelas, campos, caravanas, asentamientos, calles... se han transformado en la regla general del hábitat de los hombres en la Tierra. En un número creciente de casos, las inmundicias urbanas y los explotados indeseables terminan juntos: en los infames lugares llamados Quarantina, al borde de Beirut; Hillat Kusha, en la periferia de Jartum; Santa Cruz Meyehualco, en México; hasta la hoy célebre “Montaña fumante” de Manila. He ahí como el capital deposita, concentra, las mercancías desvalorizadas, sin que le importe mucho que en este caso se trate de seres humanos. Favelas e inmundicias se generalizan a través todo el planeta, y ya se están transformando en el futuro para toda la humanidad. Incluso Kabul, “liberada del terrorismo” por las tropas norteamericanas, no es una excepción. El director de la planificación urbana de Kabul se queja afirmando que la ciudad “Se está transformando en una gigantesco vertedero...se queja desesperado el director de la planificación urbana de Kabul refiriéndose a la ciudad Dos millones de personas producen 800 m³ de desechos sólidos cada 24 horas. Incluso si se hiciese tres colectas por día, los 40 camiones puestos a disposición sólo podrían transportar de 200 a 300 m³”. (9)

La catástrofe capitalista no se limita únicamente a la gestión de basura, que esta sociedad del lucro produce a profusión; el agua misma, tan necesaria para la vida, se transforma, también, en una fuente de catástrofes.

La mitad de las favelas de Sao Paolo se sitúan sobre las orillas de las reservas de agua de la ciudad, lo que crea un riesgo sanitario importante, puesto que los ocupantes tiran directamente sus desechos en las reservas y en los arroyos que las alimentan. Los sistemas de control de calidad de la red municipal de distribución del agua tuvieron numerosos fallos durante estos últimos años. Claro que se aumenta el cloro en el agua para prevenir las enfermedades entéricas, pero difícilmente se puede controlar la proliferación de algas, que crecen vertiginosamente por la acumulación de materias orgánicas.” (10)

La catástrofe capitalista produce una paradoja suplementaria: el ayuntamiento de esta ciudad utiliza 170.000 toneladas de productos químicos para procesar el agua y hacerla potable. En Nairobi, el agua de la canilla no es más potable, pues la misma fuente está contaminada por materias fecales. En América Latina, por ejemplo, el 90% de las aguas servidas o residuales es directamente vertido en los arroyos y ríos. A nivel sanitario, la mayor parte de las grandes ciudades del capitalismo triunfante no son más que gigantescas cloacas congestionadas que desbordan por todas partes. La mierda capitalista está en todos lados, en las materias orgánicas, humanas o animales, en los pesticidas y otros abonos químicos que terminan contaminando la mayor parte de las fuentes existentes de agua potable. En Francia, el ejemplo de Bretaña es pavoroso; las normas europeas, por supuesto ya flexibles, ¡han sido superadas en 28 veces! ¡He ahí el progreso capitalista! Ya en 1844, Friedrich Engels describía en La situación de la clase obrera en Inglaterra hechos idénticos en estos términos: “Sólo había un cuarto de baño, en la mayor parte de los casos inabordable claro está, para alrededor de 120 personas. Abajo corre, más bien estanca, el Irk, estrecho riachuelo, negro como la brea y con un olor nauseabundo, lleno de inmundicias y detritus”. Lo que fue cierto para Inglaterra se ha transformado hoy en día, en la norma para toda la humanidad.

¡El capitalismo es la civilización de la mierda!

Las consecuencias son catastróficas para los seres humanos. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ¡las enfermedades producidas por la contaminación del agua, la evacuación del lodo y la basura matan oficialmente a más de 30.000 personas por día y son la causa directa del 75% de infecciones que corroe a la humanidad. Diarrea, gastroenteritis, cólicos, fiebre tifoidea y otras fiebres paratifoideas se han transformado en las causas principales que matan, en solo pocos días, a lactantes. Cólera, disentería, dengue y malaria se disputan el palmarés de la mortalidad. En Bagdad, en la inmensa favela de Ciudad Sadr, las epidemias de hepatitis y fiebre tifoidea han alcanzado niveles difícilmente controlables. Los bombardeos estadounidenses han destruido las ya muy insuficientes infraestructuras que existían, y hoy en día el agua residual de las cloacas se vierte directamente en la red de distribución del agua. Un testigo relata que a simple vista se podía observar filamentos de excrementos humanos que escurrían a través de las canillas de agua supuestamente potable. En verano, la temperatura a la sombra en Bagdad supera los 45º y no se puede encontrar un pozo de agua a muchos kilómetros a la redonda. No es difícil imaginar los estragos que esto puede causar en la población.

La burguesía nos ha vendido el espejismo de la “aldea global”, concepto aséptico embalado en celofán, que no puede ocultar más la terrible realidad de este mundo, ¡qué cada vez se parece más a un vertedero! En muy poco tiempo, el hacinamiento entre millones de seres humanos, animales y basuras de todo tipo ha transformado esos lugares y ciudades, en inmensas incubadores a cielo abierto, en donde nuevas bacterias y virus se cultivan cotidianamente, anunciando así futuras catástrofes sanitarias. En estos últimos años hasta han reaparecido antiguas enfermedades que la OMS daba por “desaparecidas”, mientras que aquellos que se prostituyen delante todo lo que respira la ciencia nos habían prometido su total erradicación para fines del siglo fines del XX o principios del XXI. Sólo en el año 2001, la enfermedad del sueño ha matado a más de 300.000 personas, la fiebre negra dio mejores resultados, eliminando a más de 500.000 personas en Brasil, Bangladesh, India y Nepal. Otra epidemia hizo su reaparición, a pesar que había desaparecido en los años setenta, la tuberculosis. Las execrables condiciones de higiene y vida, en la que se encuentra un número creciente de seres humanos, han producido la reaparición de la tuberculosis, que en pocos años ha ocasionado la muerte y el sufrimiento de más de ocho millones de seres humanos. Agreguemos a este siniestro cuadro la muerte, cada 30 segundos, de niños por paludismo en 2006. Los antiguos medicamentos no producen reacción alguna, los agentes transmisores han devenido más resistentes a los antibióticos utilizados en sobredosis para hacer crecer más rápido a los animales y enriquecer a las firmas agropecuarias y a los laboratorios y firmas farmacéuticas multinacionales. Mientras el 40% de la población mundial vive en regiones en donde el paludismo reina, la respuesta del negocio farmacéutico estuvo a la altura de lo que el capitalismo propone como solución al excedente, en relación a sus necesidades actuales de valorización de fuerza de trabajo: ¡La muerte! Entre 1975 y 1996, la industria farmacéutica desarrolló 12.223 nuevas moléculas, pero sólo (11) se relacionaban al tratamiento de enfermedades como el paludismo, la tuberculosis, la enfermedad del sueño o la fiebre negra.

Y ni siquiera hemos visto todo lo que se oculta detrás de los vocablos de SIDA, STRAAS, Ebola, Chikungunya y otros virus como el H5N1, capaces de viajar a la velocidad de un avión de línea y de provocar millones de muertes en el espacio de algunas semanas. En la actualidad, ésa es la realidad cotidiana de la batalla de la humanidad, el mundo de muerte que el capitalismo no puede esconder más, pues su catástrofe e es enorme y generalizada.

1. De “la lucha contra la pobreza” a la criminalización de los explotados

A principios de los años noventa, el Banco Mundial señalaba, a los administradores de la catástrofe capitalista, la problemática de la “pobreza urbanizada”: “La pobreza urbana se transformará en el problema más importante y el políticamente más explosivo del próximo siglo”. (11)

Cuanto más se generaliza la crisis de desvalorización a todos los sectores del capital, las soluciones son cada vez más las mismas para todas las fracciones burguesas: la criminalización de una gran parte de nuestra clase. Por su simple presencia, los sectores del proletariado excedente (12) sacan a luz la putrefacción del sistema capitalista, pero evidentemente todos los aparatos ideológicos del Estado se encargan de anunciarnos que los culpables son esos proletarios. Como siempre en la historia de este sistema abyecto, pero hoy más que nunca, dichos proletarios son (des) calificados de delincuentes, vendedores de droga, vagabundos, chusma, parásitos... Por doquier los discursos de gobiernos, patrones, sindicatos, medios de comunicación, sociólogos y otros energúmenos a sueldo de esta sociedad antropófaga son iguales: el proletariado es una clase peligrosa que hay que domar, encarcelar, controlar, reprimir, someter, educar... y hasta “limpiar al Kärscher” (marca de máquina de agua a alta presión, de limpieza industrial), como declaraba en 2005 el en ese entonces ministro del interior francés, Nicolás Sarkozy.

La criminalización del proletariado excedente se ha transformado en el discurso omnipresente, como única respuesta burguesa frente al desarrollo de esta catastrófica organización social. No existe otro. A derecha como izquierda, en el sur como en el norte, en el centro o las favelas, la simple existencia de excedentes proletarios es sinónimo de una verdadera pesadilla viviente para la burguesía. El terror que engendran las reacciones potenciales de ese proletariado, despojado de todo, ante la clase dominante es enorme y provoca por todos lados el mismo reflejo.

La guerra contra las favelas llegará a parecerse peligrosamente a una batalla por el control de las implantaciones y habitaciones de los pobres, y de hecho a una ofensiva contra los mismos pobres.” (13)

Todos los burgueses del mundo saben que ese follón no puede continuar desarrollándose indefinidamente. Cada día que pasa esto se transforma en algo todavía más insostenible, incontrolable, potencialmente explosivo. Por ello, la única solución es más milicos, prisiones, represión, cámaras, “tolerancia cero”, muros, barreras, alambrados, alambre de espino... en pocas palabras, siguiendo su lenguaje, cada vez más “guerra a los pobres”. A este nivel, la burguesía en Estados Unidos estuvo siempre adelantada con respecto a sus colegas del mundo entero. Según las estadísticas oficiales, cada año más de l,5 millones de “pobres” pasan a la categoría de “muy pobres”, es decir que, a pesar de tener un trabajo, esos proletarios no llegan a sobrevivir. Hoy en día, más de 36 millones de explotados viven en eso que la burguesía llama “la inseguridad alimentaria”, en otras palabras, no se alimentan suficientemente. La desocupación toca a más de 9 millones de trabajadores, 5 millones no figuran en estas estadísticas y más de 25 millones tienen un empleo a tiempo parcial.

Los trabajadores estadounidenses se encuentran obligados a trabajar cada vez más tiempo para simplemente pagar sus facturas. Para un trabajador a tiempo completo, el tiempo de trabajo paso de 1.720 horas por año en 1973 a 1.898 horas por año en 1988, o sea un aumento de 178, es decir más de cuatro semanas adicionales por año.” (14)

Añadamos a esto que el nivel de endeudamiento en ese país ha pasado de 22% del ingreso en 1946 a más del 110% en la actualidad. El endeudamiento, facilitado por la distribución de cartas de crédito, se ha triplicado entre 1989 y 2001. Las municipalidades y los organismos de caridad señalan que la demanda de comida y víveres de primera necesidad se incrementa exponencialmente desde hace muchos años. 43 millones de personas no tienen un seguro de enfermedad, lo que significa que el más pequeño accidente tiene que ser pagado al contado, lo que a su vez fuerza al proletario al endeudamiento.

Nacer en una familia sin seguro medico en Estados Unidos aumenta alrededor 50% el riesgo de morir antes de alcanzar el primer año. 85.000 personas mueren prematuramente cada año en dicho país por falta de atención médica. Más de l,3 millones de jóvenes se fugan o se encuentran sin techo y viven corrientemente en las calles. La situación de las infraestructuras (rutas, puentes, transportes públicos, sistema de abastecimiento de agua y electricidad...) es, en muchas partes, semejante a la de la población: todo se derrumba. Sólo es necesario asomarse a la actualidad para encontrar una cantidad infinita de ejemplos. No es por casualidad que, en Estados Unidos, país modelo para el capitalismo de librecambio, los cortes de electricidad duran frecuentemente horas enteras, como si se viviese en Bagdad o Kinshasa. En su búsqueda desenfrenada de nuevos beneficios, el capitalismo abandona aquello que no es suficientemente rentable, incluso la fuerza de trabajo transformándola en superabundante incluso como ejercito de reserva de la producción industrial y agrícola capitalista.

Finalmente, bajo el vocablo “lucha contra la pobreza”, sólo se oculta la guerra abierta contra los explotados que exceden las necesidades del capital. Los discursos de “tolerancia cero” sólo tienen un significado: la limpieza sistemática de las calles de todos los “mendigos, sin techo, delincuentes juveniles, violencias urbanas...”; en pocas palabras del excedente proletario, de ese inmenso ejército de reserva que no consigue vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Esa cantidad, cada vez más importante, de indeseables es empujada sistemáticamente hacia los suburbios o favelas o/y apiñados en el único lugar en donde el capitalismo puede aún reservarles un lugar: la cárcel.

En Estados Unidos unos siete millones de proletarios se encuentran, de una forma u otra, privados de libertad. La represión sistemática de la miseria, llevada adelante en Estados Unidos, hace que hoy ese país tenga encerrado al 25% de todos los prisioneros del mundo, en una población que apenas representa el 5% de la población mundial. La industria de las prisiones, con la de la guerra, es uno de los raros sectores en plena expansión en ese país modelo de toda la burguesía. Las empresas que se ocupan de la construcción, el abastecimiento, el control... de las prisiones cotizan en Wall Street. Como escribe el Left Business Observer:

Esta industria hace sus propias presentaciones comerciales, sus convenciones, sus sitios web, sus catálogos de venta por correspondencia e internet. Hacen también sus campañas publicitarias, tienen sociedades de arquitectura, de construcción, de correduría en Wall Street, sus organismos de abastecimiento en fontanería, sus empresas de fabricación de comidas, de productos y materiales a prueba de balas, de celdas acolchadas. Mas aún, la industria federal de prisiones es la que fabrica el 100% de los cascos militares, equipos de municiones, chaleco antibalas, cartas de identidad, camisas y pantalones, carpas y sacos de dormir, bidones.”

La producción va desde material de guerra, pasando por más del 92% del mercado estadounidense de comida preparada, hasta material de informática y la cría de perros para ciegos. Gracias al trabajo en las prisiones, Estados Unidos vuelve a ser un punto atractivo para los capitales del mundo entero. A la gran mayoría de proletarios presos se la somete a condiciones privilegiadas (para los explotadores, ¡evidentemente!) de explotación. Hasta Microsoft ha repatriado una gran parte de sus productos para fabricarlos en las prisiones. Recientemente, el gran patrón de Nike pudo deleitarse anunciando en una prisión modelo que “Nike va a transferir su producción de Indonesia, pues aquí nos ofrecéis un trabajo competitivo y los gastos de transporte son casi inexistentes, a lo que cabe añadir que nuestro mercado principal se encuentra aquí, en nuestro hermoso país”.

La población penitenciaria sigue aumentando en Estados Unidos a un ritmo vertiginoso, en sólo algunos años, la muy tranquilizadora lucha contra el terrorismo y la “caza a los pobres” han permitido encarcelar a cualquiera bajo cualquier pretexto. Desde el encarcelamiento de trabajadores ilegales, pasando por la “tolerancia cero”, hasta el encarcelamiento por 25 años o a perpetuidad en virtud de la regla de los “tres golpes” (15) han superpoblado todas las prisiones. De cada 32 adultos, uno está en prisión o en libertad condicional, lo que se traduce en más de dos millones y medio de detenidos y casi cinco millones de individuos en libertad condicional. Ya ni siquiera tomamos en cuenta los diversos toques de queda, que son regularmente impuestos entre las diez de la noche y las seis la mañana, en muchas ciudades de Estados Unidos, como si fuera Bagdad, que precipitan a centenas de jóvenes cotidianamente en detención preventiva simplemente por haber infringido esta reglamentación, que no es más que un momento de esa gigantesca lucha que el capital lleva adelante cotidianamente contra el proletariado. A fines de 2005, el condado de Los Ángeles puso en línea un sitio Internet, lacountymurders.com, destinado a sus habitantes para que tomen conciencia de que la guerra que se libra todos los días en las calles de esa ciudad es la misma que se desarrolla en otras ciudades en guerra, como en Bagdad.

Los estadounidenses se han acostumbrando a tomar en cuenta la amenaza terrorista a nivel nacional... y se han entristecido por la muerte de numerosos soldados nuestros lejos de sus hogares. También existe otra guerra, igualmente mortal, en las calles del condado de Los Ángeles. Firmado: el sheriff del condado.”

La criminalización de nuestra clase abre el mejor camino a la represión, a la guerra abierta contra los proletarios. Todos los pretextos son buenos para hacerle comprender, al explotado, que su verdadero lugar, en esta sociedad del detritus, se encuentra abajo, totalmente debajo de la escala social.

Claro está que esto no sucede únicamente en Estados Unidos, sino en el mundo entero. En todas partes se organizan grandes operaciones de limpieza de pobres expulsándolos del centro de las ciudades, para lo cual se utilizan diversos acontecimientos como congresos, visitas de altos dignatarios extranjeros, competiciones deportivas (como los Juegos Olímpicos, o los Mundiales de Fútbol) concursos de belleza y otros festivales internacionales. Los damnificados de la Tierra saben que en esas ocasiones el terror burgués contra ellos se generaliza. En tales ocasiones las fuerzas del orden burgués hacen todo lo posible para hacer desaparecer –en apariencia, entiéndase bien la lepra, la suciedad, en breve, el lado negativo de la contradicción capitalista, y para ello no escatiman ningún esfuerzo contra los sectores más golpeados de nuestra clase.

Los habitantes de Manila tienen un horror muy particular a ese género de ‘campañas de embellecimiento’. Durante el reino de Imelda Marcos sobre el gobierno de la ciudad, los habitantes de las favelas fueron sucesivamente expulsados del trayecto de los cortejos de gala del concurso Miss Universo 1974, durante la visita del presidente Ford en 1975 y de la cumbre del Banco Mundial y del FMI en 1976. En total, 160.000 ocupantes fueron expulsados lejos de todo campo de visión de los medios de comunicación. Entre ellos, numerosos fueron a parar a la periferia de Manila, a 30 kilómetros o más de sus antiguos hogares. Luego vino el “Poder del Pueblo” de Corazón Aquino, que fue aún más brutal: 600.000 ocupantes fueron expulsados, en la mayoría de las veces no estaba previsto lugar alguno para realojarlos. A pesar de todas sus promesas, durante la campaña electoral, sobre la protección de la vivienda de los pobres, José Estrada, sucesor de Aquino, optó por la misma política de expulsiones masivas. 22.000 casas fueron arrasadas durante el transcurso del primer semestre de 1999. Luego, en noviembre 1999, durante la cumbre de la Asociaciones de las Naciones del Sudeste Asiático, los equipos de demolición atacaron la favela de Dabu-Daby, en Passay. Cuando 2.000 residentes formaron un muro humano, el poder acudió a un equipo de intervención especial, armado de fusiles de asalto M16. Su intervención dejó cuatro muertos y veinte heridos, viviendas incendiadas, con todo lo que contenían. A la fuerza los habitantes fueron alojados en la boca de salida de varias cloacas. Consecuentemente sus niños resultaron infectados con gérmenes gastrointestinales y dichas enfermedades produjeron, muchas muertes.” (16)

Asimismo, durante los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, sólo para la construcción del estadio que debía acoger la competición internacional se desterró de la ciudad a 720.000 personas. Sin embargo, los desplazamientos masivos de población no son sólo provocados por la construcción de estadios o grandes represas. Las inquietudes gubernamentales por la ecología tuvieron el mismo impacto catastrófico en aquellos que viven en la pobreza extrema. Así en Yamuna Pushta (el jhuggi –favela que se extiende a lo largo de la Yamuna River en Nueva Delhi, en donde vivían más de 150.000 refugiados procedentes de Bengala) en 2004, el gobierno local procedió, a pesar de manifestaciones y la resistencia, a la limpieza de la zona para instalar un lugar de paseo y equipos turísticos en el borde del río. Mientras que los administradores locales recibían los elogios internacionales por su “plan verde”, los residentes eran desplazados de golpe y a la fuerza, en camiones, hacia una nueva favela periférica situada 20 kilómetros más lejos, lo que les implicó una perdida estimada en 50% de sus ingresos en gastos de transporte: “Por lo menos tenemos que gastar la mitad de lo que ganamos para pagarnos una ida y vuelta nuestra vivienda y nuestro trabajo”.

Estas deportaciones de poblaciones enteras no son únicamente la obra de “infames capitalistas a sueldo del FMI y el Banco Mundial”, para parafrasear a esos imbéciles tercermundistas (17), sino que son inherentes a toda “buena administración” y común a todas las gestiones del capital, a los burgueses de cualquier tendencia. Así, los estalinistas, que dirigían ayer el ayuntamiento de Calcuta, vaciaron literalmente el centro de sus ocupantes ilegales. En Angola, cuando el MPLA (Movimiento popular de liberación de Angola), de tendencia marxista leninista, tomó el control de los centros de poder expulsó a todos los “pobres” de Luanda, la capital. En 2001, los antiguos dirigentes del MPLA reconvertidos en “los beneficios del mercado y de su mano invisible”, volvieron a expulsar por la fuerza a más de 10.000 familias de Boavista, en la bahía de Luanda, para construir residencias de lujo. Dos resistentes fueron asesinados, los demás proletarios fueron transportados en camión y abandonados a 40 kilómetros de sus antiguos domicilios. En Europa se vive también la misma situación que en las regiones tropicales. Recordemos la expulsión de los inmigrantes de Sonacotra y la destrucción de sus casas en Vénissieux Vitry, por los asesinos a las órdenes del ayuntamiento, dirigido entonces por el Partido “Comunista” Francés en 1980. Y ni hablar de los 25.000 “ilegales” expulsados cada año de Francia, por todos los gobiernos de izquierda o de derecha.

En la actualidad, estas prácticas son ampliamente utilizadas en China, por auténticos marxistas leninistas “confiados en el futuro socialista del país”. Entre 1991 y 1997, en Shangai más de un millón y medio de seres humanos fueron expulsados para dar paso a la construcción de gigantescos rascacielos, apartamentos de lujo con dos de centros comerciales y autopistas para acceder a ellos. En el transcurso de ese mismo periodo, más de un millón de habitantes de Pekín sufrieron la misma especie de injurias. Cada diez años, en la capital celeste se construye un cinturón periférico de autopistas para asegurar el desplazamiento de mercancías y la buena marcha de los negocios. Esas nuevas autopistas exigen nuevas deportaciones, la destrucción de antiguos barrios con el fin de empujar a la infame plebe a lugares muchos más lejos del centro estratégico.

En Santo Domingo, también podemos citar ejemplos de la guerra internacional contra nuestra clase. Entre 1986 y 1992, en la capital de ese país, 180.000 personas fueron desplazadas y se arrasaron barrios enteros. “El plan, escriben investigadores que trabajan en Sabana Perdida, consistía en deshacerse de los elementos indeseable en los barrios obreros de la ciudad alta, empujándolos hacia la periferia. Las reminiscencias de las revueltas de 1965 y los levantamientos de 1984 hacían pensar que sería más prudente erradicar esos focos de oposición y de resistencia política”. Edmundo Morel y Manuel Mejía “The Dominican Republic”.

La estrategia de limpieza urbana, dentro de una estrategia contrainsurreccional, no es algo nuevo bajo el sol negro del capital. Ya bajo el imperio romano se adoptó esa estrategia, luego se fue fortificando durante los siguientes siglos para hoy en día llegar a una militarización creciente del espacio urbano. Hacia fines de los años sesenta, esa limpieza social se generaliza a través de todo el planeta. En Brasil desde fines de la década del 60/principios del 70 se desarrolla una campaña de expulsión sistemática de los ocupantes ilegales, con la colaboración de las fuerzas armadas. El objetivo anunciado al principio fue el de “eliminar todas las favelas de Río de Janeiro en diez años”. Así fueron arrasadas varias favelas y se expulsaron cientos de miles de habitantes, pero la resistencia de los habitantes siempre impidió que los planes fueran más lejos.

En Argentina, también se hicieron campañas cuasi militares de erradicación de villas miserias, que se mantuvieron en todas las circunstancias con “el proceso” o sin él. La liquidación de barrios enteros fue sistemáticamente estudiada por urbanistas y realizada con la colaboración del organismo gubernamental del USAID (especie de ONG en realidad bajo órdenes directas del Pentágono), dentro de una estrategia abiertamente contrainsurreccional, con el objetivo claramente declarado de despejar a los proletarios de las zonas neurálgicas, como la del centro de la ciudad, en donde corrientemente se concentran los lugares del poder. Entre 1967 y 1970, se lanzó un Plan de Erradicación de Villas de Emergencia en Argentina que, luego de destruida la ola de luchas proletarias en la década del 70, se incrementó todavía más, expulsándose a cientos de miles de proletarios de Capital Federal.

En El Cairo, los mismos métodos fueron aplicados luego de las revueltas de enero 1977, que estallaron cuando el Sadat redujo a la mitad las subvenciones que Nasser había otorgado (en su lenguaje populista) “a los pobres” para encontrar vivienda. La reacción fue terrible, barrios enteros de proletarios atacaron hoteles de cinco estrellas, casinos, discotecas, centros comerciales, comisarías y devastaron todo lo que encontraron a su paso. La respuesta burguesa fue terrible, la represión se abatió contra los proletarios (hubo más de 80 muertos y unos 1000 heridos) y las prisiones se llenaron de explotados procedentes de las favelas de las que habían partido las manifestaciones. En venganza, y también como estrategia contra la insurgencia proletaria, todos esos barrios miserables fueron allanados y hasta arrasados: como Ishash al-Turguman, Bulaq, barrio bastante céntrico de El Cairo. Sadat declaró a los periodistas extranjeros, que acudieron para admirar al nuevo faraón de grandes obras civilizadoras, que esos “barrios eran un nido de rebeldes, en donde se esconden comunistas”, que “lamentablemente no pudieron ir a extraer de todas partes porque las calles son tan estrechas que los patrulleros policiales no pueden entrar”. Como Bonaparte y su arquitecto Haussman en París, Sadat soñaba con volver a diseñar El Cairo. Farha Ghannam subraya que Sadat “como Napoleón III en su tiempo, quería volver a diseñar el centro de la ciudad para un mejor dominio y un mejor control policial”. Los habitantes de las favelas fueron divididos en dos grupos y expulsados al exterior de la ciudad, el barrio fue arrasado y transformado en un parking. Por falta de tiempo y dinero, Sadat nunca pudo ver realizado su proyecto y El Cairo sigue siendo, como todas las grandes ciudades del mundo, un foco potencial, de revolución mundial, que en el futuro volverá a brillar para hacer, junto con mil otros, desparecer definitivamente el capitalismo y todos sus horrores.

Desde fines de los años setenta, el argumento de la “lucha contra la criminalidad”, e incluso la “lucha contra el terrorismo”, se ha transformado en un pretexto, como tantos útiles, para arrasar los barrios proletarios más miserables y criminalizar a sus habitantes. En Cisjordania, el ejército israelí utiliza ese pretexto y se sirve de viejos estatutos británicos y hasta otomanos, para la expulsión de familias o la destrucción de casas de “terroristas”. En Dhaka, las autoridades municipales utilizaron la muerte de un policía, en 1999, para demoler con buldózeres 19 “favelas criminales” y expulsar a 50.000 personas. En Pekín, en 1995, la erradicación del pueblo de Zhejiang, enorme favela situada en el límite sur de la capital y verdadero foco de lucha durante los sucesos de la plaza Tiananmen en 1989, fue conducida como una verdadera operación militar: 5.000 milicos y cuadros del Partido, armados hasta los dientes, hacen irrupción en la madrugada en ese barrio arrasando con todo y deportando a los campos de concentración y de trabajo, a unos 18.621 proletarios clasificados como “ilegales”. En nombre de la lucha contra la “criminalidad, el bandolerismo y terrorismo”, el primer ministro, Li Peng, dirigió personalmente esa operación policial.

En Zimbabwe, el presidente Roberto Mugabe (ex guerrillero anti-apartheid), dirigió, a principios de mayo 2005, la primera fase de “la operación Murambasvina”, traducción literal de “expulsión de las deshechos”. La policía organizó un asalto, con todas las de la ley, contra las favelas de Harare y Bulawayo. El 27 de mayo 2005, la BBC reproduce las clarísimas órdenes de un oficial:

A partir de mañana, quiero ver en mi escritorio informes que digan que hemos liquidado gente. El presidente nos cubre integralmente en esta operación y ustedes no tienen nada que temer. Consideren esta operación como una operación de guerra.”

A mediados de julio, unos 700.000 “desechos” habían sido expulsados y, aunque no conocemos cifras exactas, se habrían asesinado a decenas de proletarios y herido y arrestado a muchas centenas de indeseables. El capitalismo es la guerra cotidiana contra el proletariado mundial.

Y que decir de lo que vivimos en Francia, durante las llamadas “revueltas de los suburbios” en noviembre 2005. ¿Existen diferencias entre acá y allá? Cuando Sarkozy, rodeado de importantes dispositivos policiales, insulta a los proletarios tratándolos de “escoria”, en lugar de “desechos”, ¿existe una diferencia? ¿Y qué decir de esas liquidaciones físicas, hipócritamente calificada de “errores”, que pueden constatarse en los diarios de todos los países? Todos los medios de información/intoxicación mundiales justifican ideológicamente esas cotidianas masacres, “por errores o excesos policiales”, tan indispensables para la defensa de la propiedad privada internacional cuando, destilando todo el desprecio y odio que tienen de nuestra clase, descalifican a los proletarios, así asesinados, de “delincuentes juveniles”, “malandros” “lúmpenes”, “gamberros”, “drogadictos”…

A título de pequeñísimo ejemplo, de las masacres por “errores policiales” y la protección social e impunidad de que gozan, socialmente y estatalmente, los agentes de esos asesinatos, citemos al diario francés Liberatión del 8 de octubre 1990:”En Lyon es larga la lista de víctimas que ha alimentado la cólera de los jóvenes en revuelta. En octubre 1982, Wahid Hachichi (Vaulx-en-Velin) y Ahmed Bouteja (Bron) fueron asesinados. En noviembre 1982, el policía Bernard Raffine mató a Mohamed Adidou. Sobreseimiento. El 6 de marzo 1985, Barbed Barka, de 15 años (de Vaulx-en-Velin) fue asesinado durante un control. Policía multado. En junio 1987 fue asesinado, por las balas de dos gendarmes, Mustapha Kacir (Vaulx-en-Velin). Sin consecuencias judiciales. En septiembre 1985, Noredine Mechta es asesinada por los vigilantes de una discoteca. Aziz Bougherza, en Moins, sucumbió en junio 1987, también bajo las balas de la gendarmería. Farid Oumrani, 17 años, fue asesinado en otoño de 1988 por una bala tirada por su espalda por un taxista. En diciembre de 1989, Abdallah Bouafia, de 42 años, padre de dos hijos, murió en Lyon a consecuencia de torturas infligidas por cuatro vigilantes. El 9 de agosto de 1990, Akin Merabet (de Crémieu), 22 años, fue asesinado, como 18 meses antes lo había sido su hermano.”

Durante las revueltas en los suburbios, todas las fracciones burguesas tuvieron el mismo discurso: ¡queremos más y más “seguridad”! No fue únicamente Sarkozy que nos trató de “escoria” y envío a los milicos para suprimir las cabezas que sobresalían de las filas.

También Ségolène Royal, ex candidata a la elección presidencial, desde la izquierda preconizaba abiertamente el encuadramiento militar de los “jóvenes delincuentes”. En vez de enviarlos a las cárceles, la izquierda propone, pura y simplemente la deportación de esos proletarios, decididamente muy inquietos, y su alistamiento en los batallones disciplinarios del ejército, para que aprendan a ponerse derecho y responder “¡por supuesto jefe, sí patrón!”. En América del Sur (Argentina, Brasil, Uruguay, Chile…) muchos ex guerrilleros en el gobierno (Montoneros, Tupamaros, exmariguelistas...) no tienen ni vergüenza cuando aconsejan o ponen en prácticas soluciones de ese tipo, buscando militarizar a la juventud para que, de paso, esté preparada como carne de cañón para el imperialismo. “Es mejor que se les obligue a trabajar, que se les movilice y militarice antes que pasen la vida fumando porros” declaran descaradamente esos ex guerrilleros que hoy son verdaderos mujeres y hombres de Estado.

Los trotskistas de Lutte Ouvirère (Lucha Obrera) no valen más cuando afirman comprender el “miedo de los habitantes de las grandes urbanizaciones cuando llega la noche” y preconizan movilizar a más “policías de proximidad” en las entradas de los edificios. Con respecto a la Liga “Comunista” Revolucionaria trotskista y su infatigable líder, Alain Krivine, no encontró nada mejor, durante las revueltas de 2005, que organizar con “los habitantes del barrio” rondas para “restablecer la calma”. Agreguemos, a esta lista ya larga de representantes abiertos del Partido del Orden burgués, al Partido “Comunista” francés y su órgano “L’Humanité” que tituló en esos días: “El orden tiene que ser restablecido”.

2. Respuesta burguesa a la catástrofe capitalista; bunkerización, ilusiones policiales y dificultades militares

Podríamos escribir toda una historia sobre las invenciones creadas desde 1830 para defender al capital contra las revueltas obreros.” Karl Marx, El capital.

Frente a la actual descomposición sin precedentes del orden capitalista, la única respuesta que la burguesía puede dar es siempre la misma: más milicos, comisarios, vigilantes, prisiones, neurolépticos, tranquilizantes, asistentes sociales, drogas duras... siempre más represión gracias a la utilización masiva de tecnologías, como las cámaras de vídeo de control, ya omnipresentes en todos los espacios urbanos, incluso en las autopistas, en el interior de las empresas, en las guarderías infantiles... Todo debe ser controlado, la privación de la propiedad requiere la vigilancia total, la burguesía aspira al totalitarismo securitario y al omnipotente control. En sólo algunos años se ha desarrollado una verdadera red electrónica interconectada en todo el planeta que centraliza enormes bases de datos en los que son almacenados dirección, cuenta bancaria, localizaciones, desplazamientos, los sitios visitados en internet, conversaciones telefónicas (móviles y fijas), costumbres alimentarias (a través de las tarjetas de fidelidad ofrecidas gratis por muchos hipermercados), historial médico, antecedentes penales, papeles de identidad, amigos... de cada individuo, fotos. En su búsqueda por dotarse de la máxima seguridad, la burguesía ha terminado encerrándose en espacios cada vez más cerrados, más protegidos, más tranquilos, más amurallados, más digitalizados. La ilusión de seguridad total pasa por la creación de murallas, de paredes de seguridad, de empalizadas, de alambrados, de pórticos electrónicos con lectura de huellas digitales, con reconocimiento vocal u ocular. Frente al océano de miseria que la sumerge, esta bunkerización (18) creciente del modo de vida burgués tiende a transformarse en la norma a nivel mundial. Cuanto más se intensifica la catástrofe capitalista, más la burguesía levanta alambrados, construye muros, fabrica murallas... Sólo en algunos años han crecido como hongos muchas zonas off world (afuera del mundo) en las periferias de las grandes ciudades. Los burgueses viven en refugios, detrás de altas murallas electrificadas, en casi completa autarquía, con hospitales, centros comerciales, cines, clubes de golf, restaurantes, universidades, oficinas, centros de negocio... en el interior de sus zonas de refugio. Viven en villas señoriales, en dominios protegidas por un ejército de vigilantes y perros, disponibles 24 horas al día, totalmente equipados con generadores de emergencia y con toda clase de equipos privados necesarios para esa vida encarcelada.

El secreto de esas apacibles viviendas reside en el alambrado eléctrico, último grito, que rodea la urbanización entera o, como le llamamos, los ‘lugares asegurados’. Estos alambrados de 100 voltios, originalmente concebidos para jaulas de leones, provocan un choque eléctrico brutal, que pone a todo visitante indeseable fuera de combate sin matarlo (19).

Esta búsqueda obsesiva de la seguridad se encuentra tanto en California como en los suburbios de Pekín, Manila, Johannesburgo, Río, Sao Paulo, Caracas, México, y de manera menos visible ya se está extendiendo a todas las grandes ciudades. En Paris la autopista que rodea la ciudad, llamada periférico, tiende a ser transformada en un verdadero muro infranqueable para los proletarios que viven en los suburbios subversivos. En nombre de “la lucha contre el terrorismo”, se realizan operaciones para “pacificar”, como “Vigipirate”, que busca extirpar a los proletarios del centro urbano. La presencia de militares armados, vestidos como los cuerpos especiales de contrainsurgencia, como si se tratase de una guerra, no sólo pretende disuadir a los proletarios de aventurarse en la ciudad, lugar de concentración de poderes, sino también busca imponer esos dispositivos de excepción como la norma, la regla, como algo totalmente banal. Se ha hecho corriente y banal en Francia, a pesar de que no exista ninguna guerra oficialmente declarada, el ver a hombres en uniforme de guerra, armados hasta los dientes, circulando por las calles. Los controles se han vuelto sistemáticos, con la violencia que es habitual, las redadas en plena calle se han generalizado junto con los registros, las palizas de las fuerzas del orden, los secuestros oficiales totalmente legalizados, los juicios por cualquier cosa o las detenciones solo para afirmar la prepotencia como método de sumisión. En pocas palabras, se hace banal, cotidiano, rutinario, omnipresente al terror de Estado capitalista en nombre de lo que los medios justifican como “la protección de la seguridad”. Indudablemente, la burguesía se ha hecho maestra en el arte de presentarnos la seguridad de la propiedad privada y de su sistema social como “nuestra seguridad”, llegando hasta hacernos atragantar la defensa de sus intereses como sinónimo de defensa de los intereses de todos.

En ciertos países se ha dado un paso suplementario en la militarización del espacio urbano, al unificar esas zonas off world entre ellas a través de gigantescas autopistas, creando así una “red fortificada” de rutas estratégicas, bien preservadas, iluminadas y rápidas, que no solamente aseguran el desplazamiento de todo lo relacionado con los negocios, sino también de las fuerzas represivas.

Hoy en día, las autopistas privadas de Buenos Aires permiten a los ricos permanecer, a tiempo completo, en sus “posesiones” (sus casas country club) de Pilar, en suburbios apartados, y trabajar en el centro. En Lagos se abrió un ancho corredor a través de las favelas, densamente pobladas, para construir una vía Express para los empresarios privados y los dignatarios del estado que habitan en los ricos suburbios de Ajah.” (20)

En las grandes ciudades asiáticas (Tokio, Bangkok,…) las autopistas sobre elevadas constituyen “otro mundo” de limpieza y riqueza, de hoteles, estaciones de servicio, restaurantes, servicios de belleza y de estética, centros comerciales… cada vez más separado con respecto a las viejas ciudades del bajo mundo tupido de callejuelas, con plétora de vendedores ambulantes, sobrepobladas, mugrientas, ruidosas, contaminadas…

En este sistema social al borde de la implosión, la militarización del espacio se ha transformado en una realidad perseverante. La presencia militar, desplegada permanentemente en nuestras calles, solo tiene una función: la de mantener el terror latente en forma permanente contra el proletariado, para paralizar toda veleidad de acción, puesto que la gran mayoría de esas tropas que invaden nuestros barrios son, en general, las mismas que la burguesía despliega a lo largo y ancho del mundo para asegurar el orden y sus intereses. ¿Cuántos proletarios en Francia pueden aún tener dudas de que la mayoría de las unidades que reprimieron las revueltas de noviembre 2005 o las que patrullan bajo el cuadro de Vigipirate son las mismas que imponen el terror capitalista, en Abidján, Yamena, Kinshasa, Kabul o Puerto Príncipe? Lo mismo sucede en Estados Unidos, donde para hacer frente a ese gigantesco saqueo, que precedió al paso del huracán Katrina, el Pentágono tuvo que retirar precipitadamente tropas de Irak para enviarlas a asegurar el orden social en Nueva Orleans mismo. El mismo proceder se utiliza en todo el mundo, es decir la guerra abierta y brutal contra los proletarios tanto en Estados Unidos o Francia como en Irak, Afganistán, Haití... para asegurar, por medio del terror, la paz social tan necesaria para el buen funcionamiento de la máquina capitalista. En esa ocasión, el propio gobernador de Texas no tuvo pelos en la lengua para advertir a los “ladrones” y otros “sinvergüenzas” que las tropas que les hacían frente sabían manejar muy bien las armas y que lo habían mostrado suficientemente su destreza en la represión en Irak. La guerra contra el proletariado no se desarrolla únicamente a miles de kilómetros de donde vivimos, ella está presente también en nuestras ciudades, en nuestros barrios y en nuestras calles. Aunque a veces lo olvidemos ¡La guerra social está también aquí!

Hoy en día las zonas off world no se limitan a ciertos barrios de alto copete que hay que proteger contra los hambrientos; países, continentes enteros se constituyen como off world. Estados Unidos, Israel o Europa construyen gigantescas murallas en las que miles de guardias armados son apostados para “protegernos” de un ejército de “terroristas” que se acercan a nuestras puertas y que sólo esperan un momento de inadvertencia para meterse en nuestro territorio para sembrar la muerte y la desolación. Es la fábula que, de forma más o menos sutiles, los medios nos inculcan. Recientemente el gobierno de George Bush hizo votar, por una mayoría de senadores (republicanos y demócratas), un nuevo presupuesto, de más de 10 mil millones de dólares, para “terminar el muro que, desde el golfo de México al océano Pacífico, protege Estados Unidos”. Pero ¿de qué se protegen Estados Unidos, Europa, Israel...?, ¿de algunos terroristas inocuos, como lo afirma Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea (21)? ¿O de esos millones de seres humanos que revientan de hambre y van a Estados Unidos, como a otros países de Europa o Israel, para escapar de la miseria? El año pasado, para más de 380.000 ilegales arrestados por la policía de fronteras, el sueño americano se vino para abajo en las cárceles del estado. En Europa, la primavera no trae solamente golondrinas, sino también cargamentos enteros de pobres diablos en las playas de Canarias, Lampedusa, Ceuta, Grecia... y muchos dejan no solamente su dinero sino también sus ilusiones y su pellejo. Según cifras oficiales, desde 1988 a 2006 habrían muerto más de 12.500 inmigrantes tratando de alcanzar el “paraíso” europeo.

La frenética carrera en la que se ha lanzado en estos últimos años la burguesía, para escapar al mundo apocalíptico que produce, no es suficiente para salvarla de la explosión social que la acecha. ¡El capitalismo produce la miseria mucho más rápidamente que el tiempo que necesita para construir cualquier muro o alambrado de protección! Las contradicciones que minan y llevan a este sistema a la agonía, son cada vez más visibles para todos, cada vez más insuperables para aquellos que tienen la pretensión de administrar la putrefacción del capitalismo. La militarización del espacio social no le será suficiente a la burguesía para asegurar la perennidad de su mundo. Los muros se construyen muy lentamente con respecto a la podredumbre, cada vez más acelerada, del viejo mundo. Esto es lo que constata la CIA, en un informe de 2002, cuando subraya la inquietud que le produce el “número creciente de trabajadores sin trabajo o subempleados en el mundo” y agrega que tarde o temprano las revueltas serán generalizadas. Según diversas fuentes a fines del siglo XX el número de desocupados y subocupados ya habrían superado los mil millones de trabajadores, es decir más de un tercio de la población activa mundial.

La burguesía sabe perfectamente, y desde hace mucho tiempo, que protegerse detrás de altos muros no es suficiente para asegurar en lo más mínimo su orden y que debe desarrollar exponencialmente la represión abierta en todas partes. La debacle estadounidense en Mogadiscio en 1993, vendida en gran pantalla por Hollywood en La caída del halcón negro, donde el ataque a un convoy militar, por los proletarios en armas, produjo 60% de pérdidas (muertos y heridos) a las tropas de elite del Army Rangers y obligó a los teóricos militares a reconsiderar completamente lo que llaman en el lenguaje burocrático del Pentágono, los MOUT, Military Operations on Urbanized Terrains (Operaciones Militares en Medio Urbano). En otras palabras se trata de reorganizar el mantenimiento del orden capitalista a través de operaciones de policía, gendarmería…, a través de las operaciones militares/humanitarias que se desarrollan en todo el mundo. En 1997, una comisión de investigación de la Defensa Nacional en Estados Unidos criticó la falta de preparación del ejército con respecto a los “perpetuos combates en los laberínticos callejones de las ciudades”... Desde ese entonces, todos los cuerpos del ejército de Estados Unidos participan, bajo la coordinación de un grupo de trabajo interejércitos, en entrenamientos de operativos en medio urbano (JUOTWG) y en cursos prácticos para dominar las técnicas de combate callejero.

La guerra futura tendrá lugar en las calles, en el alcantarillado, en los rascacielos y en las zonas de viviendas tentaculares y anárquicas que forman parte de las ciudades incontroladas del planeta... Nuestra reciente historia militar cuenta con varios nombres de ciudades –Tuzla, Mogadiscio, Los Ángeles, Beirut, Panamá, Hue, Saigón, Santo Domingo, pero esos combates sólo habrán sido un prólogo; el verdadero drama está todavía por llegar.” (22)

¡”El verdadero drama está todavía por llegar”! El mayor del Army War College de Estados Unidos ¡no podía ser más lúcido! Hoy en día, la burguesía se plantea las cuestiones que sabe perfectamente que tendrá que enfrentar mañana. Se trata de una guerra de clases entre, de un lado, “sus” soldados, “sus” mercenarios, “sus” generales, “sus” ONG, “sus” medios de comunicación... para parafrasear al mayor Peters, defensores del orden burgués a través de todo el mundo, y del otro lado, nuestra clase concentrada, como jamás lo estuvo, por las necesidades del capital en gigantescos espacios urbanos, contaminados, supurando miseria, enfermedad, muerte, y en lucha contra esas condiciones de existencia cada vez más inhumanas.

Para los burgueses, la generalización de conflictos sociales no es una hipótesis entre otras, sino, más que nunca, la dirección de todo su horizonte. Es jodido constatar que los explotadores tienen conciencia del carácter ineluctable de la crisis social que los amenaza, que se preparan para ello, que preparan cuerpos especializados en la lucha contra la insurgencia urbana, mientras que en el proletariado predomina el desconcierto, la duda, la laxitud, la desmoralización, la confusión programática, e incluso las ideologías individualistas y antiorganizativas que lo dominan. ¡Qué paradoja! Hoy por hoy, ¡los burgueses, por lo menos algunos, tienen una claridad mucho más grande que los proletarios sobre lo que está en juego para el futuro del mundo! En ese sentido vivimos una época muy triste, y hoy en día es difícil ver, que otra cosa que mucho más catástrofe, permitirá, al fin, revertir esa terrible situación en la que se encuentra metida nuestra clase. Claro que el desarrollo cuantitativo y cualitativo de la putrefacción y descomposición de la sociedad capitalista, seguirá empujando a nuestra clase a luchar, seguirá forzando al proletariado, a pesar de sus estúpidas ilusiones y creencias, a retomar el camino hacia la lucha por el comunismo. No se trata de una cuestión de voluntad, sino más bien de una relación de fuerzas entre el proletariado y la burguesía. Sin embargo estamos forzados a constatar que hoy en día la situación no nos es favorable, que la catástrofe generalizada, en la que se hunde la humanidad, y que exige que el proletariado reaccione y encuentre su camino de clase para terminar una vez por todas con esta sociedad antropófaga, no cuaja en fuerza internacional y ello, a pesar de la valerosa acción contracorriente de los grupos revolucionarios, como el GCI, que con sus modestas fuerzas intentan forjar una dirección, un eje programático que es vital para triunfar en esa lucha. ¡La urgencia es esa! Los mismos burgueses se inquietan y preparan sus alternativas económicas y represivas (23), mientras que nuestra clase no logra aún forjarse como potencia destructiva de este mundo que nos destruye a todos. Sabemos que en el fondo los que administran el capital internacionalmente sólo pueden contener y/o retrasar la generalización de la crisis, posponer el final apocalíptico, más no impedirla. Sólo el proletariado, en tanto que actor de una profunda revolución social, puede realmente poner fin a la catástrofe engendrada por este modo de producción. Pero lamentablemente la mayoría de los proletarios creen que todavía están a salvo, que la catástrofe esta en otra parte y concierne a otros seres humanos. Eso es lo que hace inevitable que la putrefacción se siga agudizando, que se siga generalizando hasta que cada vez haya más proletarios forzados a reaccionar y pelear contra esta sociedad.

¡Pero todavía no estamos allí! Mientras tanto los estrategas internacionales de la contrainsurgencia siguen pronosticando grandes enfrentamientos sociales en las mayores ciudades del mundo. En los años noventa, la Rand Corporation, asentada en Santa Mónica, especie de club de reflexión fundado en 1946 por la Fuerza Aérea de Estados Unidos y la importante empresa del complejo militar e industrial de Locheed-Martin, ya había emprendido toda una serie de trabajos que iban en el mismo sentido de lo que nos dice el mayor Ralp Peters (que citamos antes). Sus investigadores ya se habían concentrado en las estadísticas de la criminalidad urbana, los problemas de salud pública, la planificación del espacio urbano... en los barrios llamados desheredados, para sacar conclusiones tan claras como las del mayor Peters: “La urbanización de la pobreza mundial ha producido la urbanización de la insurrección.”

¡Nosotros no inventamos absolutamente nada! ¡La frase anterior es el título exacto del informe! ¡Lo que constituye todo un programa! La Rand Corporation advertía, a los que dirigen los gobiernos, ya a fines de los años noventa, que “ni la doctrina, ni el adiestramiento, ni el material del ejército estadounidense están concebidos para llevar adelante operaciones de combates contrainsurreccionales”. Efectivamente, la Rand Corporation, el Army War College, el Pentágono... y otros círculos dirigentes del mundo discuten claramente, desde hace muchos décadas, sobre la contrainsurgencia, la contrarrevolución, el mantenimiento del orden, la liquidación del proletariado. Incluso, estos últimos años, las unidades de combate han intentado sacar lecciones de las diversas desventuras que sufrieron en la mayoría de los campos de enfrentamiento en los que se comprometieron como fuerza de policía, de gendarmería del mundo. Los propios estrategas de la infantería de Estados Unidos y de los Marines se unieron a la jauría de analistas para elaborar una nueva doctrina conjunta de la contrainsurrección. En un documento publicado podemos leer que las operaciones actuales en Afganistán y en Irak son fracasos patentes, a pesar de los discursos evasivos de la administración estadounidense y de sus aliados, que continúan destilando mentiras sobre la “lucha mundial contre el terrorismo”.

En efecto el atascamiento y empantanamiento de las tropas de Estados Unidos en Irak y el de las de la OTAN en Afganistán corresponden a la misma dinámica y muestran la enorme dificultad que nuestros enemigos tienen a imponer el orden por medio del terror. En abril 2003, Bagdad había sido tomada en tres semanas, pues los que estaban dispuestos a morir por Saddam Hussein eran muy pocos. Un año más tarde fue necesario muchos meses y desplegar fuerzas considerables para vencer a algunos miles de proletarios, mal equipados, atrincherados en la pequeña ciudad de Faluya. Frente a ejércitos bañados en la ideología de “cero muertos”, los proletarios que se alzaron contra sus verdugos no tuvieron miedo de morir con las armas en mano y supieron infligir perdidas importantes a mercenarios superequipados que se creían invulnerables. Para tomar un ejemplo, desde 2004 el cuerpo de los Marines estadounidense desplegó más de 30.000 hombres en una sola provincia, Al-Anbar, al oeste del Irak, sin lograr pacificarla. Más de 700 marines han dejado el pellejo, sin contar los heridos, mutilados y la situación continúa degradándose cada vez más. Frente a la más alta tecnología jamás desplegada en un campo de batalla, los proletarios utilizan medios artesanales para asesinar a los mercenarios, destruir su moral y cohesión como tropas de represión. En Irak, como en Afganistán y en el Líbano, durante el verano 2006, los “artefactos explosivos improvisados” (IED en inglés), generalmente fabricados a partir de un obús o de un proyectil y una pequeña carga explosiva, es decir realizados con un pequeño puñado de dólares, logran producir daños considerables entre las tropas mercenarias del orden burgués mundial.

De los 3.800 militares norteamericanos, que oficialmente habían muerto en Irak a fines de 2006, más de 800 cayeron bajo el peso de los IED. Mientras que los ataques por IED pasaron de 10 por día, en 2004, a más de 50, en 2006. El Pentágono confirma que el stock de obuses expropiados, por los proletarios una vez derrocado Saddam Hussein, ¡permiten perpetuar este tipo de ataque durante más de 250 años! Las rutas de esta región son tan inseguras que las tropas de gendarmería prefieren desplazarse en helicóptero, haciendo varias pequeñas escalas desde una base fortificada a otra, lo que provoca el desgaste prematuro del material. Hoy en día en Irak, la mayor parte de helicópteros se estrellan por averías intempestivas provocadas por el desgaste anticipado de las máquinas y no por tiros enemigos. Frente a la multiplicación de ataques IED, una carrera contra el reloj ha sido lanzada en el seno del ejército de Estados Unidos para blindar, al máximo, todo lo que circula: camión, jeep, vehículos de transporte de tropas, ambulancia, camión cisterna... pero ni así, el complejo militar industrial logra aportar la cantidad de vehículos y otros aparatos, considerados necesarios por ellos mismos para mantener el orden, ahí adonde el mismo está asegurado por los gendarmes norteamericanos. El terror gana al equipaje de esos vehículos (que cada vez más se las arreglan para evitar la patrulla de los lugares peligrosos) contradiciendo lo que su jerarquía declara a diario: que todo el territorio está bajo control. A pesar de todos los discursos oficiales, ésta es la realidad de las diversas intervenciones actuales de gendarmería. El proletariado no se somete, resiste a la invasión de los policías-mercenarios encargados de mantener el orden capitalista. Los grandes Estados gendarmes se encuentran totalmente sumergidos en la mierda, y comenzando por el primero de ellos: Estados Unidos. Hoy Irak, Afganistán, como otras regiones del mundo (como Haití, Guinea (24), la franja de Gaza, Colombia, Asia central, Somalia, etc.), siguen siendo totalmente zonas inseguras para el capital. De ahí los gritos desesperados de los militares del Pentágono, relevados por un número creciente de pacifistas y diputados demócratas-republicanos, a propósito del calendario de retirada de las tropas de ese nuevo Vietnam que en pocos años ha devenido Irak. Pero esto sólo es posible si la susodicha resistencia se transforma en una alternativa creíble capaz de embarcar a los proletarios insumisos en las filas del nacionalismo, islamismo o aún en una mezcla híbrida de esas dos ideologías. Por el momento no se ve surgir algo consistente al respecto, incluso si ya no se oculta el hecho de que el Pentágono se encuentra en conversaciones abiertas con esta resistencia, si ésta a intervalos regulares anuncia su unificación y su constitución como equipo de recambio, que debiera terminar una vez por todas con las luchas proletarias. La mezcla de antiguos torturadores baasistas y de nuevos cruzados islamistas, está muy lejos de inspirar confianza a un proletariado que ha vivido en Irak, como en Irán y Afganistán, más de treinta años de represión y masacre perpetuada por nacionalistas y mullahs. Con seguridad, la retirada de las tropas mercenarias de Irak no será hecha mañana, como indican, a pesar de los discursos populistas hechos precedentemente, todos los candidatos a las elecciones presidenciales estadounidenses.

Mientras que la burguesía pensó alcanzar una invulnerabilidad completa y eterna, luego de la caída del “muro de Berlín” en 1989, hoy ya se encuentra en una situación que en esa época ni se le ocurría: ¡enfrentar a corto plazo dos, tres... nuevos Vietnam! Parece cada vez más claro que la burguesía comienza a percibir que se encuentra en un callejón sin salida, que más allá de las ilusiones policiales es imposible controlar todo y que ahí adonde opta por la ocupación militar abierta la resistencia proletaria le impide reestablecer el orden. Justamente es esa resistencia contra la ocupación militar la que empuja a sectores del proletariado, de los países de donde salen las tropas de intervención, a no enrolarse en las filas del ejército.

Mientras que la catástrofe capitalista, que apenas acabamos de describir en las páginas precedentes, provoca una necesidad creciente de envío de nuevas tropas para asegurar la paz social en todo el mundo, el simple hecho de arriesgar el pellejo provoca una verdadera hemorragia en el enrolamiento de mercenarios al servicio de esa política. En Estados Unidos, el nuevo secretario de estado de defensa, Robert Gates, puede entusiasmarse con su décimo plan de reclutamiento de más de 93.000 hombres y aumentar las primas por enrolamiento, las que acumuladas rozan los 25.000 dólares, pero las oficinas de reclutamiento, cuando no son saqueadas por los proletarios que se oponen al papel que juega Estados Unidos en el mundo, permanecen desesperadamente vacías. Para enfrentar la cruel carencia en hombres (25), el Pentágono se vio obligado a extender, de 12 a 15 meses, el tiempo de presencia obligatorio en el suelo iraquí de los soldados norteamericanos antes de su traslado, por un año, a zonas sin combate. Después de haber reclutado en las prisiones de Estados Unidos, a cambio de reducciones de condena sustanciales, es la famosa green card que se agita delante las narices de los candidatos a la inmigración para que acepten vestir el infame uniforme de mercenarios a sueldo del ejército de Estados Unidos. Pero hagan lo que hagan los poderosos de este mundo para reclutar cretinos que desempeñen sus siniestras labores, los que regresan de la devastación iraquí se apresuran para no renovar su contrato. Toda una serie de cuadros, desde el sargento primero, verdadero “yacimiento de eficacia” como lo apela su jerarquía, hasta algunos capitanes y jefes superiores, prefieren dimitir a formar parte de la tripulación de un barco que se está hundiendo.

Y todavía ni hemos hablado del número creciente de desertores que ni siquiera han esperado la conclusión de su contrato para abandonar esa infame institución de asesinos que es el ejército. ¡Las cifras varían entre 5.000 y 15.000 hombres! Y lo que viene no da buenos augurios. Recientemente el Ejército de Estados Unidos compró en el cementerio de Harlington un espacio para más de 20.000 nuevas tumbas.

He ahí donde hoy se encuentra la burguesía hoy. Empantanada e incapacitada militarmente para ganar diversas guerras de gendarmería. Incapacitada para ocultar el aumento de la masacres de civiles, incapacitada para impedir la deserción creciente, la carencia de reclutas, el aumento del número de heridos y muertos en las filas de los ejércitos gendarmes, así como también entre los mercenarios privados. Al mismo tiempo que se siguen incrementando, según ellos mismos, las necesidades de intervención en el mundo.

Incluso si algunos fragmentos de información circulan en los grandes medios de comunicación, si regularmente algunos ex jefes del Estado Mayor estadounidenses o británicos, o Generales retirados, anuncian un nuevo Vietnam, el hombre de la calle, la opinión pública... el idiota útil al capital se encuentra muy lejos de darse cuenta que la catástrofe militar está tomando proporciones cada vez más abismales. Hay que decir que el control total de los medios de comunicación es una de las lecciones que el Pentágono supo sacar de la guerra de Vietnam, y así logra guardar todo esto relativamente en secreto.

Es evidente que esta situación no puede perdurar eternamente. Estados Unidos y sus aliados se encuentran en un momento crucial y el riesgo de ver la descomposición, a corto plazo, de sus propias tropas deviene significativo. Otra pesadilla vietnamita entra en el escenario y el mismo Pentágono se anuncia incapaz de enfrentarla y afirma claramente que no se responsabilizan en endosar las consecuencias de dicho escenario. Es seguro que los próximos años serán cruciales, con respecto a la capacidad de encontrar verdaderas soluciones para sacar a las tropas norteamericanas y sus aliados del pantano iraquí y afgano. ¿Pero bajo qué forma? La situación es tan peligrosa que se necesitaría un mago para respondernos. Nada puede seguir así, como ya lo saben y lo dicen burgueses conscientes en todo el mundo. ¿Cómo hacer para impedir el riesgo de las insurrecciones urbanas? ¿Cómo sacarse de encima a tanto proletario peligroso? ¿Cómo gestionar el excedente de fuerza de trabajo, que la guerra debería eliminar físicamente? ¿Cuáles son las posibilidades reales, para el capital, de continuar su ciclo de valorización-desvalorización, deteniendo al mismo tiempo el espectro que le acosa, la revolución proletária?

A modo de conclusión provisoria

A lo largo de toda esta excursión bajo el sol negro del capital, hemos intentado abordar, dando toda una serie de ejemplos concretos, la catástrofe capitalista desde el ángulo de la vida cotidiana del proletariado a través de todo el planeta. Nos parece importante poner una realidad en las palabras y no contentarse con enunciar simplemente lo que es. Hoy en día esta catástrofe es tan profunda que ya se ha transformado en inmediatamente palpable, visible y se condensa en todos los aspectos de la vida de los proletarios. Primero el trabajo, nunca fue tan penoso, destructor y poco remunerador. Lo sigue la alimentación, cada vez más degradada y contaminada, así como el agua potable o el aire que se respira. Sin lugar a dudas, también las condiciones de vivienda han alcanzado niveles de defecación desconocidas hasta hoy en día, como hemos visto. Las enfermedades provocadas por todas estas causas tan “naturales” como la bomba atómica, son cada vez mas virulentas y masivas, destruyen y pulverizan a millones de seres humanos. Las guerras también son cada vez más generalizadas y destructivas. En fin, el biotopo, en el que nuestra especie vive, se degrada cada vez más peligrosamente, envenenándonos,...y anunciando la posibilidad misma de la desaparición, en los próximos decenios, de todo lo que vive en la superficie terrestre. En pocas palabras, el capitalismo se presenta, de manera visible y palpable, a una masa creciente de proletarios a lo largo del mundo, como lo que es: un verdadero Apocalipsis, un infierno. Podríamos alargar hasta el infinito su descripción para llegar a las mismas conclusiones: el capital ha llegado a exacerbar, a un nivel increíble, sus propias contradicciones y sobre todo la más esencial, es decir la producción de una clase social pletórica, con la que no sabe que hacer, con respecto a sus necesidades actuales de su propia valorización-desvalorización. Hoy en día hay demasiados capitales que no llegan a valorizarse, la desvalorización golpea por todos lados, inclusive al capital variable, a los proletarios. Como Marx observaba en el Manifiesto del Partido Comunista: “¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De que modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas”.

Pauperización generalizada, condiciones de explotación cada vez más duras, generalización de la guerra... actualmente es por estos medios que se produce la destrucción masiva del proletariado. Por el momento, la burguesía llega a controlar, disciplinar, adiestrar, a hacerlo trabajar, a sindicarlo, a que se conforme con su suerte... a hacerlo reventar en los campos, en las guerras... Pero, como podemos constarlo día tras día, el proceso de valorización-desvalorización se embala y requiere nuevas guerras, cada vez más grandes, poderosas; el ogro capitalista vocifera, a las orejas de sus administradores, tengo sed, necesito cada vez más sangre, mi apetito se hace cada día más desmesurado, preciso más cadáveres. La muerte de proletarios sobreabundantes y la destrucción masiva de capitales incapaces de valorizarse están a la orden del día en la agenda capitalista para relanzar un nuevo ciclo de crecimiento. Para el capital las guerras locales ya no le son suficientes, ¡hay que generalizarlas! De ello depende la propia supervivencia del capital.

En este espiral de destrucción, todo termina reventando y los diques que deberían contener ese enorme exceso de fuerza productiva excedentaria, comienza ostensiblemente a resquebrajarse. Las grietas están por todas partes. Las generaciones precedentes de administradores del capital sólo han aplazado, a partir de toda una serie de trucos y astucias, como la creación desenfrenada de capital ficticio, la catástrofe. Pero con eso no hacen más que “preparar crisis más extensas y más violentas”, como decía Marx. Todos los recónditos escondrijos de este planeta se encuentran afligidos por el Apocalipsis capitalista. Como hemos demostrado, la mierda se encuentra por todos lados y adquiere niveles nunca vistos. La catástrofe se expresa por todos lados, hasta entre los proletariados incorporados en los ejércitos asesinos de nuestros hermanos de clase, que hoy comienzan a dudar, a plantearse interrogantes y/o intentan salvar su pellejo. La burguesía se encuentra cada vez más empantanada por todas partes.

Podríamos, sin problemas, describir la catástrofe capitalista bajo otros ángulos, como por ejemplo el de las finanzas, los créditos, la bolsa y el dólar... y encontraríamos las mismas grietas, las mismas fisuras, los mismos crujidos de un mundo que no acaba de reventar, agonizar, y que al mismo tiempo continúa representándose en una imagen lisa y sublime de si mismo. La burguesía, particularmente sus fracciones más librecambistas, creyó que desde 1989 podría permitirse todo lo que nunca se había atrevido a hacer antes. Emborrachada de poder, nos anunció el “fin de la historia”. Pero la historia es mucho más testaruda de lo que ella creyó, especialmente la historia de las luchas de clases, y contra aquella leyenda la misma historia, parece retrucar que no es su fin, sino el de la burguesía.

Las contradicciones que minan al capitalismo se seguirán fortaleciendo, exacerbando, la catástrofe alcanzará nuevas cumbres; las explosiones sociales serán más violentas… Estas son las premisas de otro salto decisivo en la lucha de clases, como ya lo decía Antón Pannekoek, en 1934:

El movimiento obrero no tiene que esperar una catástrofe final, sino muchas catástrofes, políticas (como las guerras) y económicas (como las crisis que estallan repetidamente, a veces con regularidad, a veces sin regularidad, pero que en general, con el tamaño creciente del capitalismo, se vuelven cada vez más devastadoras). Así las ilusiones y las tendencias de tranquilidad en el proletariado se desplomarán repetidamente, y estallarán hondas y agudas luchas de clases. Parece ser una contradicción que la crisis actual, más profunda y devastadora que cualquier otra, no haya dado señales del despertar de la revolución proletaria. Pero la eliminación de las viejas ilusiones es su primera gran tarea... Graves luchas tienen necesariamente que tener lugar. Y si la crisis actual amaina, nuevas crisis y nuevas luchas aparecerán. En estas luchas la clase obrera desarrollará su fortaleza, descubrirá sus objetivos, se entrenará, se hará independiente y aprenderá a toma su destino (o sea la producción social) en sus propias manos. En este proceso se consigue la destrucción del capitalismo, La autoliberación del proletariado es el derrumbe del capitalismo.”

Notas

1. A título de ejemplo, según los criterios de la ONU, el ejército de Estados Unidos condujo 10 operaciones mayores de 1950 a 1989 y 25 entre 1990 y 1997.

2. La lista de países que han casi desaparecido de la superficie de la Tierra o que han sido despedazados por interesas imperialistas es muy larga a enumerar: Yugoslavia, República Democrática Alemana, Checoslovaquia, URSS, Somalia, Zaire, Sudán, Irak, Afganistán, Yemen del Norte, Yemen del Sur...

3. Erhard Berner, Defending a place in the city of Manilla, Quezon City, 1998.

4. Mike Davis, Le pire des mondes possibles, Éditions La Découverte, 2006.

5. En castellano no existe ninguna palabra general para designar a los barrios miserables y ser entendido en todas partes, a pesar de que la misma palabra barrio tiene su origen, según la Academia, en lo que es «exterior y salvaje» (Barrio= del árabe hispánico ‘bárri’, exterior, y este del árabe clásico ‘barrî’ salvaje) En cada región o país existe una diferente, por lo que siempre tenemos dificultad, en una revista internacional, para utilizar una. Además muchas veces la misma palabra designa también a los barrios ricos en el mismo u otro país (barriada, barrio, colonia…).Va aquí una lista de palabras que designan los barrios miserables: barrio, villa, población, población callampa, barrio de chabolas, tugurio, cantegril, cante, nopal, colonia proletaria, colonia popular, suburbio, barrio marginal, villa miseria, barriada, precario, arrabal, asentamiento, poblado chabolista, chacarita, pueblo joven, invasión, ciudad perdida… Por eso hemos cambiado muchas veces y en este texto utilizamos una que no es castellana, sino de origen portugués/brasilero que creemos, a pesar de tener origen en otro idioma, sea hoy la más utilizada de todas en el mundo castellano: favela. Puede ser útil saber que además hay otras dos palabras no castellanas que hoy son internacionales para designar lo mismo: «slum» que viene de la India y “Trench town” que viene de Jamaica.

6. David Keeling, Buenos Aires: Global Dreams, Local Crises, 1996.

7. Projet Couseling Services “Deteriorating Bogotá: Displacement and war in Urban Centres”, Colombia regional report: Bogota, diciembre de 2002.

8. Según las estadísticas de la ONU, ¡más del 70% tienen trabajo! Verdaderamente estamos muy lejos de las caricaturas construidas por sociólogos y otros sátrapas caritativo humanistas y difundidas por televisión.

9. Washington Post, 26 de agosto de 2002.

10. Suzanna Taschner, A water pollution crisis in the Americas, 2003.

11. Documento de trabajo del grupo de investigación Finanzas y Desarrollo, Banco Mundial, enero de 2000.

12. El capital necesita claro está una cierta cantidad de fuerza de trabajo excedente que hace presión en el precio de la fuerza de trabajo para que no suba, pero aquí nos referimos a una cantidad de exceso que supera aquella necesidad y se transforma en algo cualitativamente diferente que se generaliza en todo el mundo: masas de proletarios incontrolados, sin ninguna posibilidad de integración laboral y consecuentemente definidos como peligrosos para la sociedad burguesa.

13. Nandini Gooptu, The politics of the urban poor in early twentieth-century India, Cambridge, 2001.

14. Notas electorales del Partido Demócrata, febrero de 2004.

15. Literalmente «tres golpes y está fuera de juego». Sólo es necesario acumular tres condenas, aún las más banales, como la posesión de un gramo de marihuana, para ser condenado a más de 25 años sin reducción de pena.

16. Helen Basili, Demolition the Scourge of the urban poor, mayo de 2000.

17. Izquierdistas y tercermundistas sólo ven la catástrofe engendrada por el capital como un simple problema de administración o/y de explotación entre países ricos y países pobres, entre naciones del norte y el sur. En el interior de su miserable comprensión del capital, las clases sociales desaparecen. Por ejemplo, los izquierdistas que giran alrededor de Attac piensan que con un simple impuesto sobre los flujos financieros mundiales (impuesto Tobin-Attac) y equilibrando los intercambios comerciales se podría hacer menos catastrófica la vida bajo el capital. Lo que quieren crear es un capitalismo más humano, más igualitario, sin guerras, sin prisiones y sin explotación. En pocas palabras difunden la utopía del capital cómo si fuese posible y en base a ello defienden el putrefacto mundo actual y son parte activa de su reproducción.

18. Para utilizar un neologismo que solamente es una versión más militarizada de la versión ligera conocida bajo el vocablo «cocón»: cada uno en su hogar, aislado de los otros. Esta sociedad mercantil se ha vuelto un verdadero presidio, extendido a nivel planetario. A los proletarios se los encierra en las cárceles, en los campos, en las favelas…y al mismo tiempo los burgueses encierran sus centros de recreación, sus centros comerciales, sus dominios, sus clubes privados, sus jardines, sus casas,… ¡De miedo se encierran ellos mismos!

19. Mike Davis cita al respecto el estudio de Murray Williams “Gated Villages Catch on among City’s Super-Rich”. Para mayor información técnica sobre los alambrados eléctricos ver: www.electerrific.co.za.

20. Dennis Rodgers, Crime, insecurity and spatial organization in Managua, octubre de 2004.

21. Si hoy en día la Comisión europea presenta las grandes líneas de la respuesta al terrorismo, ayer su presidente hizo una comparación inesperada. El terrorismo ‘forma parte de los riesgos de la vida contemporánea’ declaró en Lisboa. Subrayó a continuación que los accidentes de carretera en Portugal ‘han producido más muertos que cualquier atentado terrorista’ según comunicado de la AFP. Otro ejemplo, que va en el mismo sentido es que según el director del Instituto de Seguro Nacional israelí, responsable del pago de compensaciones a las víctimas del terrorismo, en 2006, murieron ¡66 civiles israelíes por terrorismo!

22. Major Ralph Peters, Our soldiers, their cities, Parameters, Army War College, 1996.

23. Al Gore, ex vicepresidente del gobierno de Clinton, es uno de esos burgueses convencido que hay que cambiar el mundo para mantenerlo tal como está. En sus conferencias internacionales (por las que exige 100.000 dólares por cada una) explica, a los hombres de negocios y a los dirigentes de este mundo, que el capitalismo podrá, después de haber recalentado el planeta durante varios decenios, obtener los mismos beneficios, si no más, si invirtiera en su enfriamiento. Un nuevo mercado se crea y Al Gore, Nicolás Hulot, Joseph Stieglitz... son los nuevos profetas. ¡Aleluya!

24. Ver nuestro artículo «Luchas proletarias en Guinea Conakry», en Comunismo No. 57, febrero 2008.

25. En Irak hay menos tropas que policías en las calles de Nueva York, en donde se asegura el mantenimiento del orden en condiciones mucho más difíciles y para una población mucho más numerosa. Lo mismo sucede en Afganistán, en donde la OTAN ha llegado, con enormes dificultades, a enviar un contingente cuatro veces inferior en número que él de los soviéticos en 1980.

La destrucción medioambiental

EL CAPITALISMO LLEVA A LA HUMANIDAD HACIA UN DESASTRE AMBIENTAL Corriente Comunista Internacional

¿LA CLASE OBERA PUEDE HACER ALGO CONTRA ESA PERSPECTIVA?

¿LOS REVOLUCIONARIOS DEBEMOS REFLEXIONAR SOBRE LOS PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES?

Sobre estas cuestiones, u otras más que consideréis importantes al respecto, os proponemos desarrollar un debate para el próximo encuentro internacional. Para empezar os proponemos algunos elementos de reflexión.

¿EL DESASTRE MEDIOAMBIENTAL ES UN PRECIO A PAGAR POR EL PROGRESO?

La multiplicación de catástrofes llamadas naturales: inundaciones devastadoras en cada vez más zonas del planeta; sequías y desertificación en otras tantas partes del mundo; la alternancia de lluvias torrenciales y sequías pertinaces por doquier; el aumento de la temperatura global del planeta; el crecimiento exponencial del agujero en la capa de ozono especialmente en el polo; la progresión más que geométrica del efecto invernadero.... al nivel y con el grado en que se vienen produciendo en las ultimas décadas no tiene nada de “natural”. Es el resultado directo de la acción del capitalismo18.

Nos dicen que es el precio que hay que pagar por el “progreso”. ¿Es eso cierto?.

Es verdad que el capitalismo ha desarrollado enormemente las fuerzas productivas. Pero ¿cómo las ha desarrollado? ¿Lo ha hecho en armonía con el desarrollo de los seres humanos y de todo el medio natural que rodea al hombre (tierras, ríos, mares, bosques)?

A esta pregunta pronunciamos una respuesta rotunda: NO.

El desarrollo de las fuerzas productivas se ha hecho a costa de que los trabajadores se vean cada vez más exprimidos física y mentalmente, a que sus capacidades intelectuales y fisiológicas se vean trabadas por la parcelación extrema de su actividad laboral, el carácter repetitivo y fastidioso de sus tareas, los ritmos frenéticos de producción, los riesgos enormes de accidentes laborales y enfermedades profesionales, el deterioro profundo de su salud física y mental.

Respecto al medio ambiente la respuesta es idéntica: el llamado “progreso capitalista” ha llevado a la aniquilación de los pulmones verdes del planeta, a la escasez de agua, al aumento considerable de la amenaza de inundaciones, catástrofes… Desastres naturales periódicos como tornados, plagas, terremotos etc., se han visto agravados y transformados en potencias destructivas debido a las alteraciones incontrolables que el capitalismo ha provocado en sus fuerzas motrices.

¿SON COMPATIBLES EL “PROGRESO” CAPITALISTA Y EL MEDIO AMBIENTE?

Hay quien nos dice que serían compatibles el “progreso” y el “respeto al medio ambiente” con un poco de buena voluntad por parte de todos, que los capitalistas cedan parte de sus beneficios introduciendo tecnología “menos contaminante” (evidentemente más cara) y que los “usuarios y consumidores” moderen su supuesto consumismo. Pretender que el capitalismo se autorregule y sea menos voraz es como pedir que el fuego no queme o que el agua no moje, una pura utopía. Lo que Al Gore nos presenta como una “verdad incomoda” es realmente una mentira muy cómoda: hacer que los trabajadores, que los seres humanos, nos sintamos culpables del deterioro progresivo e imparable del medio ambiente cuando el único culpable es el modo de producción capitalista.

Pero debemos someter a crítica el concepto mismo de progreso bajo el capitalismo. El capitalismo fue un sistema progresivo –dentro de su carácter intrínsecamente caótico, explotador y depredador- durante el periodo histórico que termina con la primera guerra mundial. Sin embargo, a partir de esta bárbara matanza, el capitalismo se ha revelado claramente como un sistema reaccionario que, más allá de sus momentos puntuales de prosperidad y más allá del desarrollo parcial y contradictorio que logra de las fuerzas productivas, sus contradicciones se han ido haciendo cada vez más destructivas, brutales e insolubles.

La realidad medioambiental es ya realmente preocupante pero lo más inquietante es que el capitalismo no va a parar la destrucción del planeta. ¡Para que la humanidad pueda existir es necesario destruir el capitalismo!.

¿QUE CONSECUENCIAS TENDRÍA PARA EL FUTURO DE LA HUMANIDAD?

En su desarrollo histórico a través de los siglos, y la sucesión de diferentes modos de producción, la humanidad ha sido capaz de desarrollar las fuerzas productivas de forma que le ha permitido pasar de una dependencia total de las leyes y fuerzas ciegas de la naturaleza a una posición en que el hombre es capaz de transformar la propia naturaleza. Esa evolución le puede permitir, en una sociedad libre de la explotación y de la producción por el beneficio, satisfacer el conjunto de las necesidades de la humanidad: el comunismo.

Pero cuanto más tiempo siga existiendo el capitalismo mayor será la destrucción que opere en el planeta y más difíciles serán las condiciones para su regeneración en una sociedad comunista. De la mismo forma que el capitalismo con los desastres medioambientales ha conducido ya a muchas especies animales o vegetales a un punto de no retorno que les ha llevado a la extinción, puede conducir a la humanidad y al conjunto del planeta a una situación de no retorno. Tal perspectiva fue ya analizada por Engels cuando en 1890 formuló su famosa alternativa: ¡Socialismo o Barbarie!. En la misma línea, Rosa Luxemburgo analizando la catástrofe que significó la primera guerra mundial volvió a plantear el mismo dilema. La Tercera Internacional insistió en ello en su primer Congreso.

La única perspectiva que ofrece hoy, y desde hace ya bastante tiempo, el capitalismo es sumir a la humanidad en un estadio de barbarie que puede llevarle a la eliminación de las condiciones para una nueva sociedad. Eso es lo que está en juego hoy en día.

¿LA CLASE OBERA PUEDE HACER ALGO CONTRA ESA PERSPECTIVA?

Lo único que puede impedir esa perspectiva de destrucción de las bases materiales para la existencia de una nueva sociedad verdaderamente humana y que sea capaz de transformar la naturaleza para mejorarla en vez de destruirla, es que el proletariado acabe con el capitalismo.

El proletariado en su lucha revolucionaria puede y debe integrar la salvación y conservación del medio ambiente. Solo desde esa perspectiva se puede abordar seriamente la cuestión.

En cambio, el programa de los diferentes partidos de la burguesía y de sus ramas verdes o de “izquierdas” constituyen una pura mistificación.

Analicemos algunas de sus propuestas:

  • Comprometerse individualmente con la defensa del medio ambiente consumiendo menos agua, reciclando correctamente las basuras etc. Esto significa plantear el medio ambiente como un problema individual, como una cuestión moralizante de ser “buenos” y “cívicos”. Su único resultado es crearnos sentimientos de culpa, liberando de ella al verdadero responsable: el sistema capitalista.

  • Exigir a los gobiernos medidas de defensa del medio ambiente tales como el Protocolo de Kyoto etc. Estos planteamientos nos hacen confiar en los gobiernos, nos hacen creer que realmente están para “resolver los problemas humanos”, los blanquean de esta forma ocultando que son órganos de la clase capitalista.

  • Reclamar la intervención del Estado para imponer medidas “verdes” contra la voracidad y el egoísmo de los capitalistas. Estos planteamientos constituyen una forma de hacernos elegir entre las dos vías del capitalismo de Estado: la “liberal” que supuestamente estaría totalmente subordinada a los capitalistas individuales y la “socialista” que actuaría “en beneficio de la sociedad” y “metería en cintura a los capitalistas”. Con semejantes supercherías no solo no se soluciona ningún problema de medio ambiente sino que se contribuye al reforzamiento político del Estado Capitalista disfrazándolo como un órgano que estaría “por encima de las clases” y “al servicio de la comunidad”

¿LOS REVOLUCIONARIOS DEBEMOS REFLEXIONAR SOBRE LOS PROBLEMAS MEDIOAMBIENTALES?

Cada vez hay una mayor inquietud en muchos trabajadores, en jóvenes y no tan jóvenes, sobre el desastre al que esta sociedad conduce a la humanidad y al conjunto del planeta. Cada vez hay una mayor indignación por las tropelías que comete el capitalismo con bosques, ríos, mares, especies animales, vegetales... y con los propios hombres sometidos a condiciones de vida inhumanas en partes cada vez mayores del mundo.

El debate, las discusiones sobre todo ello nos puede permitir de un lado comprender cuales son sus verdaderas causas por encima de todas las mentiras culpabilizadoras que siembra la burguesía y sus acólitos; y de otro lado comprender cuales son las armas con las que cuenta el proletariado para hacer frente a esa perspectiva devastadora que encierra el capitalismo.

Por eso os animamos a llevar delante este debate.

CCI.

LA SITUACIÓN MEDIOAMBIENTAL grupo ANARRES Brasil

El desarrollo del capitalismo, y fundamentalmente de la sociedad de clases es innegablemente el desarrollo destructivo de la interacción entre sociedad y medioambiente. La dominación del hombre por el hombre es indisociable de la explotación predatoria del medioambiente. Con el desarrollo industrial del capitalismo, de sus capacidades productivas y de su división de la labor, la destrucción ambiental ha sido potencializada a limites que en otros tiempos serían considerados ficción o una “utopía negativa”. La previsión de científicos ingleses del “Centro Hadley” en 2007 de qué el período 2009-2015 puede ser el de mayor calientamiento de la historia dimensionan esta cuestión19.

Toda la sociedad burguesa es organizada contra el proletariado y por la destrucción del ambiente, considerado solamente como capital fijo o “recursos naturales”. La contaminación del aire, de el agua y de la tierra, sea por la industria o por la agricultura, sea por el urbanismo o por las experiencias militares son el futuro de “bienestar” que el capitalismo construyó.

Las relaciones que los hombres mantienen entre sí son las relaciones que mantienen con la naturaleza. El modo de organización material de la sociedad determina su “modo de vida” y luego, la dominación mundial del capital y la dictadura del valor, determinan la transfiguración del ambiente concomitante a la explotación del proletariado, guerras, pauperización.

Características notoriamente funestas se anuncian bajo este aspecto: la explotación de los proletarios en las ciudades (espacios del capital por excelencia) conjuntamente con la expulsión de trabajadores agrícolas y/o urbanos de áreas de valorización, por la especulación inmobiliaria, por el latifundismo, etc....resultan en el aprisionamiento de los proletarios en áreas cada día más insalubres (o inhabitables, amenazadas por las catástrofes “naturales” fabricadas por el sistema) y en la consecuente destrucción de otros ecosistemas para fines de “habitación” – y en eso, la industria de “vivendas para los pobres” tiene destaque- la destrucción de la biodiversidad, la pérdida de plantaciones a dificultar la producción de alimentos (aquí el elemento especulación no debe ser olvidado) y a crear más dificultades económicas para la burguesía – un elemento potenciador de colapsos financieros20 – configuran algunos de los aspectos sociales de la destrucción medioambiental.

La burguesía intenta, como las bancas que compran las deudas y las operaciones “subprime” tener mayores ganancias con el propio colapso ambiental: las políticas de “desarrollo sostenible”, del “capitalismo verde”, de reflorestamiento, el comercio de “créditos de carbono” constituyen ejemplos “estatales” y “económicos” para la burguesía seguir con lo mismo: explotación del proletariado y destrucción del medio ambiente. Y la propaganda dos media entonces ha divulgado dos versiones: la de que nadie es culpable por la catástrofe medioambiental, de modo que la cuestión no sea planteada en términos sociales; o que los culpables son todos nosotros, en cuanto que el consumo y desperdicio en el mundo son en grande parte de la burguesía y de sus industrias, haciendas y empresas…de la propia maquinaria capitalista.

En otro aspecto, sectores de la burguesía defienden la visión del problema apartada del contexto socio-histórico en la qué emergió (los partidos verdes, ecologistas, etc.), configurando el tema como una cuestión de lucha “específica”. La izquierda del capital (y su “extrema izquierda”) plantean la cuestión como siendo solucionada por la estatización, un keynesianismo ambiental que limitaría los “excesos” capitalistas en medioambiente, el “control de población” – en eso “izquierdistas” y derecha están de acuerdo…

Para nosotros, la revolución comunista es quiebra de paradigma, destrucción y ruptura radical con lo que actualmente existe. Si instituciones capitalistas no son recuperables y la comunidad universal (el comunismo) es el opuesto de la ideología burguesa y de la propia reproducción “proletaria” de microrelaciones sociales burguesas, la visión racionalista, antropocentrista, ubicada en la razón comercial y en el hombre burgués que ha llegado al especismo y la destrucción ambiental es radicalmente opuesta al comunismo (y aquí es necesaria la crítica – práctico- teórica – de los dogmas sagrados de la sociedad burguesa: trabajo, democracia, estado, la civilización, el progreso, la idea de ciencia como progreso en pro de todos…).No se trata de proponer el regreso al comunismo primitivo (otra utopía burguesa), pero de la destrucción revolucionária por la dictadura del proletariado de los medios de producción, de la división del trabajo, de modo capitalista de vivir, de todo lo que contribuya con la explotación del hombre por el hombre y con la explotación del medioambiente21. El único parámetro de la sociedad comunista son las necesidades humanas y ambientales y eso implica repensar diversas cuestiones propuestas como dogmas por la izquierda del capital con su culto burgués del progreso. Lejano de cualquier socialismo utópico, es una cuestión de sobrevivencia.

Grupo Anarres (Brasil), Marzo del 2009.

 

1 Este tema no se pudo abordar durante el Encuentro por falta de tiempo

2 Ver en la Web del Foro del Encuentro Internacionalista: http://encuentro.internationalist-forum.org/principal

3 “Contrat première embauche” (Contrato de primer empleo); el gobierno quería imponer por ley este contrato en precario para los jóvenes que accedían a su primer trabajo. La lucha masiva consiguió echar atrás momentáneamente este ataque. Ver Tesis sobre el movimiento de estudiantes en Francia en Revista Internacional nº 125 http://es.internationalism.org/rint/2006/125_tesis

4 Ver en Acción Proletaria nº 189 Huelga del metal de Vigo: los métodos proletarios de lucha, http://es.internationalism.org/ccionline/2006/vigo.htm

5 Ver artículo en Acción Proletaria nº 199: Francia: gobierno y sindicatos unidos contra la clase obrera, http://es.internationalism.org/ap/2008/199_francia

 

6 Ver en CCI ON LINE El Estado burgués de Chávez arremete contra los trabajadores del hierro http://es.internationalism.org/node/2230

7 Ver en Acción Proletaria nº 195 Huelga minera en Perú http://es.internationalism.org/ap/2007/195_Peru , CCI ON LINE Luchas proletarias en Perú (http://es.internationalism.org/ccionline/2007/peru.htm ), Acercamiento a las luchas sociales en Perú (http://es.internationalism.org/ccionline/2007/peru_luchas.htm )

8 Ver en CCI ON LINE Debate a propósito de la huelga de los trabajadores de Türk Telecom, http://es.internationalism.org/ccionline/2008_turktelecom

http://es.internationalism.org/rint134-mayo |outline"> 9 Ver en Revista Internacional nº 134 Mayo del 68 y la perspectiva revolucionaria (2a parte) - Fin de la contrarrevolución, reanudación histórica del proletariado. http://es.internationalism.org/rint134-mayo

10 Otra razón, y bien importante, es el peso del apoliticismo en el seno de la clase obrera y la dificultad para reconocer a sus organizaciones revolucionarias

11 O al menos de participar vía Internet

12 Este não é um lugar adequado para a discussão de um tema tão complexo como a derrota do socialismo na URSS. Esta discussão, da maior importância e atualidade, sempre reposta e na verdade não concluída, poderemos retomá-la em outra oportunidade

13 Por una cuestión de espacio no fueran incluidas las características de esa pérdida de ilusiones: las dictaduras de “seguridad nacional” en África, América y Ásia, las intervenciones de la URSS en Europa del Este, etc. Y igualmente la proliferación de nuevas ilusiones con la derrota de las luchas de 1968-74: alistamiento generalizado de los proletarios en proyectos burgueses guerrilleros, “antiimperialistas” o democráticos (nota de abril de 2009).

14 Es necesario añadir que en ese mismo período (en el lapso de una década y media) la burguesía mundial ha convertido o fragmentado sus diversas unidades estatales, con el emerger de “nuevos países”. Un fenómeno semejante existió tras la II Guerra (nota de abril de 2009).

15 Lo que igualmente incluye el fenômeno del “socialismo del siglo XXI” en Latinoamérica, la ascensión de los Lula, Fernando Lugo e Bachelet y en otras regiones el islamismo militante (no solo de la Al Qaeda) y hasta la reanudación del nacionalismo/racismo explícito (Le Pen, Sharon, Haider) o mascarado (Putin, Berlusconi, Sarkozy, Aznar...).(Nota de abril de 2009).

16 Básicamente son dos formas: la forma “liberal” donde el control del Estado se realiza mediante mecanismos indirectos (fiscalidad, regulaciones del mercado etc.) y la forma de la estatización más o menos completa de toda la economía (los regímenes estalinistas). Entre ambas formas hay una multiplicidad de formas intermedias.

17 De un modo general, conquistas del propio capital contra el proletariado (nota del abril de 2009).

18 Podemos consultar dos documentos de referencia: Crisis ecológica: ¿amenaza o mito? Ver http://es.internationalism.org/node/2184 y especialmente El mundo en vísperas de una catástrofe medioambiental Ver http://es.internationalism.org/rint135medioambiente

19 La pesquisa fue divulgada em la revista “Science” (www.sciencemag.org). En pesquisa noticiada em 30 del diciembre de 2008, científicos también ingleses del “Met Office” (agéncia meteorológica) alertaron que 2009 puede ser el año más caliente desde 1850. La Organización Meteorológica Mundial (de la ONU) informó en el inicio del año que 2008 fue el año más caliente en 150 años, 1997-2008 el período más caliente de la história y que desde 1990 las temperaturas se han elevado exponencialmente (Nota de abril).

20 Cuando de las “revueltas de la hambre”, los media burgueses discretamente divulgaban: “Seca en la Australia amenaza producción de alimentos” (http://www.ecodebate.com.br/2008/09/04/seca-na-australia-ameaca-a-producao-de-alimentos/). Veer también (http://www.ecodebate.com.br/2008/02/02/aquecimento-vai-piorar-fome-ate-2030-equipe-da-universidade-stanford-identificou-12-regioes-mais-afetadas/ ).(Nota de abril)

21 La producción, el modo de organización social, el modo de vida en una sociedad comunista son radicalmente opuestos y contradictorios a la sociedad de clases. Cuando se habla en destrucción de los medios de producción, hablamos en una necesidad histórica de la clase que tiene y tendrá la necesidad de condicionar y subordinar el modo de organización de la vida material y social a las necesidades humanas y a las necesidades de equilibrio ambiental del planeta. El comunismo no es solamente la comunidad humana, pero la comunidad universal donde la comunidad humana es reintegrada harmonicamente en el entorno ambiental. De este modo, lo que oponga estas necesidades, el comunismo suprimirá. Y aqui hablamos en “naturaleza” como “ambiente”, pero sin olvidar que el medioambiente es indissociable (Nota de abril).